La tranquilidad de los habitantes del recinto Colope, de la parroquia Camarones (cantón Río Verde), comenzó a trastocarse en los primeros meses del 2007. Un desconocido, Luis Bastidas Lliguin, llegó a tomar posesión de la finca que compró a los esposos Joffre Mendoza y Radis Cortez.
Desde entonces, a las 52 hectáreas de la hacienda El Algarrobo o Aromo, ubicada a tres y medio kilómetro de la entrada principal de este recinto de Río Verde, en la vía Esmeraldas-San Lorenzo, ningún vecino se atrevió a entrar durante el día, peor en la noche.
Carmen Quiñónez Cañola, de la finca vecina, recuerda que a las ocho de la noche empezaban a escucharse los disparos de armas de fuego que infundieron temor en ella y en el resto de habitantes de esta población ubicada a escasos 15 minutos del aeropuerto de Tachina (Esmeraldas) y a menos de dos horas de San Lorenzo.
Al principio, la comunidad pensó que se trataba de un nuevo sistema de seguridad para evitar el robo de las reses que habían llevado a la finca.
Pero las sospechas de que se trataba de algo más comenzaron cuando, durante las noches, escuchaban pasar vehículos por el único camino carrozable que existe y en el día los veían parqueados en la finca de Luis Bastidas Lliguin.
“Eran carros grandes, unos con vidrios oscuros que no habíamos visto antes por la zona y que tampoco volvimos a ver desde que llegó la Policía a incautar las 3,7 toneladas de droga que tenían escondidas allí (20 de octubre de 2007)”, recuerda Alberto Quiñónez.
Este hombre delgado de tez negra, cerca a cumplir los 70 años, pasaba por el lugar cada vez que iba a visitar a sus parientes. Pero tanto él como los demás vecinos apenas alcanzaban a distinguir, desde la vía de tierra, a los extraños visitantes, algunos con acento colombiano, que evitaban ser vistos.
Llegaban a Colope, unos por la vía Santo Domingo-Esmeraldas-Río Verde y otros por la Río Verde-San Lorenzo (frontera con Colombia), para mantener reuniones y comilonas durante la noche.
Según el acta de entrega-recepción de bienes muebles e inmuebles de la Policía al Consep, en El Algarrobo también hallaron 4 cilindros de gas, un congelador Whirpool, una cocineta de cuatro hornillas y 18 cucharas, 18 platos hondos y 18 tendidos, 18 tazas, 6 ollas de aluminio y una olla de presión.
Según agentes antinarcóticos, la finca no solo fue el escondite de las 3,7 toneladas de clorhidrato de cocaína encontradas allí el 20 de octubre de 2007, durante la ejecución del operativo Huracán Verde.
El Algarrobo también fue el lugar de reunión de los miembros de la banda de narcotraficantes, liderada presuntamente por los hermanos Ostaiza, con los proveedores de la droga de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
En el operativo Huracán Verde se detuvo, además de Bastidas, a Óscar Guerrero Jaramillo, William López Ponce, Ramón Garzón, Santos Guarnizo Loayza, Ángel Riascos Enríquez y Jesús Enríquez Rivera (hermano de Ángel). Pero solo tres fueron condenados el 10 de septiembre de 2008. A Bastidas le impusieron una pena de 16 años de reclusión mayor extraordinaria y a Guerrero y López, 8 años, por encubridores.
Los demás (Garzón, Loayza, y los hermanos Riascos y Enríquez) habían recuperado su libertad seis meses antes. El juez tercero de lo penal de Esmeraldas, Víctor Villamar Chica, emitió las boletas de excarcelación el 18 de marzo del mismo año, por considerar que no tenían participación en el tráfico de drogas.
Aunque la justicia exculpó a Ángel Riascos Enríquez y Jesús Enríquez Rivera, los agentes de antinarcóticos les siguieron los pasos por Santo Domingo de los Colorados (donde ambos habitaban) Esmeraldas, San Lorenzo, Quito y hasta Lago Agrio (Sucumbíos).
Aquel seguimiento les permitió detectar a sus hermanos Édgar y Doris Riascos Enríquez. Esta última es una de las dos convivientes de Jefferson Ostaiza Amay, quien a su vez estaba emparentada con la mujer de Luis Ferrín Reina, Verónica Morales Riascos.
El submarino
Los Riascos y Ferrín fueron identificados por los agentes como los encargados de transportar el clorhidrato de cocaína hasta las costas de Esmeraldas, desde donde se pretendía sacarlo en un semisumergible que estaba construyéndose en la orilla norte del Mataje, en el filo de la frontera del departamento colombiano de Nariño con Esmeraldas.
También ellos fueron los encargados de llevar en un camión de placas PYB-248, desde Lago Agrio hasta San Lorenzo, una lancha de fibra de vidrio para transportar la droga y las piezas para el motor de un semisumergible.
La hélice y el eje de este submarino fueron hallados, por miembros del Batallón de Infantería de Marina de San Lorenzo, a poca distancia de la hacienda La Campanita, del sector Pampanal, donde el 15 de septiembre de 2008 fueron incautadas las 4,5 toneladas de droga de los Ostaiza Amay.
El clorhidrato de cocaína estaba al cuidado de Rodolfo Amburgo Coloma (detenido), un hombre de confianza de Jefferson Ostaiza, que trabajó en su fábrica de balanceados Vipalimentos (kilómetro 8 1/2, de la vía a Quevedo). Amburgo vivió, por algún tiempo, en las calles Simón Bolívar y García Márquez, en la cooperativa Marina Peñaherrera de Santo Domingo de los Tsáchilas, a tan solo tres cuadras de la casa de seguridad del Grupo de Apoyo Operativo (GAO) que dirigía el oficial Pablo Córdova Coronel (preso, vinculado a la red de narcotráfico) y a la que fue Jefferson Ostaiza a verlo a él para pedirle protección.
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San Lorenzo, el escondite Pescadores de la comuna Engunga (parroquia Chanduy, península de Santa Elena) dijeron haber visto una especie de tanque flotando en el mar, cerca de la camaronera donde a fines de agosto de 2007 fueron incautadas 5,6 toneladas de clorhidrato de cocaína del cartel del Valle del Norte.
Nadie puso mayor atención a esas versiones porque entonces se dijo que el alcaloide incautado durante el operativo Huracán Azul, iba a ser sacado a través de las lanchas rápidas halladas enterradas en las camaroneras junto con los motores fuera de borda.
Pero ya en ese tiempo los agentes antinarcóticos sospechaban de la utilización de semisumergibles en el tráfico de alcaloides desde Ecuador, más aún porque la droga era del cartel liderado por el colombiano Diego León Montoya Sánchez (preso en EE.UU.).
A esta red se le atribuye la mayor parte de los cargamentos de alcaloides hallados en los submarinos capturados por guardacostas estadounidenses: tres en el 2006, 40 en el 2007 y casi una centena en el 2008. Estos pueden llevar hasta 12 toneladas de droga.
A pesar de las sospechas, los agentes no hallaron indicios para confirmar la información hasta después del operativo Huracán de la Frontera del 15 de septiembre de 2008.
Durante el rastreo de la zona, infantes de Marina descubrieron una hélice y un eje de un semisumergible que, días después, fue descubierto a menos de un kilómetro, pero en territorio de Colombia. Estaba construido en un 85%.
En la misma zona del cantón San Lorenzo, en donde hay una infinidad de islotes y esteros, la Marina detectó un laboratorio de producción de clorhidrato de cocaína (Campanita) y otras 3,9 toneladas de droga enterradas en la arena de El Brujo.
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