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| rafael valdiviezo / EXPRESO |
Clamor. Los moradores de San Eduardo piden tomar medidas antes que el problema se agudice. |
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Deslaves
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Con piedras y sacos de yute, llenos de tierra y arena, Marilú Montoya, una humilde mujer que habita en San Eduardo, intenta sostener parte de su vivienda levantada junto a una quebrada.
Esta es una medida de prevención radical, pero para Marilú no es nada nuevo. Lo hace desde hace más de diez años, fecha en la que construyó su casa sobre un espacio rellenado con lodo y basura.
La activa mujer, quien sostiene a dos de sus diez hijos, ya no teme a los desastres que se registran con la caída de las fuertes lluvias, pese a que dos de los pilares de su casa ya están junto al abismo, por el que bajan piedras, lodo y agua.
Durante 24 años consecutivos, trabajó en el antiguo botadero de basura que operaba en el sector. “Yo chambeaba”, comenta la mujer, quien desde aquel entonces se quedó en el apartado sitio.
La mayor de sus hijas en la actualidad tiene 30 años y habita también, al igual que el resto de la familia, en el mismo sector; mientras que sus últimos vástagos -de 7 y 9 años- viven con ella, y subsisten con los ingresos que le genera el lavado de ropa ajena.
En la parte baja del cerro, Carlos Barzola, otro de los moradores, construyó un muro de piedra y cemento para evitar que la lluvia arrase con su vivienda en la que habita junto a su esposa desde hace 12 años.
A pesar de sentirse más protegido, Barzola reconoce la crítica situación del sector.
Trae a su memoria lo que pasaba años atrás, cuando el agua les llegaba más arriba de las rodillas. En esos días debían caminar hasta la avenida del Bombero para utilizar el transporte público.
Así como Montoya, la familia Olvera Montiel vive con temor ante la posibilidad de un nuevo desastre; sobre todo ahora en que Flora, esposa de Francisco Olvera, de 80 años, debe ser operada de una lesión en la columna vertebral.
Para salir al hospital en donde le practicaron unos exámenes, tuvo que caminar por el lodo, por más de diez minutos, con la ayuda de un bastón.
Guadalupe Ruiz, otra de las habitantes del sector de San Eduardo, se queja, en cambio, por la proliferación de mosquitos.
En una casa cercana, María -la esposa de un albañil- afirma que los problemas comenzaron con las primeras lluvias.
Debido a las inundaciones se vio obligada a abandonar la planta baja de su casa, ya que el agua la anega en su totalidad.
Es por eso que Vicente Figueroa, su marido, trasladó sus enseres a la planta alta y procedió además a abastecerse de alimentos ya que cuando la inundación llega su familia no puede salir de la casa.
Fue precisamente en el sector en el que habita Figueroa que en marzo del año pasado cayeron cinco viviendas a causa de la lluvia y la fragilidad del cerro. Una de ellas fue la de Alexandra Holguín, en donde se cayeron tres de sus paredes.
La peor parte la llevó la familia Guerrero Cárdenas, cuya vivienda se levantaba junto a la de Holguín. La casa se desplomó en su totalidad, y sus ocupantes, tres niños y dos adultos, debieron correr para salvar sus vidas.
En el sitio, no se volvió a levantar ninguna vivienda. Al momento, solo se evidencia un enorme abismo.
Hasta la presente fecha en San Eduardo ya se registraron dos deslaves, con la consiguiente pérdida de viviendas.
El primero afectó la casa de Flormina Domoguaranda, la madrugada del viernes anterior; en tanto que la endeble vivienda de Narcisa Bejarano se precipitó la mañana del lunes.
En el sector de San Eduardo, la única calle en excelentes condiciones es la principal, la que fue construida como obra complementaria a la construcción de los túneles.
Esto, mientras que las vías alternas son de tierra y la mayoría poseen grandes grietas por donde rueda el lodo, el agua e incluso las piedras.
Esta situación genera preocupación e incertidumbre entre sus habitantes, quienes piden que se tomen acciones preventivas emergentes para evitar nuevos desastres que lamentar.
Temen los moradores que con la llegada de lluvias más fuertes, el lodo y el agua vuelvan a anegar y arrasar todos sus bienes, especialmente los de las viviendas levantadas en la parte alta de la zona.
Por ello claman una ayuda urgente. (HRB)
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