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Cuando la vida se estrella

Las víctimas y familiares de accidentes de tránsito quedan con huellas físicas y psicológicas. Además, solventar los daños materiales y de salud los dejan con grandes deudas.

15 abr 2018 / 00:00

Un error, la imprudencia o un descuido al volante, son algunas de las causas de fatales accidentes de tránsito, que pueden dejar secuelas permanentes en la salud y la vida de los involucrados.

Un paseo familiar para conocer Manta, Manabí, se convirtió en una pesadilla para la familia de Stefania G. y sus dos hijos: Justo, de 7 años, y Sebastián, de 5. Ambos son sobrevivientes al accidente del bus que cubría la vía Guayaquil - Jipijapa, siniestrado el mes pasado.

En el siniestro murieron 13 personas y otras 25 quedaron heridas, algunas de gravedad, como los dos hijos de Stefania, quienes por el momento no pueden caminar. “Con Justo (el más afectado), debemos esperar un año para que pueda convalecerse, y con Sebastián está por verse”, lamenta.

La madre narra con angustia que la experiencia vivida los obligó a trastocar sus planes de vida. La desesperación la llevó a pedir dinero a ‘chulqueros’ para cubrir algunos gastos, y por su estado delicado de salud, no pudo continuar trabajando. Por lo que ahora solicita ayuda de las autoridades para comprar una camilla ortopédica especial para sus pequeños. Sebastián y Justo son muy activos, pero el accidente les ocasionó problemas que, al momento, dificulta su vida y la de su familia.

Guayas no lidera las cifras de accidentes de tránsito, pero sí las de lesionados y afectados. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), entre enero y febrero de 2018 hubo 1.165 personas afectadas. Las secuelas son diversas y, muchas veces, permanentes: la pérdida de extremidades (brazos y piernas), lesiones cerebrovasculares (como retardo y problemas de lenguaje), o desfiguraciones en el cuerpo o el rostro.

Además, para ser víctima de un accidente de tránsito no hace falta ir en un vehículo. A José Sigüencia, un automóvil le estrelló la vida mientras se dirigía a su trabajo. Las huellas que le dejó el siniestro, no le permiten relatar su historia, y su esposa lo hace por él. Laura Zúñiga, narra que el día que su esposo fue atropellado, él se dirigía a trabajar como bodeguero en el consorcio Puerto Limpio.

En una esquina de la cooperativa Unión de Bananeros, en el Guasmo Sur, a pocas cuadras de su vivienda, un automóvil lo embistió a velocidad, arrojándolo contra el pavimento, lo que le provocó un trauma de cráneo.

“Ahora le falla su memoria. No conoce a nadie, a mí me dice mamá, a la hija esposa. Le digo cepíllate los dientes y se pone la pasta en la cabeza. No recuerda ni su edad”, explica.

José dice que tiene 16 años, pero en realidad tiene 57. La discapacidad intelectual no es la única secuela que le dejó el accidente, pues, ahora mueve con dificultad su brazo derecho y tiene problemas de lenguaje.

La hija de José, Johanna Sigüencia, hasta el momento no logra creer “cómo nos desgraciaron la vida a la familia”.

Mientras recuerda a su padre, revisa con nostalgia un vídeo en el que se lo ve bailando en un festejo familiar. “Él era muy alegre. Yo siento rabia, indignación por lo que le pasó a mi papá”, expresa.

Mercedes Tapia, responsable de comunicación del Sistema para Pago de Accidentes de Tránsito (Sppat), explica que el desembolso de protección por discapacidad ante los siniestros tarda un mes, y “en algunos casos, menos”. Fecha que coincide con el pago que le realizaron a José. “El Sppat sí nos respondió con agilidad”, explica Laura. Sin embargo, ella también tuvo que pedir dinero prestado para solventar gastos al inicio del siniestro.

Cinco segundos cambiaron la vida de Vicente Jaramillo, de 34 años de edad para siempre. Una noche, el camión de reparto de botellones de agua que conducía tuvo una falla técnica y se impactó contra un poste en el km 26 vía a la costa. Iba con dos compañeros de trabajo; cuando ambos despertaron por el aparatoso siniestro, le dijeron: “Tranquilo no pasa nada”, pero él ya había mirado que su pierna sangraba y se doblaba como un papel. “Enseguida supe que perdí mi pierna”, narra Vicente. Ahora, está a la espera de que le ayuden con una prótesis que mejore su calidad de vida. Sin embargo, no puede ni podrá trabajar de la misma forma que antes. Además, “tengo que afrontar un juicio para que la compañía me pague el seguro, todo eso son gastos que no puedo cubrir”, lamenta.

En Guayaquil, la Autoridad de Tránsito Municipal (ATM) implementa fotorradares con la finalidad de prevenir accidentes fatales en las vías.

La semana pasada, ATM informó la reducción de accidentes en un 26 %. Sin embargo, a diario los siniestros viales cobran la vida de unos y a otros los dejan con la vida estrellada.

Seguro de accidentes

El Sistema para Pago de Accidentes de Tránsito (Sppat) es el organismo encargado de pagar la indemnización a cualquier persona que sufra un accidente de tránsito en el territorio ecuatoriano.

Mercedes Tapia, responsable de comunicación de la entidad, explica que si una persona sufre un accidente, debe tener atención gratuita inmediata en cualquier centro de salud público y privado. Sin embargo, manifiesta que algunos sanatorios privados cobran la atención a los afectados, “obligándolos a recurrir a préstamos”.

El Sppat no envió cifras por ciudad, pero los datos nacionales indican que el año pasado pagó aproximadamente $ 20 millones. Este año, hasta la fecha, el monto pagado ha sido de $ 7,5 millones. Entre los beneficiados, 37 personas fueron por discapacidad y 1.185 por fallecimiento.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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