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Iglesia: Esta tarea le correspondía al Municipio

El rector de la Catedral admite que no solicitó permisos para los trabajos. Asimismo, remarca que el edificio es patrimonio de Guayaquil.

11 ene 2017 / 00:00

El rector de la Catedral admitió ante EXPRESO que no se pidieron permisos al Municipio para mover la cruz -que cayó de un helicóptero el pasado domingo-, como este Diario lo informó ayer.

Fue una medida inmediata, explicó el párroco Rómulo Aguilar. “Ofrecieron la ayuda para trasladar las estructuras a reparación sin ningún costo adicional, nos prestaban las maquinarias, y solo teníamos que pagar la gasolina, pero el tiempo era limitado. Así que no se sacó ningún permiso con el Cabildo, es verdad”.

Para el tercer intento fallido de mover una de las dos cruces de la Catedral se necesitó cerrar calles y realizar una arriesgada acción desde el helicóptero para cargar la estructura de 2,5 toneladas, según ellos estiman.

Mas, como los trabajos constituían, según el director de Urbanismo, José Miguel Rubio, una remodelación de la edificación, era necesario un permiso para garantizar la seguridad en el proceso.

“Solo aprovechamos la generosidad de la empresa. Tomamos todas las medidas de seguridad necesarias, solo que no teníamos los permisos...”, justifica Aguilar, y recuerda que la edificación tiene categoría de patrimonial por su valor histórico, y que las autoridades también tienen responsabilidad.

Rubio emitió el lunes un oficio a la Arquidiócesis en el que notificaba que “las obras de remodelación (incluida la movilización de la cruz) han sido realizadas sin la obtención del respectivo Registro de Construcción, incumpliendo con la Ordenanza de Edificaciones”.

En respuesta, Aguilar dijo que “ellos (los del Municipio) son los que debieron realizar este proyecto de reestructuración. Eso les corresponde. Hemos hablado del tema durante nueve meses y no concretamos nada. La Catedral es patrimonio histórico de la ciudad y es responsabilidad del Cabildo”.

La Resolución 0004, emitida por el Consejo Nacional de Competencias (CNC), en junio de 2015, trasladó a los municipios las competencias de patrimonio cultural local para preservar, mantener y difundir el patrimonio arquitectónico y cultural de un territorio.

En el Cabildo de Guayaquil no existe aún un departamento destinado a estos bienes y hasta el lunes dijo a EXPRESO que la administración de la iglesia en cuestión estaba en manos de la curia.

El departamento de prensa del Municipio adelantó a este Diario que el alcalde se pronunciará hoy sobre este tema.

Reacciones

El alcalde Jaime Nebot hablará hoy de la Catedral

Este medio envió ayer varias interrogantes al administrador de la urbe

EXPRESO extendió un cuestionario al alcalde Jaime Nebot para solicitar respuestas ante las responsabilidades que por ley -según afirman Patrimonio Cultural y la Curia- tiene el Cabildo de preservar los bienes patrimoniales arquitectónico de la ciudad: así como de las decisiones que se tomarán con ese templo ahora que la Iglesia decidió no continuar con los arreglos del emblemático edificio.

En el documento se consulta por qué el Cabildo no paralizó la obra si se sabía que estaban realizando trabajos (incluso hubo sobrevuelo de helicópteros dos días antes) sin los permisos de construcción que demanda la Dirección de Urbanismo.

También indaga si se buscará crear el por ahora inexistente departamento o unidad que se encargue de lo que respecta al Patrimonio de la urbe, puesto que ahora, por ley, el Municipio tiene la competencia.

Al respecto, el mágister en diagnóstico y reparación de edificios, David Hidalgo, pide actuar, pues así los inmuebles patrimoniales cada vez ganarán más valor en la memoria social y colectiva de los guayaquileños. “No contar con un espacio de este tipo nos hace quedar mal, empuja a los ciudadanos a que nos desinteresemos por esos patrimonios y parte de la historia de la ciudad”, explicó.

La vicealcaldesa Doménica Tabacchi adelantó que se realiza una indagación de los últimos trabajos realizados en la iglesia a través de la Dirección de Justicia y Vigilancia del Municipio, que tiene abierto un expediente sobre el estado de la edificación.

