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El insectívoro mundo de Jaime Buestán

Este ecuatoriano comparte su casa con cientos de insectos. Su especialidad, los tábanos. De estos tiene 16 mil especímenes

20 jun 2017 / 00:00

Se calcula que por cada ser humano existen 200 millones de insectos. Es por eso que desde que Jaime Buestán Aucancela se enteró de esto, no ha parado de ir tras ellos.

Aunque en uno de los salones de su casa, en el norte de Guayaquil, tiene lo que se considera la colección más importante de estos bichos en la ciudad y puede que del país, él reconoce que está muy lejos de acumular lo que por distribución le corresponde.

“Han sido muchos años, más de 40 dedicados a esto. He ocupado en esta tarea mis fines de semana y una buena parte de las vacaciones que he tenido a lo largo de mi vida laboral”, dice este biólogo ecuatoriano, quien ha trabajado como catedrático e investigador del antiguo Instituto Nacional de Higiene Leopoldo Izquieta Pérez.

Nació en Azogues. A Guayaquil llegó para cumplir sus estudios universitarios. Desde entonces se quedó en esta ciudad, donde se casó.

Aunque jubilado, sigue como profesor honorífico en la facultad de Ciencias Naturales (Universidad de Guayaquil), tampoco, por sus 73 años de edad, abandona sus salidas hacia las montañas, donde coloca trampas para atrapar insectos.

Considera que ha recorrido casi todo el país. En su cabeza caben los detalles de ese mapa que determina dónde pasó desde los años de la década de los 70, sus días libres.

“He colocado trampas en sitios como Galán Arriba (la cordillera entre Jipijapa-Puerto Cayo), Chillanes (Bolívar) y hasta algunos puntos de la Amazonía, como Puerto Misahuallí”.

Su especialidad son los tábanos. Casi la mayoría de las cajas de espumafón están llenas de estos dípteros de la familia Tabanidae, parecidos a las moscas, pero de mayor tamaño.

“Tengo 204 especies. Todas recogidas y registradas en diferentes sitios del país. Además otras 50 y hasta 60 variedades que aún no han sido registradas. Siguen guardadas para hacerlo en un futuro”.

Sobre estos, ha escrito varios libros y mantiene contacto con varios taxonomistas de Europa y Latinoamérica con quienes intercambia información para ubicar nuevas especies.

Pero además de los tábanos, cuya colección determina especímenes de los más raros, hasta los más comunes, conserva en el espacio de su casa, ubicada en Urbanor, destinada para los insectos, conserva disecadas desde mariposas -unas 2.500 ejemplares, de 94 especies-, unos 100 individuos de escarabajos distribuidos en 50 especies, además de hormigas.

Entre sus últimos trabajos, estuvo viajando cada cierto tiempo al cerro de la Prosperina, donde en dos años, desde el 2011, colectó 417.803 insectos de diez especies.

Los insectos son su pasión, es por eso que no sabe si algún día deje de ir al monte tras ellos.

A LA CARTA