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Hosterías ecológicas: Una opción en la vía
El Faro, Acuario y el Centro Samai, ubicados en la Ruta del Sol, son parte de la oferta para los turistas
Redacción Guayaquil

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Christian Vásconez / Expreso

Cabañas. Construidas con caña, ofrecen confort a los turistas amantes de la ecología.

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Los rayos del sol se filtran lentamente entre el follaje de los frondosos algarrobos, palmeras, samanes y cedros, en donde dos parejas de monos y una de papagayos juguetean alegres en varias de las ramas.

El paradisiaco lugar, en el que habitan además perros de raza pura, tortugas, gallos finos y faisanes, contrasta con la brisa del mar y el reventar de las olas que baña la playa de La Milina, barrio costero ubicado cerca de la hostería Las Conchas, en Salinas.

En el sitio, un faro de diez metros de alto se levanta imponente en medio de la vegetación. En su interior, una pequeña oficina, un cuarto en el que se instalarán máquinas para internet; y en la parte alta, un mirador desde donde se divisa gran parte del balneario.

A pocos metros, una edificación de cemento ofrece confortables habitaciones decoradas con muyuyo.
Entre las dos edificaciones, un sendero de piedras se abre con dirección al mar, en donde una pequeña construcción similar a la proa de un antiguo barco espera por los turistas.

Todo eso y mucho más se encuentra en El Faro, una hostería ecológica abierta al inicio de la Ruta del Sol, conocida también como la Ruta del Spondylus.

Para administrar el local, Gabriel Faidutti Navarrete, un guayaquileño enamorado de la naturaleza, se alejó de su actividad profesional para refugiarse en el sitio que lo heredará Fiorella, su hija.

Recostado sobre una hamaca sujeta entre los troncos de los viejos árboles, Faidutti disfruta del ambiente mientras espera a los Game, sus vecinos, con quien comparte su “pequeño pedazo de la amazonía en pleno balneario costeño”.

A su llegada, José Antonio Game, también guayaquileño y radicado en dicho lugar, sonríe complacido al observar el panorama; mientras que Sandra, su esposa, busca un sitio propicio para ser fotografiada. Igual actitud asumen María Cristina, María Gracia y María Andrea, sus tres hijas, quienes esperan el momento adecuado para zambullirse en las olas.

Desde ese sitio, en donde se inicia la Ruta del Sol, existen 13 kilómetros para llegar a Ballenita y 23 para Punta Blanca, los primeros puntos obligados a transitar por los turistas.

En el trayecto, por donde el viento sopla mientras las olas revientan junto a la vía, se levantan hoteles, hostales, cabañas y restaurantes, con piscina, jacuzzi; o simplemente, con habitaciones limpias, listas para el descanso.

Son 79 en total las registradas en la provincia de Santa Elena. A estas se suman, las casas de los nativos que también brindan hospedaje.

Sesenta y siete kilómetros más adelante, luego de pasar por las comunas dedicadas a la pesca y al turismo, se llega a Montañita, sitio en donde la adrenalina sube con las prácticas del surf.

En el sitio, Carolina Guale y Ricardo Balón, encargados de la hostería Acuario, no se dan abasto para atender a sus huéspedes, quienes buscan descanso y diversión. En la mirada de Antonio, un ruso que llegó al sector hace treinta días, se evidenciaba la emoción. Tenía previsto vacacionar por una semana y pasó ya un mes.

Nueve kilómetros más adelante un pequeño letrero anuncia la cercanía del Centro Samai, en la parte alta de San José, en las estribaciones de la cordillera Chongón-Colonche.

Tannia Tuttle, periodista cuencana casada con un ecologista norteamericano, es la propietaria del turístico sitio en donde existe espacio para la relajación espiritual.

En el lugar la vegetación y el mar constituyen el marco propicio para las curaciones shamánicas que las practica “el gringo”, como lo conocen a Edd Tuttle, quien promueve además una arquitectura responsable que no afecte al medio ambiente.

En el lugar, no existe televisión. Las viviendas son de caña y están ubicadas al nivel de las copas de los árboles, al igual que la piscina y el jacuzzi, sitio de donde se observa además el extenso mar, a donde se llega en diez minutos a través de un pequeño sendero abierto entre la espesa vegetación.

A esto se suma, la alimentación macrobiótica que se ofrece en el centro, la que se prepara con legumbres, tubérculos y frutas cultivadas en la finca de los Tuttle. (HRB)

>> Voces

Tannia Tuttle,
Centro Samai

“Nosotros somos amantes de la naturaleza y como tales intentamos protegerla con la preservación del medio ambiente; de ahí que nuestras edificaciones son de caña y sus techos hechos con hojas de palma. A esto se suma, además, que la comida que preparamos es de tipo macrobiótica, hecha con verduras, tubérculos y frutas que se cultivan en estos terrenos; es por eso que vivir en este sitio ha sido una bendición de Dios”.

>> DATOS

el costo varía según el servicio
En la hostería El Faro, ubicada en el barrio La Milina, cerca de las Conchas, en Salinas, hospedarse por una noche tiene un costo de 50 dólares por persona, incluido el desayuno; en tanto que en el Centro Samai, abierto en la comuna de San José, se deberá pagar de 22 a 37 dólares por persona, también con desayuno.

Vacaciones sanas
Con mar y montaña. Eso es lo que promueve el Centro Samai, de propiedad de la familia Tuttle, pareja formada por un norteamericano y una cuencana que por muchos años vivieron en la Amazonía, sitio en el que aprendieron el arte shamánico; así como la lectura de cartas y los tratamientos con vegetales.

Cocina a disposición
En la hostería Acuario, ubicada en Montañita, la pequeña cocina ubicada junto al bar está a disposición de los turistas. Solo basta con solicitarla con su debida anticipación; aunque sus encargados aseguran que son pocos los huéspedes que optan por dicha alternativa.



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