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Cuando el disc-jockey de la fiesta es una mujer

Seis damas incursionan en un mundo copado por hombres. Dos de ellas serán las pioneras en graduarse de la escuela.

14 jul 2018 / 00:00

Sin fallar un solo día, Ashley Yagual se moviliza desde Villamil Playas hasta Guayaquil para recibir sus clases de DJ (iniciales en inglés de ‘disc-jockey’) y seguir mejorando en su carrera profesional de mezcladora de música.

Para ‘DJ Ash’, su seudónimo en el mundo de la música, empezar con este oficio fue muy difícil. “Al inicio veía mi sueño muy lejos. Un día mi prima me animó y hasta me compró un pasaje de buseta para venir a probar suerte, y lo logré”, manifiesta con emoción.

Aunque trasladarse todos los días hacia Guayaquil le resultó molesto al inicio, lo que más le costó fue superar los prejuicios que rodean a su profesión. “Las mujeres que entramos en el mundo musical tenemos que ser muy pacientes, porque todo el tiempo te critican”, afirma.

Pese a que el auge de la profesionalización de los DJ ha ido aumentando durante los últimos años, muchas de estas chicas aún no se arriesgan a convertir esta actividad como su principal o único medio de ingresos económicos. Prefieren asegurar su vida financiera de la manera tradicional: con una carrera universitaria. “Me va muy bien, pero no es que una tiene presentaciones todos los días tampoco”, explica Ashley.

“El corazón te late fuerte, y la gente te mira porque no es normal ver a una chica mezclando”, relata su colega Catalina Quimí, conocida como ‘DJ Pollita’. La joven, delgada y desenvuelta, estudia análisis de sistemas y por las tardes y noches consigue contratos para animar las fiestas con sus mezclas.

Quimí participó hace poco en un reality para DJs, donde ocupó el segundo lugar. Tanto ‘DJ Ash’ como ‘DJ Pollita’ son parte de la primera promoción de mujeres en graduarse de una escuela de este tipo, asegura José Maridueña, fundador de ese centro.

A esta escuela, ubicada en el norte de la urbe, asisten 200 personas. De esa cantidad, solo seis son mujeres. Maridueña y Stalyn Franco retomaron en 2015 la iniciativa de un centro de formación de DJs que inició en el sur de la ciudad en 2012.

El gusto por la música, un buen sentido de la audición, muchas ganas de aprender y un poco de matemática básica para contar los tiempos y el ritmo son algunos de los factores necesarios para ejercer como disc-jockey. Es decir, nada que sea exclusividad de los hombres.

Nebraska Villegas, de 33 años, supo desde que inició que ser una DJ en un país de tradición machista era un gran reto. Aunque eso no la detuvo a ella ni a ninguna de sus otras seis compañeras para convertirse en mezcladoras de ritmos.

En esta actividad, las mujeres “lo hagamos bien o mal siempre vamos a tener una crítica”, reprocha. Nebraska, además de ser una experta musical, es licenciada en Administración de Empresas, y reparte su tiempo entre su vida profesional adquirida en la universidad, y la que aprendió después por puro gusto a la música.

Hace menos de ocho años, convertirse en DJ requería solo de conseguir el equipo para hacer las mezclas y ser autodidacta. Pero ahora, el mercado ha ido metiendo de a poco a esta actividad como una profesión con sus propios parámetros académicos. Maridueña explica que ellos son la única escuela en Guayaquil que “formamos de manera profesional: por niveles y mallas ”. Mientras que en Quito funcionan más de cuatro.

Violeta Manosalvas, la más nueva del grupo, a sus 44 años de edad se animó a escarbar sobre su amor por la música electrónica hasta concluir que lo suyo era la mezcla musical.

“Viví el cambio de la música en los 2000, y desde allí me convertí en fan de Avicii y Calvin Harris. Ahora mezclo sus canciones y me encanta”, comenta con satisfacción Violeta, a quien conocen en el mundo de la música como ‘DJ Electro Cat’, porque durante 25 años se dedicó a ser criadora de gatos.

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