miércoles, 28 junio 2017
20:29
h. Última Actualización

La lagartija superinvasora

Cinco biólogos hallan una especie nunca vista en el hemisferio sur. Originaria de Cuba y Bahamas, no hay pruebas de cómo llegó a Guayas. Amenaza a las nativas.

20 abr 2017 / 00:00

El primer encuentro fue casual, hace dos años. Luis Amador, un biólogo que había colaborado en el ‘Libro rojo de los mamíferos del Ecuador’, paseaba por el Parque Histórico, en Samborondón, cuando observó un ejemplar.

Enseguida supo que no era una lagartija autóctona. Le delataban su gran tamaño, de unos veinte centímetros, y el saco de tonos rojizos y anaranjados que lucía debajo de la mandíbula.

Amador, excitado, contactó con otros colegas como Fernando Ayala-Varela, Andrea E. Narváez, Keyko Cruz y Omar Torres-Carvajal para iniciar una fascinante investigación. Poco después confirmaron la trascendencia del hallazgo. Se trataba de una especie jamás avistada antes en el hemisferio sur del planeta: la ‘Anolis sagrei’, originaria de Cuba y Bahamas. “Pensamos que se encuentra acá desde hace una década o más”, comenta Amador a EXPRESO.

Todavía no han demostrado cómo aterrizó en Guayas, aunque los expertos manejan varias hipótesis: que llegara en alguno de los barcos que cruzan el Canal de Panamá, camuflada en plantas ornamentales; que su aparición esté vinculada al aumento del turismo porteño hacia ciudades estadounidenses como Miami y Orlando, donde se estableció con éxito en la década de los setenta; o que alguien la haya traído “con fines comerciales”, debido a su atractivo como mascota.

Pero detrás de su belleza anida una amenaza. Porque esta lagartija “superinvasora y territorial”, como la define Cruz, puede apoderarse del hábitat que ocupan algunos reptiles locales. La ‘Gonatodes caudiscutatus’ y distintas clases de ‘Anolis’, cuya supervivencia corre un riesgo por el momento no cuantificado, figuran entre sus víctimas potenciales.

“Se le conoce por desplazar a otras lagartijas, ya que es más grande y agresiva. El peor escenario es que pueda llevar a la extinción a alguna nativa. Además, las especies introducidas causan pérdidas millonarias cada año a los países afectados”, añade el biólogo. Al menos, la ‘Anolis sagrei’ contribuye a eliminar plagas, ya que se alimenta de insectos principalmente.

Cruz recuerda cómo su corazón latía frenético cuando la retrató por primera vez. Hasta la fecha ya ha encontrado cincuenta, 38 de ellas en un muro rodeado de arbustos, cerca del Riocentro samborondeño. Pero también hay registros en el parque Samanes y la ciudadela El Cóndor, donde este animal ha entrado a algunas casas, y podría ocultarse en otras zonas aún no exploradas como Urdesa.

“El descubrimiento es algo superimportante, a escala mundial. El problema reside en que no hay otras especies allí donde la hemos visto”, incide.

Pero para conocer su verdadero impacto harán falta más estudios, que ayuden a concretar cómo se va extendiendo la población asentada en suelo ecuatoriano. “En Urdesa, por ejemplo, podría moverse con facilidad porque hay muchos árboles conectados junto al estero Salado”, apunta Cruz.

EXPRESO pidió entrevistar a un responsable del Ministerio del Ambiente para recabar su análisis. Al cierre de esta edición, no había recibido respuesta.

Entre el estudio y la erradicación

Los biólogos quieren involucrar a más universidades ecuatorianas y extranjeras para determinar el origen de estos cincuenta ejemplares. La clave, desvela Keyko Cruz, es comparar su genética con la de individuos radicados en otros países. Así podrían averiguar dónde residen sus parientes más cercanos y, por lo tanto, su procedencia: “Pero eso requiere financiación. Y no la hay”.

Luis Amador, además, recomienda monitorear a la población ya localizada y emprender medidas de manejo ambiental para contener su expansión. “La erradicación es una posibilidad siempre y cuando no afecte a otras especies locales”, remata.

La lagartija superinvasora
A LA CARTA