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Carta de la Esclavitud

Juan José Flores imaginó que los enormes poderes que le habían conferido le permitían mantenerse en el gobierno mediante la represión.

25 ago 2013 / 00:23

Juan José Flores, un ambicioso pero ciego político, imaginando ser un todo poderoso dueño y señor del país, que sentía que todos los poderes que tenía ya le quedaban cortos, decidió convocar a una nueva Convención Nacional para cubrir su dictadura con un manto de legalidad, dejando en la nada la Constitución de 1835. Buscó a sus servidores íntimos para instruirlos y contactar a las personas de su conveniencia que serían los representantes nacionales a tal asamblea. Fue así como en marzo de 1843 logró imponer una nueva Carta Política, la tercera, que evidentemente, con todo acierto fue conocida en el país como la Carta de la Esclavitud, cuyo resultado no fue otra cosa que la elección de Flores como presidente de la República por tercera vez.

A continuación, veamos un extracto de los puntos más limitantes de las libertades públicas, y los que otorgaban a Flores poderes tan absolutos, que han sido utilizados a gusto y conveniencia de algunos autócratas.

a).- El Congreso solamente estaba autorizado a reunirse una vez al año. Para reemplazarlo, el presidente crearía a una Comisión Permanente de cinco senadores que se encargaba de legislar y de fiscalizar al Ejecutivo, lo cual resultaba ocioso por cuanto era un cuerpo absolutamente dependiente del presidente (presidida por José Félix Valdivieso, y como vocales Joaquín Gómez de la Torre, Ramón Gortaire, José María Pareja y Mariano Miño).

b).- Los senadores permanecerían doce años en sus cargos y ocho los diputados.

c).- El periodo presidencial era de ocho años, pudiendo extenderse ocho más.

d).- La ley que hubiese sido vetada por el presidente, entraría en vigencia con la reiteración de la propuesta realizada por las tres cuartas partes de los miembros de ambas cámaras.

e).- Los ciudadanos de otros países colombianos y sus naturales que hubiesen contraído matrimonio con ecuatorianas y dueños de bienes con un valor de treinta mil pesos, podían acceder a la nacionalidad ecuatoriana.

f).- La Constitución facultaba por una sola vez a designar senadores principales y suplentes.

g).- Los regímenes municipales no tenían cabida en esta Constitución.

La aprobación de la nueva ley fundamental, que establecía un régimen absolutamente ajeno al republicanismo de la época y que dejó en claro las intenciones de Flores de perpetuarse en el poder, fue el toque que aumentó grandemente su desprestigio

En el artículo anterior relatamos que Rocafuerte expresó sus temores, en el sentido de que la nueva Constitución con sus “principios aristocráticos” tendía “a facilitar el camino de la tiranía”, y que pronto habría un conflicto entre la Constitución anterior y la nueva, que “puede convertirse en torrentes de desorden y de rebelión”. En conclusión dijo: “es una gran calamidad que mande el general Flores”.

En el semanario La Balanza, en sus editoriales de los días 8 y 15 de febrero y 14 de marzo de 1840, Antonio José de Irisarri, guatemalteco adepto a Flores advertía a la oposición diciendo que “el espíritu de partido” era inaceptable, “es siempre injusto cuando el partido no es el de la tolerancia ni el de la razón”. “Los partidos no producen otra cosa que animosidad, rencor y venganza”. Todo con la mal disimulada intención de hacerle ver que el general Flores estaba dispuesto a oponerse enérgicamente al surgimiento de un partido político organizado, dispuesto a desafiar al gobierno durante los próximos comicios. Pese a estas advertencias, no logró Flores intimidar a los grupos antifloreanos.

Durante el año 1843 Rocafuerte escribió una serie de catorce ensayos titulados A la Nación, de los cuales el primero publicó en Guayaquil, por lo cual se vio obligado a salir del país, y, los posteriores en Lima, en los que hizo alarde del dominio de la invectiva política, retratándolo “como disoluto, vulgar y tiránico”, “famélico aventurero”, “hijo espurio del Ecuador”, “traidor”, “meretriz política”, jefe de “una pandilla de etíopes”, y “genízaro.”

Flores imaginó que los enormes poderes que se le habían conferido, le permitirían mantener la calma mediante la represión, pero no fue así, la nueva Constitución generó una gran resistencia. Rocafuerte desde el exilio lanzaba feroces manifiestos denunciando el dominio que ejercían en el país los militares extranjeros.

A LA CARTA