Se quiere con esto determinar si la caída de la cruz el domingo se trató de un hecho fortuito o existe algún grado de responsabilidad de quienes realizaron la acción.

BIMP / DSZ

Decisiones

Por ahora no hay obras en el templo

La lluvia y el accidente de la cruz llevaron a paralizar los trabajos

Las labores de reconstrucción y mantenimiento provisional del templo -tal como lo recomiendan hoy los expertos-, se han paralizado por dos razones. Por las lluvias que en estos días han caído sobre Guayaquil y, sobre todo, porque esperan que actúen las autoridades a cargo del arreglo, según la ley. En este caso el Municipio.

Al momento se desconoce cuándo se reanudarán las actividades o si se prevé hacer un estudio técnico adicional para continuar la restauración.

Lo que se sabe es que a lo largo de casi un mes se han venido haciendo trabajos para cambiar la parte ornamental del templo; ya desgastada por el pasar del tiempo y, en algunos casos, deteriorada por los posibles daños causados por el terremoto que azotó al Ecuador en abril del año pasado.

En el interior del santuario, por ejemplo, hasta hace apenas unos días, se estaban removieron las piezas flojas (y rotas) del baldaquino del presbiterio, una especie de templete formado por cuatro columnas que cobija el altar y una de las áreas más afectadas por el sismo.

De igual manera, en los exteriores, miembros de la empresa Decibel EQ, a cargo de la inspección y mantenimiento preventivo del santuario, llevaban a cabo un inventario de grietas y otros daños.

Además de las cruces de las torres, se prevé restaurar la imagen del Cristo Rey, la más emblemática del santuario, de seis metros de altura y colocada en la cúpula de la iglesia, a 57 metros de altura.

DSZ

La compañía de la aeronave

Empresa: El peso de la carga era mayor al que podía levantar el helicóptero

La nave llegó a máxima potencia, pero no pudo elevar la cruz y la soltó

Los hechos y las cifras no concuerdan. Según los miembros de la curia, el arzobispo Luis Cabrera y el rector de la catedral de Guayaquil, Rómulo Aguilar, la estructura de la cruz, que el domingo pasado cayó al suelo luego de un intento por trasladarla vía aérea para su mantenimiento, tenía un peso de 2,5 a 3 toneladas, mientras que el helicóptero podía soportar hasta 7.

Estos valores son mayores a las que Helicópteros del Ecuador, la empresa encargada de la logística para llevar a cabo las maniobras, aseguró que se les había entregado.

“Nos habían indicado -los ingenieros encargados por la curia- que la cruz pesaba 1.000 libras (0,453 toneladas). Lógicamente nos están diciendo personas que son expertas en cálculos estructurales. Nosotros vamos confiados a realizar el trabajo con base en el peso que nos dan”, contó a EXPRESO Paúl Villagrán, presidente ejecutivo de la empresa.

La aeronave, un monomotor Bell 407, “tenía capacidad de carga de 1.800 libras (0,816 toneladas)”, por lo que estaba dentro del cálculo previsto en la planificación que realizaron durante 15 días, que incluyó dos sobrevuelos de prueba y evaluación en un helicóptero distinto. No obstante, en la información oficial la página web de Bell dice que puede soportar hasta 2.646 libras (1,2 toneladas).

“Estaba considerada la posibilidad de que el piloto pueda soltar la carga en cualquier eventualidad”, añadió.

Asimismo, enfatizó que la empresa no es responsable de realizar los cálculos del peso de la carga, pues su labor es servir de conexión entre las compañías de aviación y los clientes que solicitan el servicio. En este caso, contrataron a la Empresa Aero Transportes Insulares S.A. (Aeroinsa).

Por ello, no pueden estar seguros del peso real de la cruz.

En cuanto a las causas, según Villagrán existen varios factores que pudieron intervenir para que se dé el siniestro, entre los que resaltó la potencia del motor del helicóptero y el cálculo del peso que se realizó con base en los datos entregados por los ingenieros encargados por los representantes de la Iglesia.

Sin embargo, señaló que no se puede hablar del viento, pues es un asunto que lo debe determinar la investigación que lleva a cabo la Dirección de Aviación Civil.

