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Las marisquerías echan amarras en pleno centro

En los últimos dos años, el menú gastronómico de esta zona porteña amplió su oferta. En el sector está el 40 % de los restaurantes abiertos en la ciudad

13 mar 2017 / 00:01

En las amplias calles y avenidas que comprenden el sector comercial de la ciudad, parece que ya no hubiese espacio para abrir nuevas opciones gastronómicas. En ese cuadrante se afinca el 40 % de los 1.073 restaurantes registrados en Guayaquil. Hay cadenas de comida rápida -nacionales y transnacionales-, locales de empanadas, asaderos, chifas, restaurantes de comida costeña, cafeterías tradicionales e, incluso, las que proponen toda una serie de productos ‘gourmet’ en torno a una taza de café.

Justo a ese escenario, una pareja de esposos -guayaquileño él, machaleña ella- decidió echar amarras para un proyecto comercial iniciado ocho años antes en Urdesa (Víctor Emilio Estrada y Costanera), que se inspiraba en un negocio exitoso del sur del país: la marisquería 200 Millas.

“El dueño del restaurante en Machala es mi suegro. Cuando decidimos abrir un negocio igual, no quisimos experimentar con otra fórmula si teníamos a la mano una ya probada”, apunta Ricardo Domínguez Clavijo, un ingeniero comercial que junto a su mujer, Eliana Pozo Palacios, fue el primero en inundar el casco bancario de Guayaquil con el aroma de los mariscos cocidos.

En los dos últimos años, las marisquerías se van abriendo espacio en el sector. Hace uno y medio, abrió sus puertas El Camarón Azul, una segunda opción en el mundo de la gastronomía marina. En julio pasado, Puerto San Francisco. Y hace dos meses, La Pata Gorda.

“El centro de la ciudad está saturado de opciones. Hay todo tipo de ofertas de comida, pero pocas marisquerías. Las picanterías que ofrecían en su momento encebollados dejaron el sector hace diez años”, indica Rosa Zurita Sánchez, quien se instaló en el sector de Vélez y Pedro Carbo con un restaurante secuela de otro local -La Barca Azul, en Panamá y Roca-, propiedad de una hija suya.

“El sector es apetecible. Es cierto que no son buenos tiempos económicamente, pero acá se concentran muchos empleados, desde ejecutivos de bancos hasta oficinistas de consorcios legales”, apostilla Zurita, una guayaquileña que ofrece la comida clásica costeña, cuya materia prima es el marisco.

A unos 100 metros (ver mapa adjunto) está Puerto San Francisco. Abrió hace menos de ocho meses. “Somos una familia vinculada a la línea de los restaurantes”, comenta Martha Tapia Torres, que desde hace 17 años tiene a una cuadra de ahí La Olla Sabrosa, un establecimiento que se centra en atender la demanda del mediodía, la clásica hora del almuerzo.

“Queríamos abrir otro local en el sector, pero sabíamos que este debía atender una demanda diferente. Acá ofertamos desde una corvina frita hasta toda la línea de ceviches”, detalla esta riobambeña, quien reside en la ciudad hace 35 años.

¿Competencia? Ricardo Domínguez considera que en el escenario en el que está ubicado su restaurante existen muchos locales, pero son pocos los que se relacionan todavía con el marisco.

Mientras los otros tres restaurantes ofrecen platos nacionales, el suyo trabaja recetas procedentes del mundo gastronómico peruano. Domínguez, además, está convencido de que en esta parte de la ciudad la marisquería aporta un nuevo aroma al mundo netamente comercial.

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