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El hombre observa detenidamente aquel cuerpo delgado, de largas y fuertes tenazas que se agita en una de sus manos de dedos robustos.
Una leve sonrisa se dibuja en su rostro de piel cobriza. Parece complacencia. Podría ser orgullo. O ambas cosas.
Es el producto de su trabajo diario, el medio con el que sustenta su vida y la de los suyos. Luego lo venderá en el mercado Caraguay.
Pero esa es la parte final de su relación permanente con el medio. Álex Lima, el periodista gráfico, estuvo ahí para ese momento supremo.
El sitio, uno de los interminables mundos que subyacen en los diversos ramales del estero Salado de Guayaquil.
¿El personaje? Juan, Manuel, José... no importa, cada cual sustenta la vida en ese paisaje. La muestra gráfica retrata aquel escenario, recoge sus colores, sus formas diversas y hasta sus emociones.
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