El colombiano Oliver Solarte Cerón, considerado el operador logístico del bloque Sur de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), pasaba largas temporadas en Santo Domingo de los Colorados, en una casa ubicada en el sector denominado La Pollera, en los altos del río Toachi.
Desde esta ciudad, que tiene 331.126 habitantes, este hombre de 1,85 de estatura, buscado por la fuerzas militares y policiales de su país, hacía los contactos con las bandas de narcotraficantes que sacan la droga desde los centros de producción en Colombia hasta los puntos de embarque en las costas ecuatorianas de Esmeraldas, Manabí, Guayas y El Oro.
Durante su estadía en Santo Domingo, convertida hoy en provincia, Solarte Cerón contaba con la protección de dos personas que tenían vínculos con el policía del Grupo de Apoyo Operacional (GAO), Pablo Miguel Córdova Coronel.
El oficial fue detenido durante el operativo Huracán de la Frontera por ordenar protección policial a Jefferson Ostaiza Amay, supuesto líder de la banda de narcotraficantes que intentó sacar más de 8 toneladas de clorhidrato de cocaína (dos cargamentos) por las costas de Esmeraldas, entre octubre de 2007 y septiembre de 2008.
En su declaración sin juramento rendida el pasado 22 de octubre ante el fiscal antinarcótico Jorge Solórzano, el oficial Córdova aceptó que eran sus informantes dos hombres que constan en una fotografía incluida en el proceso. Dijo que uno se llamaba Geovanny Chávez y que lo conoció mientras trabajaba en el Grupo de Apoyo Operacional de Quito. El otro, del cual no dio el nombre, fue su contacto en la ciudad de los Tsáchilas.
Pero Córdova negó conocer al guerrillero Oliver Solarte Cerón o a su padre, Julio Solarte Rodríguez, a quienes sus informantes les dieron protección en Santo Domingo, durante algunos años.
La Policía no ha logrado establecer si estas dos personas también eran las encargadas de custodiarlo durante sus continuos desplazamientos por las provincias de Esmeraldas, Pichincha y Sucumbíos, que se convirtieron en sus lugares de operación.
El viceministro para las Políticas y Asuntos Internacionales del Ministerio de Defensa de Colombia, Sergio Jaramillo Cano, ya había alertado de la presencia de este personaje en la frontera común, por donde se cree que sale la mayor parte de la droga que es enviada a los Estados Unidos.
El 16 de octubre de 2008, un mes después del operativo antidrogas Huracán de la Frontera que incautó 4,7 toneladas de droga en Campanita (San Lorenzo), el viceministro colombiano dijo: “nos preocupa en particular el fortalecimiento, las conexiones entre carteles mexicanos y las FARC. Los carteles mexicanos están comprando directamente a las FARC”.
Añadió que “estamos oyendo cada vez más que hay un personaje de las FARC que se llama Oliver Solarte, que anda por la frontera colombo-ecuatoriana y hasta donde él llegan directamente narcotraficantes mexicanos a comprar”.
Para entonces, los agentes encubiertos de la Policía, que trabajaban en Santo Domingo, ya habían hallado pistas de Solarte en esta ciudad, donde habita una gran cantidad de colombianos, y de los nexos que tenía con traficantes de precursores químicos, que abastecían al grupo rebelde a través de una bien montada red de tanqueros y plataformas de camiones que circulaban entre Esmeraldas-Santo Domingo-Quito-Lago Agrio.
Reuniones secretas
En la ciudad de los Tsáchilas, Solarte Cerón hizo contacto con Jefferson Ostaiza Amay, quien -en menos de dos años- compró haciendas, empresas, camiones, vehículos e instaló una empresa de producción de balanceados en el km 8,5 de la vía Santo Domingo-Quevedo.
Pero ninguno de los bienes inmuebles incautados en esa ciudad, dentro del operativo antidrogas Huracán de la Frontera, están inscritos en el Registro de la Propiedad a nombre de Jefferson Ostaiza o de sus hermanos Édison y Miguel.
No obstante, Ostaiza se mostró como un hombre de dinero, dispuesto a invertir en la provincia en los sectores de ganadería, agricultura, balanceado y en el transporte de carga.
Quienes lo conocieron y que prefieren negarlo públicamente, cuentan que Ostaiza trató de acercarse a las personas que tenían algún poder de decisión en la provincia y a los grupos policiales que tenían el control de la ciudad. Siempre lo hizo bajo el argumento de que necesitaba protección para sus negocios, ante el nivel de inseguridad que había en la provincia.
Aunque no iba a reuniones sociales, en varias ocasiones acudió acompañado de unos colombianos a la gallera El Buijo, ubicada en el baipás de la vía Quevedo-Quito, a la altura de la cooperativa de vivienda La Cadena. El sitio también era frecuentado por el policía Pablo Córdova y el coronel (r) de la FAE Hugo Guerrón Almeida.
Persecuciones en caliente Durante años, los grupos antinarcóticos y las fuerzas militares de Colombia han estado tras los pasos del líder guerrillero Oliver Solarte Cerón, considerado el operador logístico del bloque sur de las FARC y el nexo directo con los carteles de la droga de México.
Su persecución incluso provocó un incidente diplomático entre los dos países en 2006. El 15 de octubre de ese año, los ecuatorianos Blanca Fidelina Vega y Masael Monar murieron en un confuso incidente registrado en el fronterizo río San Miguel, que divide a la provincia de Sucumbíos con el departamento colombiano del Putumayo.
Colombia dijo entonces que el incidente fue consecuencia de un operativo militar “para capturar al dirigente de las FARC, Oliver Solarte Cerón”, que estaba acompañado de los dos ecuatorianos. Incluso dijo que el líder subversivo fue herido en uno de sus hombros durante el enfrentamiento.
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Informes secretos
El relato de un hombre, que durante 10 años fue informante de la Policía Nacional, permitió conocer el lugar en donde permanecía el líder guerrillero Oliver Solarte Cerón, cada vez que llegaba desde Colombia.
Una pista desde 2005
Los rastros del guerrillero de las FARC en Santo Domingo de los Colorados comenzaron a registrarse desde 2005. De esta información solo conocían los servicios secretos de la Policía Nacional.
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