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La piscina patrimonial, del deterioro a la demolición

Una de las cuatro estaciones de la Aerovía se asentará sobre el predio donde funcionó la antigua piscina pública. En ese lugar se entrenaron ‘Los cuatro mosqueteros’, campeones internacionales en natación.

08 feb 2018 / 11:46

La compañía White escogió mal la ubicación de la piscina pública municipal de Guayaquil en 1928. Haberla construido sobre las calles Malecón Simón Bolívar y Loja, la hace vulnerable 80 años después.

Sobre ese predio, donde también funcionaron facultades de la Espol, se ubicará una de las cuatro estaciones de la Aerovía: un modelo de transporte, tipo teleférico, que promete reducir el viaje entre Durán y Guayaquil a 20 minutos y de paso, aliviar el tráfico vehicular.

En junio del 2017 la página del Municipio ya hacía una predicción de lo que vendría: “El monitoreo de las características del suelo (...) arrancó en el predio de la estación No. 3 Malecón 2000 (...), donde estaba la antigua piscina de personas con capacidad reducida”.

La piscina es patrimonio desde el 2011

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Esa piscina, mencionada al ‘vuelo’ como parte del paisaje fue declarada el 26 de octubre del 2011 como Patrimonio Inmueble y, como para que esta consideración no se olvide, su registro se encuentra en el Sistema de Información del Patrimonio Cultural Ecuatoriano (SIPCE).

Las descripciones incluidas en la ficha que le armaron en ese entonces, no se diferencian mucho de las condicione actuales:

Estado de Conservación: deteriorado.

Valoración y Grado de Protección: absoluta

Antigüedad: Siglo XX

Tipológico Funcional: Conserva su identificación tipológica y uso. Dentro de la tipología fue proyectada para usos recreativos. Actualmente se encuentra sin uso.

La demolición empezó el 5 de febrero

La piscina patrimonial, del deterioro a la demolición

Lo único que falta en las líneas anteriores son los detalles que se han sumado por la proximidad de la obra de la Aerovía: el plan es construirla en 24 meses y para eso, las estaciones deben estar listas.

Lo nuevo: hay varillas de hierro aglomeradas, maquinarias que derrumban los vestidores o las plataformas que servían para darse de clavados y el agua verde de la antigua piscina meciéndose con cada remezón esperando su cierre definitivo.

Nunca se dijo nada de intervenir la piscina

Esa actualización en su deterioro lo pudieron comprobar el 7 de febrero los técnicos de Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC); lo siguiente fue escribir un informe de la observación y enviarlo al Ministerio de Cultura para que conozca del caso.

A toda esta problemática, Luis Mueckay, quien dirige la regional 5 del INPC le ve el último lado positivo que le queda: “Se mantiene la fachada exterior que es un gran componente del bien patrimonial”.

La piscina patrimonial, del deterioro a la demolición

Sin embargo, Mueckay está preocupado; él cree que el avance de la obra se debe a un informe que ellos aprobaron como INPC, pero que la compañía encargada de la Aerovía mal interpretó: “Nosotros dimos el visto bueno sobre un informe que nos presentó un consultor sobre las prospecciones arqueológicas de los polígonos donde se iban a construir las bases; jamás se menciona en ese informe la intervención de la piscina pública municipal”.

La piscina ya no era pública sino de la Espol

Aquel informe fue levantado en 2016 por el arqueólogo Telmo López como investigador contratado.

Sobre si fue el Municipio de Guayaquil o la Espol los que impulsaron estas averiguaciones del área Mueckay no lo recuerda, pero apuesta a que fue directamente la empresa encargada de los trabajos.

Lo que si conocen en el INPC es que la piscina aunque se la apodaba de pública y municipal —porque así era en un inicio— hace rato que era propiedad de la Espol. “No sabemos si fue dada en comodato o donado o hubo cambio de propietario”, cuenta el directivo.

Una historia de mosqueteros

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Pese a lo que atraviesa ahora este lugar, a su historia también llegó la ‘buena racha’ y las glorias.

En 1928 fue conocida solo como la piscina pública municipal de Guayaquil, incluso un 12 de octubre 1929 era noticia en diario El Telégrafo, siendo calificada como una “construcción costosa y cuya mejora como obra urbana fue solemnemente inaugurada”.

En aquella época, tal como lo reseñó José Antonio Gómez Iturralde en sus ‘Crónicas, relatos y estampas de Guayaquil’, solo habían dos piscinas medianamente grandes para que los nadadores se entrenen: “La Municipal, ubicada sobre el malecón Simón Bolívar, pero bastante al norte; y la privada del Club Sport “Emelec”, cerca de la Empresa Eléctrica del Ecuador, en la calle Eloy Alfaro”.

Por eso, en 1938 los ‘Cuatro Mosqueteros’ como se conocía a Carlos Luis Gilbert, Luis Alcívar, Ricardo Planas y Abel Gilbert hicieron historia en el ‘V Campeonato Sudamericano de Natación’ en Perú. Ellos ganaron en sus categorías y practicaron todo un siempre en esa antigua piscina.

Florencio Compte es arquitecto y da un aporte más a esa trayectoria que guarda el sitio y que no se relaciona con el deporte sino con los escritores nacionales.

“En ese lugar trabajó como administrador de la boletería Joaquín Gallegos Lara, una de las glorias de nuestra literatura, luego de la revolución del 28 de Mayo de 1944, el mismo año en que había sido premiado por la Municipalidad de Guayaquil por sus méritos literarios”, describe en una de sus habituales columnas titulada ‘La piscina municipal’.

La insistentemente piscina nombrada aquí, que en 2018 ajusta sus 80 años, al parecer, no avanzará a ser centenaria.

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