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| Jonathan Miranda / EXPRESO |
| Gritos de libertad. Este interno enfermo, con varios años en la cárcel sin sentencia, pedía a gritos su libertad el día en que se realizó un conteo general en la Penitenciaría del Litoral. |
La vida entre las rejas de la Penitenciaría
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Basta cruzar las puertas de la Penitenciaría del Litoral para darse cuenta de que aquello, más que una cárcel, parece un pueblo enjaulado donde se aplica la ley del más fuerte.
A los reos se los puede ver subidos en los techos, huyendo de sus compañeros o de los guías que no se atreven a ingresar solos a las celdas durante el día, peor en la noche, porque cualquier cosa les puede pasar.
Mientras por fuera la Policía vigila el perímetro, por donde los presos más débiles luchan por la supervivencia, en un mundo donde confluyen los asaltantes de bancos y asesinos a sangre fría, con personas acusadas de robar una gallina.
Allí dentro nadie responde por las pertenencias. Cuando alguien lava su ropa, tiene que sentarse a cuidarla en el patio porque de lo contrario la pierde.
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