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El ‘secuestro’ de 15 días a los vecinos de la calle 6 de Marzo

Una treintena de negocios atiende en los más de 156 predios establecidos a lo largo de las 14 cuadras de la calle 6 de Marzo. Desde tiendas hasta talleres.

07 dic 2017 / 00:00

En diciembre, la calle 6 de Marzo se convierte en la mayor concentración de monigotes del planeta. “No hay otro lugar que ostente ese récord”, dice orgulloso José Cruz Vallejo, nieto del iniciador de la tradición de fabricar monigotes de papel y madera en el país.

Una actividad que provoca que la cotidianidad de las familias y de los negocios que habitan y funcionan a lo largo de esos 1.400 metros de calle quede relegada a un segundo plano.

En algunos casos -y de manera obligada-, hay negocios que dejan de lado sus usuales ocupaciones. Los talleres mecánicos, las tiendas, los bazares, los restaurantes... todos se dedican a alojar a los pequeños talleres de monigotes.

Hay familias que alquilan el soportal de sus casas. “Nos cobran entre 50 a 150 dólares el mes”, dice uno de estos artesanos. Pero hay otros que pierden. “Desde el 15 de diciembre se vuelve complicado el ingreso a nuestros hogares”, aseguró Josefina Molestina, quien reside en uno de los edificios ubicados a lo largo de esta avenida.

Es que a continuación de la llegada de los fabricantes de monigotes se instalan en el lugar desde comedores informales y al aire libre, hasta vendedores de chucherías y promotores de empresas distribuidoras de electrodomésticos y servicios prepagos.

Algo que convierte la calle en un verdadero caos y termina por incidir en las actividades de las empresas y pequeños negocios formales instalados a lo largo de esta avenida.

Son estos vecinos los que cuantifican pérdidas económicas en los 15 días que dura lo que algunos de ellos llaman un “verdadero secuestro” que lo sufren de manos de una actividad que se ha vuelto una tradición en la ciudad y que este año las autoridades locales intentan controlar.

La iniciativa partió del jefe policial del Distrito Chile, Jaime Tirado, al que se han sumado la ATM, la Intendencia y el Cuerpo de Bomberos.

“Creo que es tiempo de que el Municipio busque un lugar adecuado donde reubicar a los fabricantes de muñecos”, dice de manera tajante Jorge Navas Valencia, dueño de la empresa La Casa de la Tobera. “Un sitio donde se les pueda abrir espacio a quienes vendan comida y refrescos. A los que ofrecen petardos. De tal forma que no perjudiquen a nadie”.

Mario Paredes Márquez, a cargo de un patio de compra y venta de autos, no es determinante. “Todos tenemos derecho de ganarnos el sustento económico para nuestros hogares, pero creo que la situación en la calle 6 de Marzo se vuelve crítica en las últimas semanas de diciembre. Esto se vuelve tierra de nadie”.

Igual criterio tiene Anthony Villalva Álava, gerente de Diesel Motores; Alberto Bajaña Salazar, de Termo Técnico; Moisés Lucero Perrone, de Oxi Weld; Juan Carlos Blum, de la Papelería Estrellita, y Joffre Peñafiel Sánchez, de la mueblería El Guayacán.

Todos consideran que las ventas en sus negocios decaen entre un 60 y un 70 %, cuando llega la corta temporada de monigotes. “Mientras ellos ganan, nosotros perdemos”, dice Jorge Navas, a manera de un reclamo formal.

El claroscuro de la tradición

A FAVOR

Con más de 30 años

La fama de la 6 de Marzo y la fabricación y venta de monigotes ha trascendido fronteras. Turistas extranjeros y nacionales recorren eventualmente las 14 cuadras de la exhibición. La calle se convierte en un gran supermercado de muñecos de papel, cartón y madera al aire libre y es un lugar de visita tradicional de los guayaquileños en diciembre.

EN CONTRA

Un lugar para el caos

Durante 15 días no solo los fabricantes de muñecos se concentran en esta calle. Llegan todo tipo de comerciantes informales que se pelean los pocos espacios. Saturan no solo las veredas, también los soportales y hasta la acera. Es en contra de esto que están muchos vecinos que tienen sus negocios y habitan en esta calle.

La historia

Los Cruz y los muñecos

En la 6 de Marzo convergen miles de fabricantes de monigotes, pero la mayoría de ellos tiene presente un apellido: Cruz. Corresponde a un grupo de artesanos que innovaron la modalidad de fabricar años viejos. Antes se cosía ropa vieja y se los rellenaba de paja. Uno de ellos José Cruz Rengifo, ya fallecido, fue quien enseñó a los primeros fabricantes que desde los años 80 comenzaron a instalarse en la esquina de la calle San Martín.

A LA CARTA