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La demanda de plantas dinamiza al sector
Expertos en plantas tienen más trabajo por nuevas urbanizaciones levantadas en la vía a La Costa y Samborondón, donde la mayor parte de las casas tiene jardín en la parte frontal. El oficio de los jardineros resurge con ciudadelas Redacción Guayaquil
Nueve de la mañana. Es un sábado y a la urbanización Villa Club, en la etapa Cosmos, se mudaron nuevos vecinos el día previo, la familia Burgos. A esa hora, don Pedro López llegó a la vivienda, recomendado por unos familiares para realizar el mismo trabajo que había hecho una semana antes: sembrar césped, palmas pequeñas y flores de distintos colores. Ocho horas más tarde el suelo tono marrón de la mañana lucía matizado por un mosaico de colores, dibujados por las flores, rosas y el césped frondoso. Es la labor que hace López y se ha vuelto constante los últimos tres años de lo que sucedía hace diez años, cuando los trabajos de jardinería se conseguían solo en ciudadelas de nivel socioeconómico alto y él era un aprendiz del oficio. Tanto así que en Milagro, que es de donde proviene la mayor parte de las flores que se siembran en Guayaquil, se han abierto unos 200 viveros en los últimos 5 años, dice Isabela Córdova, propietaria de Jardín Chabelita, el primero del recinto Banco de Arena, de ese cantón. Cincuenta, cien, doscientos, trescientos o quinientos dólares.. los ingresos son continuos, pero “dependen de los metros cuadrados que uno siembre, el diseño y de los días que uno demore en terminar la obra”, comenta el jardinero. La historia de Marco, el segundo de tres hermanos que viven de la jardinería, es similar a la de López. Al mes, llega a percibir un sueldo de entre $ 400 y 500 por sembrar jardines o mantenerlos saludables. Por este último servicio, sostiene, tiene cinco clientes fijos que le pagan 40 dólares al mes, por dos visitas quincenales. “Tengo un sueldo mejor que el de años atrás, pero el gasto también es mayor”. Si bien hace unos cinco años empezó a resurgir este oficio, que les asegura una renta estable, mejor les va a los viveros que se levantan no solo en Guayaquil sino -en gran número- en Milagro. En el caso del vivero Chabelita, “el 80% de mis clientes esguayaquileño”, señala su propietaria. Hace 5 años, Norma Lascano empezó su vivero con una inversión de 2.000 dólares. No tiene ordenadas ni registradas sus cuentas, pero asegura que hay días en los que vende unos 100 dólares y los fines de semana puede trepar a 300 dólares, “especialmente los domingos”. Junto a su negocio, sus tres hermanos también tienen su propio vivero. Freiga, uno de los más grandes de la zona, ha crecido junto a la regeneración urbana levantada por el Municipio de Guayaquil y nuevas ciudadelas de esa ciudad. Despachan pedidos del Municipio de Babahoyo y urbanizaciones del mismo cantón. Al mes se venden unas 1.200 plantas, dice la administradora Zorayda Alvarado. Y en el vivero de Isabel Córdova la demanda mensual promedia las 1.000. El precio de venta en Milagro motiva la demanda guayaquileña. El valor es hasta el 80% menor. |
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