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Un año nuevo sin pirotecnia

Tras las secuelas que dejó, los expertos se plantean celebrar las fiestas sin su presencia. ¿Será posible? Las opiniones difieren, la cultura tiene gran peso.

14 ene 2018 / 00:01

La noche del viernes el cierre de la Ruta de los Gigantes que el Municipio acogió de manera oficial como otro de los atractivos que tiene Guayaquil fue diferente al de años atrás. Los enormes monigotes, que hasta el 2016, ardían en llamas, bajo un cielo lleno de luces y en un ambiente ‘guerrillero’ (y festivo) de petardos y camaretas, esta vez fueron despedidos (y mañana desarmados) con música, baile, ferias infantiles y gastronómicas.

Desde el 2017, a fin de contribuir a la preservación del medio ambiente, el Municipio y el Cuerpo de Bomberos estableció parar con la tradición y optar por algo más cultural. Ahora, sumado a las secuelas que trajo consigo el uso de explosivos en la quema del 31 de diciembre y 1 de enero pasado, los especialistas sugieren cambiar la idiosincrasia del porteño.

Esto es, como dice Ana Soria, coordinadora de la Unidad de Quemados del hospital Roberto Gilbert y el Teniente Carlos Saravia, oficial del equipo de explosivos del Grupo de Intervención y Rescate de la Policía, extendiendo lo planteado por las autoridades a los habitantes. Ambos no hacen referencia al hecho de no quemarlos, sino a la forma cómo lo hacen: con pólvora. ¿Pero será posible?

Para los especialistas, entre ellos dos sociólogos y los artesanos que integran la Asociación de Pioneros de Monigotes Gigantes del Guayas, sí. Pero no creando de la noche a la mañana una ordenanza, por ejemplo, que determine no usar ningún tipo de artefacto.

Por ser esta costumbre bastante nuestra, que incluso se la practica con fines de competitividad (por ver quién hace más bulla que el otro), explica el sociólogo Andrés Martínez, habrá muchos a los que les cueste acatar la norma. “Quizás a quienes estén conscientes o hayan sido víctimas de las heridas, las afectaciones pulmonares, los incendios o cortocircuitos que provocan, se le haga más fácil”.

Pero al resto, agrega el también experto en el mismo campo, Carlos Tutivén, se le hará complicado, puesto que este tipo de celebraciones con detonaciones al unísono están en nuestro ADN. “Desde inicios de siglo, Guayaquil empezó a reventar a los monigotes con sal en grano y luego con la pólvora que traía de China. Ser partícipe de esa práctica para muchos era (y es) sinónimo de buena suerte porque se cree que entre más explota un muñeco, más se eliminan las malas vibras”. Entonces, dice el experto, incitarlos a actuar diferente tomará un tiempo, años.

La tradición es un tema de cultura que solo se podría modificar si se crea una norma no extremista -sentencia- que los inste a usar solo ciertos detonantes, como las luces; o a ser partícipes de un espectáculo con ellas u otro tipo de explosivos que deberán ser manipulados solo por personal autorizado.

“Pronosticar una ausencia absoluta de petardos en la ciudad, modificar por completo un hábito, sería bastante ingenuo. Es parte de la tradición latinoamericana, de la fiesta y en sí del mundo”, coinciden.

Un año nuevo sin pirotecnia
Se desarman los ‘viejos’ expuestos en las calles del suburbio desde el 17 de diciembre. La mayoría de artesanos reciclará los materiales con los que los fabricaron.

Entre los artesanos, sin embargo, hay opiniones que difieren. Por un lado están aquellos como Walter Cedeño, presidente de la Asociación de Pioneros de Monigotes Gigantes, a cargo de la Ruta de los Gigantes, que confirma que aunque al inicio a su equipo le costó no quemar y no usar explosivos para llevar a la hoguera sus obras, como durante dos décadas lo hicieron, hoy la idea de desarmarlos les parece la correcta.

“Luego de varias capacitaciones comprendimos que incendiar piezas tan grandes (que superan los 4 metros), más aún manipulando todo tipo de artefactos, era riesgoso para todo un barrio. Es así que optamos por evolucionar. Ahora creamos obras de arte, como si fuéramos pintores y cerramos la jornada con un evento cultural”.

Siguiendo los lineamientos en la edición actual, José Salas, miembro del grupo, creó la representación de ‘El beso’, la obra del austríaco Gustav Klimt, reconocida en el mundo. Para este año las piezas del pintor Vincent Van Gogh serán incluidas en la Ruta. “Queremos incentivar a que el resto celebre de otra manera. No quemando a sus ‘viejos’ (incluso los pequeños) o haciéndolo con otros rituales que no contengan pólvora”. Quienes conforman la Asociación, dice, ya la excluyeron del todo.

Otros artistas, los que fabrican monigotes de tamaño regular, critican la idea. “Si en el ambiente no hay volcanes, chispiadores, petardos se acaba la diversión”. El fin de año se torna aburrido, matiza Alejandro Rodríguez, artesano. Y como él, el 60 % de personas, según una encuesta elaborada en las redes sociales de EXPRESO, opina (ver recuadro).

El otro 40 %, en cambio, estaría dispuesto a acceder a la idea por haberse, sobre todo, cansado de ver cómo los explosivos destruyen al planeta y dejan en luto a decenas de familias.

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