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Una deuda con el patrimonio

Tener la competencia no es suficiente, se necesitan una dirección y una ordenanza que normen el cuidado de los bienes que guardan la memoria local.

04 mar 2018 / 00:02

Agosto de 2017, la Casa del Cacao, una villa patrimonial construida en 1915, pierde una de sus columnas porque algo o alguien la forzó. Allí está hasta ahora, a la intemperie, con parte de su techo destruido y cada vez más vulnerable al invierno.

Febrero de 2018. La piscina municipal en donde los Cuatro Mosqueteros, Carlos Luis Gilbert, Luis Alcívar, Ricardo Planas y Abel Gilbert, entrenaron para hacer historia en el ‘V Campeonato Sudamericano de Natación’, en Perú, en 1938, fue demolida para construir una estación de la aerovía que ahora -luego de un informe que la confirmaba como patrimonial- llevará como nombre el apelativo de estos nadadores.

No son las únicas propiedades que el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural tiene en lista de vulnerables. Esta entidad envió a EXPRESO un inventario en donde constan al menos 20 inmuebles que rescatan la memoria histórica, urbanística y cultural de Guayaquil y que a la fecha están en mal estado.

Constan como de prioridad inmediata la Casona Universitaria, la Cárcel Municipal, la iglesia Nuestra Señora del Carmen (La Victoria), las casas colectivas, el Mercado Norte, la Casa Maldonado, varias edificaciones del barrio Las Peñas y, entre muchas otras, el Cementerio de los Extranjeros.

Se trata de edificaciones de mayor deterioro o que requieren de una intervención más puntual por ser de madera o encontrarse en total estado de abandono, puntualiza el INPC.

En el artículo 264 de la Constitución, en su numeral 8, y el Código Orgánico de Ordenamiento Territorial, en el 55, literal h, se define que los municipios son los que deben preservar, mantener y difundir el patrimonio arquitectónico, cultural y natural del cantón, así como construir espacios para estos fines, recuerda el experto en planificación urbana Luis Alfonso Saltos.

Al respecto, el alcalde ha sido claro. El 11 de enero de 2017, en un enlace radial en el que se le preguntó sobre el estado de la Catedral, otro bien afectado, aclaró que su obligación está en “...cuidar, velar o incentivar el cuidado de los bienes patrimoniales. No en pagar las reparaciones y cuidado de los bienes que son de terceros”. En el caso de los bienes municipales, continuó, por supuesto que tenemos que pagar y hacer mantenimiento...”.

Pero para el funcionario la Casa del Cacao es, simplemente, una casa vieja irreparable, y la piscina municipal, un bien que estuvo abandonado por más de 40 años. Cree que aquí se confunde lo histórico y cultural con lo ruinoso y abandonado.

La investigadora de diseño urbano María Augusta Hermida coincide con Nebot. “Saltar por la edificación luego de cuarenta años de abandono es demasiado tarde. Pudimos haber hecho algo antes desde sectores interesados”.

En los ochenta, el INPC calificó 180 edificaciones como patrimoniales; pero fue una valoración visual, no profunda, critica el exfuncionario municipal Johnny Burgos. Luego estos bienes se fueron vendiendo o simplemente desapareciendo, como ahora.

Es decir, nunca se le dio la importancia ni la representatividad histórica al patrimonio. La regeneración urbana dejó de lado la historia de la ciudad, coincide la arquitecta y catedrática de la Universidad Católica, María Eloísa Velásquez.

“Guayaquil, desgraciadamente, por su estructura evolutiva en la historia, no ha conservado su patrimonio, y no es necesariamente por el tema político administrativo, sino por la característica de la ciudad, hecha de madera, de un elemento perecible que se perdió en incendios”.

Hoy se lucha contra una organización mal planteada, aclara Velásquez. Cuando se pasó esa competencia, debió debatirse más... Era necesario, subraya, crear una estructura destinada en cada municipio para saber cómo afrontar esa nueva obligación. Porque hay una verdad, añade, la recuperación histórica es costosa y los municipios no tienen recursos. “No se puede dar una competencia si la entidad no tiene ni estructura ni fondos para asumirla. Eso es irresponsable”.

En cambio, Hermida cree que en el tema de patrimonio los líderes tienen mucho que ver. “Mientras Guayaquil no reconozca a las figuras a las que les interese en realidad el patrimonio, el escenario será igual de complicado”.

La historia de Guayaquil en un inventario protagonizado por el abandono

El pasado arquitectónico va desapareciendo de a poco, al menos en algunas casas patrimoniales que lucen hoy destruidas, desgastadas, con ventanales sin vidrios.

La lista es amplia (ver recuadro). El Templo Masónico, ubicado en las calles Francisco Lavayen y Calixto Romero, que fue construido en los primeros años de la década del 40, tiene su fachada despintada, una biblioteca obsoleta e incluso pilares que están descascarándose, al igual que la antigua Cárcel Municipal, que por su abandono alberga en sus exteriores a consumidores y vendedores de drogas.

“Este fue el primer edificio de la ciudad y uno de los primeros del país que se construyó en hormigón armado; pero a nadie le importa la historia...”, opina Otto Bermúdez, residente.

“Aquí podría levantarse un parque, un teatro, un museo. Hay información suficiente para hacerlo, hay anécdotas, mitos que llaman la atención de la gente”, propone.

En el centro de la ciudad, donde se ubican decenas de infraestructuras más de este tipo, como las viviendas patrimoniales de las calles Víctor Manuel Rendón 212 -220 y Pedro Carbo, que están deterioradas y vetustas, los vecinos piden la remodelación. Lamentan que no exista la suficiente cultura, incluso por parte de la misma sociedad.

La necesidad de contar con una ordenanza que proteja los bienes

Una deuda con el patrimonio
Secuelas. La piscina donde se construye una estación de la aerovía.

Para recuperar estos bienes o evitar que otros se deterioren, el Municipio debe crear una ordenanza y una dirección de Patrimonio que permita actuar sin tener que depender del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC), sostiene el arquitecto Johnny Burgos, exfuncionario municipal que estuvo inmerso en la realización de un inventario de bienes patrimoniales en los noventa.

Pero no solo en una documentación legal está la respuesta. Es necesario que la ciudad cuente con más especialistas, no voluntarios, que conozcan sobre patrimonio arquitectónico y urbano y que estén académicamente preparados para esta labor.

“Aquí los procesos de intervención no son cualificados. La gente tiene muy buena voluntad, los profesionales del INPC, la Universidad de Guayaquil tiene excelentes arquitectos, generalistas, pero no expertos en recuperación de patrimonios”.

Si existiera autonomía jurídica y profesionales que conozcan la arquitectura e historia criolla guayaquileña, dice, el panorama sería otro.

Según la catedrática María Eloísa Velásquez, el tema debe mirarse de forma general. “¿Se están poniendo los recursos para los patrimonios que existen?, ¿han asumido los municipios esta competencia, cómo? Porque el caso de Guayaquil no es el único.

“Hemos perdido patrimonio en ciudades de la Costa que da pena. Es que los cabildos no tienen presupuesto. El tema no es una política pública consolidada en buenas bases. Es todo”.

Para Burgos, otro de los motivos que influye en el deterioro o pérdida de ciertos bienes radica en la falta de mantenimiento y en la idiosincrasia del guayaquileño. “Hemos perdido valores”. Si la gente no aprecia las hazañas que se dieron en esas estructuras, “significa que no es importante para la ciudad el lugar”. Y eso al momento de la recuperación influye y pesa incluso más que el hecho de haberlos vuelto inutilizables.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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