“Lo que motivó a soltar la cruz es que la aeronave llegó al máximo. (El motor) subió hasta llegar al límite de la potencia. El piloto ya no podía seguir dándole más porque ya no podía subir más. Ahí es cuando tomó la decisión de soltar la carga, porque el peso que el helicóptero podía levantar era menor a la carga”, explicó.

Esto contrasta con lo que expresó Aguilar el lunes, pues le atribuyó el inconveniente a las condiciones del tiempo, cuando mencionó que “un viento inusitado golpeó la cola del helicóptero, le quemó el rotor y apagó los motores”.

El viento no fue el problema

Carlos Castro es mecánico con un máster en Ingeniería Aeroespacial de la Universidad Técnica de Berlín, ha trabajado en The Boeing Company, Airsight GmbH y Airbus en Alemania y, es guayaquileño.

Sus conocimientos, experiencia, y también su origen lo facultan para afirmar que “el viento no fue el problema”.

“Guayaquil no es conocida como una ciudad de fuertes o sorpresivos vientos, además este factor se calcula y se prueba”, explica.

Según Castro, el accidente con la cruz de la Catedral se debe a otros factores como el sobrepeso y un mal agarre.

El helicóptero implicado, un Bell 407, está diseñado para soportar 1,2 toneladas de carga y, a decir del experto, por los materiales de la cruz es difícil imaginar que esta pesara menos de una tonelada.

“Si la carga total del helicóptero es de alrededor de 2,2 toneladas y la cruz pesa más de 1, más el peso del piloto, el combustible y otros elementos, es obvio que si no había sobrecarga, por lo menos estaba al límite lo que dificultó cualquier operación”.

En maniobras de este tipo se necesitan varios puntos de apoyo para lograr un centro de gravedad, en la operación se utilizó solo uno, lo que provocó el balanceo del helicóptero.

GEC

Análisis

Los arreglos deben suspenderse hasta estudio técnico previo

El diagnóstico ayudará a mantener y actuar sobre el bien patrimonial

Expertos de la ciudad lo recomiendan. Tras la caída de la cruz en la Catedral San Pedro Apóstol, ícono de la Iglesia católica guayaquileña, los trabajos de reparación y restauración de obras deberían suspenderse.

En este momento si alguna otra parte de la infraestructura quedó vulnerada con el declive, precisa a EXPRESO el máster en diagnóstico y reparación de edificios, David Hidalgo, sería pertinente darle una intervención técnica apropiada y previa al lugar, antes de seguir laborando.

El experto, también especialista en preservación del patrimonio urbano, lo considera oportuno para evitar posibles accidentes, ya sean pérdidas humanas (por el riesgo de que alguna otra pieza de los monumentos caiga, como ya pasó en noviembre pasado) o más daños en estas.

“Quienes estén a cargo de la restauración deberán actuar con todas las medidas del caso. Esto, teniendo en cuenta que se está trabajando sobre un bien patrimonial y en un lugar altamente céntrico y poblado”, agrega.

Como él, opinan también el conservador y museólogo del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural de la Regional 5 (que incluye Guayaquil), Carlos Pacheco, y el decano de la facultad de Arquitectura de la Universidad Católica Santiago de Guayaquil, Florencio Compte.

Ambos, que hacen hincapié en la importancia de las revisiones técnicas periódicas para la preservación de este tipo de inmueble, descartan el hecho de movilizar la piezas, en un segundo intento, con un helicóptero.

Si la restauración se da, esta deberá hacérsela ‘in situ’ (en el lugar) y con andamios, pues, según explican, solo así se evitará manipular de más una obra que a causa de los años y la falta de mantenimiento, está de por sí deteriorada.

El arquitecto y planificador urbano Franklin Villamar, por su parte, se inclina por las grúas. “Hay maquinarias para todo tipo de trabajos, que se arman según la altura de una edificación, el ancho de una vía, y son seguras”, justifica.

Ellos tienen claro que para ejecutarlas se necesita de recursos. De dinero que, a decir de Hidalgo, debería ser gestionado por el departamento de patrimonio municipal con el que Guayaquil aún no cuenta: “situación que nos vuelve más vulnerables y evidencia que al momento de hacer una gestión se esté trabajando fuera de la ley, en un marco en donde no hay institucionalidad”.

DSZ

A LA CARTA