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Los colegios coinciden en las prohibiciones a sus alumnos

Ni tatuajes, ni piercings, ni cabello teñido, ni esmalte o uñas pintadas. Los códigos de convivencia ponen limitaciones y eso es ahora motivo de debate.

17 abr 2018 / 00:00

Los códigos de convivencia de los colegios están en el centro de la polémica. Después de una queja que presentaron nueve colectivos ciudadanos por lo que llaman un atentado a la libertad estética de los estudiantes, comenzó el debate sobre si las instituciones educativas deben prohibir o no que los chicos acudan a clases con tatuaje, piercing o el cabello teñido.

EXPRESO publicó ayer un reportaje donde se recogieron los detalles de la demanda que se maneja desde el año pasado en la Defensoría del Pueblo y que motivó que el Ministerio de Educación emitiera a finales de marzo un memorando solicitando a las unidades educativas que socialicen sus códigos a la comunidad educativa, que si es necesario se hagan cambios y que se respeten los derechos constitucionales.

La discusión sobre este tema, que surgió en Guayaquil, ya tiene antecedentes nacionales (ver subnota). Pero que los colegios impongan estas normas no es nuevo ni poco común. Este Diario revisó quince códigos de unidades educativas de la ciudad y en nueve se encontraron similitudes en cuanto a las normas que deben cumplir los alumnos en su presentación personal, algo que para algunos es necesario y que para otros atenta contra sus derechos.

Por ejemplo, en un colegio del norte de Guayaquil, el código de convivencia que consta en su página web es claro. Se prohíbe: peinados exagerados o llamativos, adornos inadecuados, tinturados de cabello de colores, todo tipo de maquillaje, delineador, rímel, sombras, esmalte en las uñas, aretes exagerados...

Al otro extremo de la ciudad, las normas no son muy diferentes en una unidad educativa, en lo que cambian es que se dan indicaciones por sexo. Los hombres deben mantener el corte de cabello clásico, normal y rebajado “sin ningún tipo de accesorios (pulseras, collares, etc.)” y en el caso de las mujeres no se permite maquillaje, el cabello tinturado o las uñas pintadas.

Están también aquellos centros que indican que quienes incumplen están incurriendo en faltas leves, que conllevan a un llamado de atención. Otros consideran a estos hechos graves, lo que involucra que el chico no puede entrar a clases mientras irrespete las normas y es probable que reciba una rebaja de puntos.

En la av. 25 de Julio, una de las unidades educativas es aún más específica en sus reglas: por tradición, las mujeres llevarán solo una perforación en cada oreja. Hay otros que ponen más énfasis en las sanciones. “Si el estudiante cometiere faltas graves o extremadamente graves, se comunicará inmediatamente al padre de familia y se iniciará el debido proceso para la investigación y sanción respectiva”.

El debate recién inicia y las opiniones no terminan de inclinarse a un solo lado. Unos creen que por su edad los chicos no tienen derecho a la libertad estética que consta en la Constitución ecuatoriana y otros indican que si los padres le permiten al chico un cambio en su look, el colegio no tiene por qué prohibírselo.

Los procesos

En Quito y en Ambato hubo denuncias

La inconformidad de los nueve colectivos ciudadanos que presentaron su queja por lo que llaman el irrespeto a la libertad estética de los estudiantes tiene antecedentes.

Hace poco, en Ambato, se presentó la denuncia de una madre de familia, quien aseguró que a su hija la sacaron de clases por usar un piercing. Le habrían dicho que estaba irrespetando el código de convivencia de la institución.

El caso llegó a la Junta de Protección de Derechos, que ordenó la amonestación a los docentes involucrados y dispuso a la unidad educativa que se realicen talleres y charlas de socialización del código de convivencia. Pidieron también la revisión de ese documento para evitar casos similares.

En un colegio de Quito, según Rescate Escolar, que es uno de los colectivos que presentó la queja, se dio otro caso el año pasado.

Indican que la denuncia se produjo porque a una de las estudiantes la sacaron de clases luego de cortarse el cabello. De acuerdo a lo que indicaba el código de convivencia de la institución, las mujeres no podían llevar el pelo más arriba de los hombros. Dicen que en el colegio llegaron incluso a sugerir a la joven que se pusiera una peluca.

Llevaron el caso a la Junta Metropolitana de Protección de Derechos de la Niñez y Adolescencia y una jueza resolvió que se habían vulnerado los derechos a la libertad estética. Hubo apelación.

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