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Bocados desde lo alto

La gastronomía se sazona a niveles de altura en Guayaquil. Desde restaurantes en un cuarto piso hasta clubes a 100 metros. Son opciones del sabor urbano.

16 sep 2017 / 00:01

No se trata de que a 100 metros por sobre los techos de la mayoría de las casas de Guayaquil, las especies intensifiquen sus aromas o que la carne se cocine más rápido. Varios restaurantes de lujo han encontrado el lugar perfecto para ofrecer sus recetas más exclusivas acompañadas con increíbles vistas panorámicas para sus clientes.

Puede que la sazón no varíe allá arriba, sin embargo, el panorama de la ciudad que se observa desde estas atalayas urbanas resulta un ingrediente más por el que nadie tendrá que pagar un consumo extra.

Algunos, además de la distancia que toman del nivel medio de la superficie, son lugares exclusivos. Ese es el caso de Sky Bar, abierto en la terraza del edificio más alto de la ciudad, el The Point; o como el Bankers Club, en la parte más alta del edificio La Previsora, al pie del bulevar 9 de octubre.

En ambos, el ingreso se da por membresía. Sky Bar, “no solo es el lugar más alto, sin duda es el lugar con mejor vista de Guayaquil”, asegura Alexandra Zumba, su administradora.

Este sitio, donde laboran trece personas, está en el piso 35, a 137 metros de altura, y ofrece un menú de piqueos.

En el caso del Phoenix Club, su ubicación, el cuarto piso de un edificio de las calles Pichincha y Elizalde, no es su mayor carta de presentación, sino su ‘pedigree’ histórico: lo fundó un grupo de ingleses hace más de 60 años (febrero de 1946), cuando esta ciudad estaba poblada apenas por 500.000 personas y a la colonia de europeos residentes en Guayaquil podía contársela con los dedos de la mano.

Fue precisamente ese grupo de extranjeros los que lo fundaron. “Es un sitio en el que solo los miembros del club o sus conocidos, puede acceder”, dijo hace poco su administrador.

Para ingresar a estas instalaciones, se debe cumplir con un ritual: tocar el timbre, esperar que unos ojos anónimos lo atisben de arriba a abajo desde el otro lado de una rejilla y ser identificado como uno más de los miembros del club o amigo de uno de ellos.

Bocados desde lo alto
El panorama que se observa desde el Bankers Club, en La Previsora, es de 380 grados desde el centro de la ciudad.

En el caso del restaurante Don Suco, que funciona en el séptimo piso de un edificio en el casco comercial de la ciudad (Luque y Pedro Carbo), las cosas no son nada complicadas, basta con pulsar el timbre y explicar que busca servirse un plato de la especialidad de la casa: los secos de cordero y de cerdo.

Es cierto que, antes de ingresar, debe pasar por el censor de su propietario, Raúl Suconota, quien fundó este restaurante allá por la década del 70, en el sector de P. Icaza y García Avilés, donde atendía a 250 personas. Suconota asegura que mientras algunos locales buscan la altura como un valor paisajístico agregado, otros los hacen por seguridad.

“No cualquiera puede entrar. Aunque estamos acá arriba, yo cuido la seguridad de mi clientela. Actualmente hay mucha inseguridad para los locales que atienden a pie de calle”, recalca Suconota, quien es publicista, promotor turístico y periodista.

En todo caso, de cualquier manera, estos lugares ofrecen una experiencia que no supera a un viaje en avión, pero en algunos casos, se acerca a ello.

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