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La inseguridad también se muda a las urbanizaciones

Ciento cuatro delitos se han registrado en lo que va del año en la vía a la costa y La Puntilla. El exceso de confianza, dicen las autoridades, aumenta la vulnerabilidad.

13 ago 2017 / 00:00

No hay barreras que la delincuencia no logre cruzar. Eran cerca de las 02:00 del pasado 3 de agosto cuando un sujeto escaló una de las paredes laterales de la urbanización Rinconada del Lago, en la parroquia urbana satélite La Puntilla, de Samborondón, e ingresó a una de las viviendas.

Según información de la Policía, el hombre aprovechó que del lado derecho de la ciudadela hay un lote baldío y sin vigilancia. En dos minutos subió.

Luego de sustraerse una computadora portátil, zapatos y otros equipos electrónicos decidió escapar de la misma forma en la que llegó, pero esta vez hacia el otro lado.

La familia afectada se percató de su salida y llamó a la Policía. En un operativo de emergencia realizado en el sector, los agentes hallaron al sospechoso, de 35 años, con las evidencias y dentro del conjunto habitacional vecino.

Marcos Sisa, jefe policial del subcircuito La Puntilla, precisó que el hombre sería el autor de otros robos similares.

Este caso es uno de los últimos robos a domicilio que se han reportado en la zona. De enero a julio de este año se registraron 16 casos más.

Héctor Atiaga, gerente de una empresa de seguridad por más de 25 años, afirma que si bien es cierto que la mayoría de personas suelen cambiarse a urbanizaciones cerradas para ‘escapar de la inseguridad’ que sienten en otros sectores de Guayaquil, el exceso de confianza les termina jugando una mala pasada.

Señala varios factores que influyen para que la delincuencia ingrese fácilmente. Primero: el personal de seguridad no está bien capacitado. A veces, por los bajos costos contratan a conserjes que no saben cómo reaccionar ante un delito.

Segundo: los habitantes de las urbanizaciones tienen falsas ideas de seguridad. Es decir, por creer que ninguna persona podrá pasar las barreras que están en el exterior dejan sus puertas sin seguro o bienes de valor en los patios.

Con el experto coincide el mayor Óscar Orellana, jefe operativo del distrito Samborondón. “El índice delictivo es pequeño a comparación de otros lugares de la zona 8, pero nada es infalible. El año pasado tuvimos 29 casos de robos a viviendas en el mismo período y en la mayoría de los eventos hemos notado que los moradores no toman las medidas suficientes”, explica el oficial.

Lo mismo sucede en las 28 urbanizaciones privadas que están ubicadas en la vía a la costa. Aunque, a decir del mayor Mauricio Gallardo, subjefe del distrito Ceibos, el número de delitos es menor que el de La Puntilla, sí se han percatado que los delincuentes ingresan a las viviendas por ‘puntos flacos’ o sitios descuidados y apartados de los conjuntos.

“Tenemos buenas relaciones con los administradores de las ciudadelas, pero el exceso de confianza es tal que casi siempre la información de que las casas quedan solas sale de adentro. De empleados o exempleados”, menciona.

Y es que el historial de las modalidades de los asaltos a urbanizaciones en la vía a Samborondón o vía a la costa no solo se centra en el ingreso de personas que deciden escalar paredes, también hay casos en los que entran por huecos laterales, túneles, por el río o con complicidad de algún otro supuesto morador.

“Hace algunos años, cuando había menos población y más lotes vacíos, descubrimos que las bandas delictivas cavaban un túnel en el terreno aledaño que salía al patio de alguna vivienda de la urbanización. Por ahí ingresaban y también sacaban las cosas que se sustraían”, recuerda el mayor Orellana.

Incluso, menciona, también han tenido casos donde los miembros de una organización rentan casas por algunos meses, estudian a sus vecinos y ya cuando tienen que irse se llevan las pertenencias de los otros moradores.

“Pocos de los habitantes solicitan el encargo a domicilio cuando se van de viaje y eso no nos permite conocer qué viviendas están vulnerables durante los feriados o fines de semana”, acota Gallardo.

A Viviana Zamora, residente de Valle Alto, en la vía a la costa, le sucedió algo similar. Hace unos tres años llegó un nuevo vecino a la etapa en la que actualmente reside. El hombre, dice, era empresario. O al menos lo aparentaba. Estuvo en la urbanización durante seis meses y el día en el que se mudó, a Viviana se le llevaron el televisor, la refrigeradora, una computadora y unos papeles importantes.

Ella y los guardias de seguridad llegaron a la conclusión de que pudo ser el vecino, pues durante ese día nadie ajeno a las propiedades ingresó por la garita.

Los tres expertos enfatizan en que, para evitar futuros delitos, las ciudadelas deberían tener mayor control interno, poner cerco eléctrico en el perímetro, barreras con sensores sobre los muros laterales y disponer mayor atención y seguridad en la parte trasera de la urbanización.

En las ciudadelas de La Puntilla el principal inconveniente se genera del lado del río, por donde, según la Policía Nacional, el control de los propietarios es mínimo.

Algunos conjuntos cerrados toman medidas extras por precaución

Atiaga opina que, según los estudios de riesgo que él ha realizado, no hay ninguna diferencia entre vivir en una urbanización cerrada y tener una casa en una ciudadela del norte de Guayaquil.

“En ambas ocasiones es necesario que los dueños no olviden los tres círculos de seguridad: el perímetro de la ciudadela, el cerramiento de la casa y seguridades internas como la implementación de un sistema de videovigilancia que sea monitoreado por la empresa de seguridad. Sin esas tres consignas la vivienda es vulnerable”, precisa.

Bajo el mismo concepto, los moradores de una de las etapas de Terranostra se unieron para colocar 15 cámaras en toda la ciudadela que tiene alrededor de 30 viviendas.

Jimmy Balcázar, vicepresidente de la etapa y residente, menciona que el sistema de videovigilancia les permite tener mayor tranquilidad al momento de salir de las viviendas. “Tenemos guardias y cerco, pero uno nunca sabe qué es lo que puede pasar. Siempre es mejor prevenir que lamentar”.

Balcázar también menciona que, a diferencia de un circuito normal de vigilancia, el sistema que ellos manejan se guarda automáticamente en un disco que está resguardado en una caja fuerte.

Al igual que Terranostra, urbanizaciones como Bosques de la Costa, Pórtico del Río, Ciudad Celeste, Isla Sol, entre otras, también cuentan con medidas internas de seguridad. “No tenemos rejas, pero sí estamos vigilados”, dice uno de los habitantes de Castelago.

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