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La sobreoferta colapsa La Puntilla

Once centros comerciales se asientan a lo largo de la avenida Samborondón y hay cuatro en construcción. Un exceso que, según expertos, afecta a la movilidad.

17 sep 2017 / 00:01

Tatiana Sarmiento lleva diez años viviendo en la vía Samborondón. La exclusividad del sector y el hecho de tenerlo todo cerca fue la razón principal por la que decidió ‘huir’ de la Alborada, su barrio por casi tres décadas, pero hoy tiene una opinión diferente, a tal punto de que ha considerado regresar a la urbe porteña.

Sarmiento vive en la urbanización La Puntilla, trabaja en Guayaquil y sus hijos estudian en el colegio Monte Tabor, en el kilómetro 13,5 de la vía a la cabecera cantonal. Su recorrido diario, asegura, es un martirio. Luego de las 14:00, debe lidiar con un gran congestionamiento vehicular que en más de nueve veces la ha ‘obligado’ a llegar tarde a sus reuniones.

El mismo problema tiene José Ordóñez, morador de la urbanización El Río. “Yo tengo que pasar sí o sí esa zona para llegar a mi casa. A veces intento hacer tiempo en Guayaquil para no toparme con el tráfico nocturno, pero cuando uno está cansado lo único que quiere es llegar a su casa”, menciona.

Ambos atribuyen el pesado tráfico que se genera a la “mala ubicación” de los once centros comerciales que están en la zona y por la que diariamente circulan alrededor de 35.000 vehículos. En esa misma avenida, que es la única vía de acceso a la parroquia urbana, hay -al menos- otras cuatro plazas en construcción.

“Si usted recorre el sector verá cómo está pegado un mall de otro. Esto es una locura. En la noche la gente quiere ir a comer, hacer compras, ir al cine... El tráfico, el ruido, los frenazos y el sonido de las bocinas de los autos son perennes. Es complejo vivir aquí, un tanto insoportable”, precisa Sarmiento.

Para explicar este problema, el urbanista Carlos Jiménez prefiere utilizar el término ‘sobreoferta’. Es decir, que efectivamente este exceso de centros o plazas comerciales concentrados en un mismo sitio provoca el colapso vehicular al inicio de la avenida Samborondón.

“Si usted obliga a cientos de personas a ir a una misma zona, ¿cómo no va a tener tráfico? En realidad, no sé hasta qué punto hay suficientes compradores para el exceso de oferta de bienes raíces o de locales en esta arteria. Además, la densidad de la población de La Puntilla no lo justifica y la economía familiar ya no es aliada del consumismo”, menciona.

Lo ideal, señala, es que los usos de suelo estén tan bien distribuidos que la gente pueda encontrar restaurantes, peluquerías, supermercados, librerías y todo lo que necesita en dos o tres espacios, no en once. Y siempre cerca de sus casas.

La arquitecta Lisbeth Mena, máster en Ciudad y Arquitectura Sostenible, indica que esta tendencia de construcción -que empezó a crecer hace casi ocho años- no está debidamente regulada por las autoridades municipales. Incluso, precisa, surge como resultado de una falta de planificación territorial.

“Al parecer las autoridades se preocuparon únicamente por dar el permiso de construcción”, agrega Mena. Está claro que los inversionistas, matiza el también arquitecto Héctor Hugo, docente de la Universidad de Guayaquil, se concentraron en satisfacer solo las necesidades de la población sin analizar las afectaciones.

“Pensaron en la planificación estratégica comercial, pero no en la urbana, la principal. No pensaron en el caos que la aglomeración de este tipo de infraestructuras traería consigo, no pensaron en el tráfico, ni en la saturación de espacios de estacionamiento”.

Si bien con la construcción del nuevo puente que unirá a Guayaquil con La Puntilla se pretende, a decir del actual administrador de Samborondón José Yúnez, aliviar el tráfico vehicular en la zona, hay quienes como Omar Zambrano, excandidato a la alcaldía del cantón, opinan lo contrario.

“En un inicio, hace un par de años, el puente pudo haber sido la mejor opción. Pero ahora, con el crecimiento urbano, lastimosamente esa medida no ayudará”, menciona el político.

Por tal motivo para Hugo, los proyectos comerciales deben contar con un análisis previo: vale la pena que los municipios sepan dónde se va a ubicar el centro comercial y con eso medir el número de vehículos que van a circular y el servicio que se va a ofrecer.

A criterio de los tres expertos, ese estudio vial que es sumamente necesario para la aprobación de un permiso de construcción no se ha realizado -al menos- entre el kilómetro 1 y 3 de la avenida principal.

La sobreoferta de un tipo de servicios no solo ha inclinado la balanza hacia lo comercial, sino que ha dejado de lado las áreas verdes y recreativas.

“Hoy la mayoría de centros comerciales colocan una fuente, unas banquetas y aseguran que son áreas de integración, cuando no es así. No hay dónde conversar, no hay áreas naturales, bibliotecas. Pocos son conscientes del daño que ese tipo de entornos le causa a las familias”, dice Hugo.

A Virginia Andrade, que habita en Ciudad Celeste, por ejemplo, le preocupa este punto. “Todos los centros comerciales ofrecen lo mismo. En el kilómetro 1,5 donde se ubican el Riocentro, Las Terrazas, Village Plaza, la Piazza, Bocca, La Torre, entre otros, encontramos decenas de restaurantes, tiendas de ropa, perfumerías. Pero ninguno tiene un parque y un espacio abierto para que los niños y jóvenes lean o jueguen entre ellos”, insiste.

Para contrarrestar el problema, Mena recomienda ampliar las calles o crear vías transversales que apacigüen la congestión. Hugo, por su parte, sugiere levantar los próximos centros comerciales (de estar previstas nuevas obras similares) frente al río. “Con ello las personas, siempre que exista el apoyo de las autoridades, se verían obligadas a transportarse por vía fluvial, lo que le daría vida a las aguas y un poco más de encanto al sector”.

“El desarrollo comercial responde a la necesidad”

En La Puntilla, el comercio se concentra en el sector de Los Arcos, que comprende desde la iglesia Santa Teresita hasta Samborondón Plaza. El resto de los sitios tiene uso mixto o residencial y “se han ido delimitando por medio de estudios de las necesidades de la población”, asegura a EXPRESO la arquitecta Liliana Guerrero, directora de edificaciones del Cabildo.

Guerrero no considera excesivo el número de centros comerciales o locales de comidas en la zona, pues indica que cada lugar hace un estudio de mercado que le permite saber si está bien ubicado.

Con ella coincide el alcalde Yúnez. “Tenemos un plan maestro (ubicación, movilidad y necesidad de la población) que estamos cumpliendo. No hemos cambiado ni modificado nada. Las áreas comerciales y residenciales están fijas y los espacios están equilibrados”, explica.

Guerrero asegura que el objetivo de la construcción de nuevas plazas como en Ciudad Celeste es disipar el tráfico en los primeros kilómetros. “Tendrán supermercados o locales más cercanos”.

Una teoría que se pone en duda frente al rápido crecimiento vehicular y al diseño de la parroquia ligado al uso del carro.

A LA CARTA