miércoles, 20 septiembre 2017
18:38
h. Última Actualización

Sergio Papier: “El trasplante les da esperanza a las pacientes con cáncer”

Ginecólogo argentino y presidente de la Asociación Latinoamericana de Medicina Reproductiva.

12 ago 2017 / 00:00

Tras 10 años de estudio, Mats Brännström, profesor de Ginecología de la Universidad de Gotemburgo (Suecia), logró que siete niños lleguen al mundo a través de trasplantes de útero. Papier, quien quedó conmocionado con la técnica, que pese a dar sus primeros frutos en el 2014 aún está en proceso de observación, replicó la operación en un animal, bajo la guía de este científico. Hoy, cuando participa en el XXII Congreso Internacional de Ginecología que se está llevando a cabo en Guayaquil, habla con Diario EXPRESO de los riesgos y las controversias que surgen en torno a esta intervención en la que se implanta el órgano de forma temporal.

- Está claro que aquellas mujeres que nacieron sin útero podrían beneficiarse con la cirugía. ¿Pero qué pasa con aquellas a las que se les extrajo el órgano por padecer cáncer? ¿Podrían someterse a la intervención?

- Por supuesto. De hecho, entre los niños registrados hubo madres que tuvieron cáncer. El trasplante les da esperanza, demostró eficacia, evidenció que ellas (en general, las mujeres) tienen una opción más al vientre de alquiler, que no en todos los países es regulado o es aceptado. El trasplante logra que sean madres de forma natural.

- Entre las donantes hubo quienes no fueron parientes...

- Así fue. En este tipo de trasplante, las donantes (siempre que sean compatibles) pueden ser amigas, abuelas, personas sanas con salud física, emocional, a las que el útero les funciona.

- ¿Y hay algún límite de edad?

- No necesariamente. Estas pueden tener entre 30 y 60 años. El útero se mantiene receptivo más allá de la edad. De hecho, entre los casos, cinco donantes tenían más de 50. Su útero albergó a su hija y nieto/a. Fue impresionante.

Para incrementar las posibilidades de quedar embarazadas, las pacientes (previo al trasplante y dado que sus ovarios están en perfecto estado) se someten a un tratamiento de fecundación in vitro en el que congelan al menos 10 embriones, que un año después del trasplante serán colocados en el útero para dar cabida a la maternidad.

- Para evitar que la mujer tome de forma permanente inmunosupresores (medicamentos que evitan el rechazo del órgano), el trasplante es temporal. Pero cuando se decide quitarlo, ¿qué efectos trae la medicación?

- Ninguno. Los inmunosupresores, que los toman ya quienes han recibido otro tipo de trasplantes, son seguros. Sin embargo, en esta operación se puede evitar su uso, por eso se los limita hasta que la madre tenga uno o dos niños. Luego se retira el órgano y la paciente lleva una vida normal.

- En el campo médico no a todos les convence que las donantes sean vivas y no cadavéricas...

- Sí y quizás esa sea la razón por la que el proyecto, pese a los buenos resultados, aún es experimental. Usar donante cadavérico reduciría la cirugía de extracción del órgano de 10 horas (como es ahora) a 30 minutos. Pero el tema es bastante complejo porque con esta opción sería más difícil encontrar donantes aptas: de las que se tenga constancia, por ejemplo, que en vida no tuvieron problemas de útero. A la fecha Brännström está estudiando, creando nuevas técnicas para hacer viable esa posibilidad.

- Con el trasplante (a una oveja) realizado en Argentina quedó comprobado que a futuro ustedes podrían llevar a cabo la técnica. ¿Pero qué sucede con el resto de regiones? ¿Qué pasa con Ecuador?

- Para analizar la situación de este país y el resto hay que tomar en cuenta varios factores. En Argentina, por ejemplo, solo en Buenos Aires, que cuenta con una clínica especializada, se puede realizar el proceso. Las demás naciones todavía están en veremos. Y es que para lograrlo un país debe tener hospitales donde se conjugue todo: buen servicio y unidad de trasplantes, buenos ginecólogos y cirujanos que manejen a la perfección el tema del peritoneo y, sobre todo, leyes que faciliten el acceso. Y eso es justamente lo que más les falta.

- ¿En Guayaquil? ¿En Ecuador?

- En casi toda la región. Como parte de sus derechos, la población infértil debería tener acceso a estos tratamientos que pueden llegar a ser extremadamente costosos. Y debe extenderse no solo a las mujeres, sino a todas las personas con derecho reproductivo: madres solteras, parejas del mismo sexo. Es una cuestión de igualdad. Un tema que está en manos de los Estados y del que todavía queda mucho por hacer.

A LA CARTA