miércoles 10 de marzo del 2010 | Actualizado 13:39 (GMT -5)

 
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Las Aventuras del creador del American Park
La tenacidad de Baquerizo Moreno cambió a Guayaquil
No solo instaló el primer parque de diversiones de la urbe. Se hizo cargo también de los tranvías e importó el primer ómnibus. Su hijo Carlos habla de su historia. Redacción Guayaquil
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Sobre una de las mesas de su sala en el condominio San Remo, en Urdesa, Carlos Baquerizo Sotomayor conserva la foto de su padre. “Ningún otro hombre, que yo recuerde, ha hecho tanto por la ciudad con su propio dinero”.

Lo dice orgulloso al referirse a Rodolfo Baquerizo Moreno, el creador del American Park, primer centro de diversiones que tuvo Guayaquil y que se levantó a orillas del estero Salado en 1922.

Era su sueño. Desde que vio uno de los complejos de distracciones en Coney Island se impuso el reto de levantar uno en la urbe, con una rueda moscovita idéntica a la que cautivaba a los norteamericanos.

Consiguió, tras varias gestiones, que el Municipio le arriende un terreno de 25.000 m2 que poco después aumentó en 7.000. Pero para ello tuvo que rellenar aquel sector en el que hasta ese entonces solo había manglares. Lo incentivaba darle a la ciudad, de 120.000 habitantes, un sitio para el esparcimiento familiar.

Carlos, de 94 años y el único de los nueve hijos que le sobrevive a Rodolfo Baquerizo, cuenta que allí su padre construyó no solo piscinas sino pistas de patinaje, canchas de fútbol, y hasta un ring de box y plaza de toros. También fue el escenario de artistas nacionales y extranjeros y concursos de baile.

El plan era completo. Buscó la forma de que los ciudadanos lleguen hasta el American Park, así que importó el primer ómnibus que circuló en la urbe, y por el que cobraba diez centavos.

Carlos Baquerizo asegura que el parque de diversiones, que funcionó durante 44 años y donde ahora se levanta la Plaza Rodolfo Baquerizo Moreno, no fue su única pasión.

Para 1928, la Empresa Eléctrica del Ecuador Inc. le cedió la concesión de los tranvías y, según datos históricos, extendió las líneas Norte-Sur y Este-Oeste (Alfaro-Hospital, Colón-Vélez, Colombia-Junín...).

Pero poco a poco este hombre que fue alcalde, gobernador y fundador del Club Rotario de Guayaquil vio diluir sus sueños. El Municipio comenzó a retirarle los terrenos hasta que se quedó sin el lugar donde funcionó el parque y recibió una mínima indemnización.

Los tranvías también fueron retirados pues se aseguraba que causaban daños a la red de tuberías de agua potable.

Vivió hasta los 96 años y hasta ese entonces uno de los reconocimientos que recibió fue en 1954 de Mejor Ciudadano. Los otros, dice su hijo Carlos, quien destacó en la parte bancaria, llegaron después de su muerte “cuando los guayaquileños reconocieron los aportes que este hombre entregó a la ciudad”.