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California comercia con euforia el cannabis legal

Largas colas en los dispensarios al estrenarse la venta con fin recreativo. Próximos vacacionistas buscan asegurar la compra.

03 ene 2018 / 00:00

“Estamos muy excitados, y un poco nerviosos también. Hay tres veces más gente de lo normal”, explica Nicole Salisbury, de 35 años, propietaria de la tienda de marihuana Green Pearl Organics en Desert Hot Springs.

Se trata del primer día de venta y de consumo legal de la marihuana recreativa en California, el estado más poblado del país que, tras ser pionero de la hierba medicinal desde 1996, se ha convertido de facto en el mayor mercado mundial legal de la pequeña hoja estrellada.

Desde hace varias semanas, el teléfono de Nicole no deja de sonar. Ciudadanos de otros estados llaman para decir: “Voy a ir de vacaciones a la región, ¿vendéis marihuana recreativa?”, relata esta treintañera que viste una falda de leopardo.

Ocho estados estadounidenses, entre ellos Colorado, el estado de Washington y la capital, han legalizado ya la droga blanda, que sigue siendo ilegal a nivel federal.

El lunes, en todas las partes del ‘Estado de Oro’ los amantes de la marihuana hacían cola en los dispensarios abiertos y habilitados para vender esta droga con fines recreativos.

En Green Pearl Organics, el equipo está en pie desde las 08:00 informando a los clientes sobre los diferentes productos (concentrados, pasteles de hierba, flores de cannabis calmantes, flores de cannabis euforizantes...). Los stocks de comestibles comienzan a escasear.

Ahora para comprar cannabis solo hay que tener más de 21 años y mostrar un permiso de conducir o un carnet de identidad, aunque sea de un estado donde esté prohibido, y los clientes parten con una bolsa blanca sellada.

En la sala de espera de Green Pearl Organics, se codean hombres y mujeres de todas las edades, muchos de ellos ciudadanos de esta región del desierto californiano, situada a dos horas de Los Ángeles.

“Es genial no tener que consultar a un médico”, se alegra Andrew Jennings, un texano de 32 años, que explica que en su estado de origen “no existe ni un solo sitio para comprar cannabis legalmente, con o sin permiso medicinal”.

“Mucha gente cree que consumir marihuana es quedarse en un sillón viendo la tele, pero según la variedad y la intensidad que uno toma, puede aumentar la concentración”, afirma este barbudo sonriente.

Christina, una terapeuta de 50 años, ha venido para probar los aceites de cannabis, esperando a que le ayuden a mejorar su equilibrio hormonal y a calmar su ansiedad. “No quiero convertirme en una porrera”, acota.

Para Nicole, que abrió su tienda hace dos años, la legalización llega junto a una victoria personal: “Por fin no me da vergüenza decir qué es lo que hago en la vida. Antes, decirlo era como si fuera una prostituta”.

A LA CARTA