Al mediodía del miércoles 7 de septiembre, Ignacio Cantos fue asaltado en su negocio, la farmacia Inglaterra, ubicada en la avenida principal de La Garzota II (norte de Guayaquil). Sujetos armados lo hicieron meterse al fondo del local. Mientras unos se apoderaban de medicinas y dinero, otro le decía a los clientes que no había servicio, pues estaban en inventario.
Un patrullero policial circulaba por el lugar. En un rápido operativo, los gendarmes detuvieron a tres presuntos antisociales. Entre ellos estaba un menor de 17 años, quien vestía el uniforme del colegio donde estudiaba.
El resto de la banda se llevó parte del botín. Las pérdidas superaron los 7.000 dólares. Este fue un duro golpe para Cantos, ya que se trataba del tercer asalto que sufría el negocio desde su inauguración en noviembre de 2008. El primero ocurrió un mes después de abierta la farmacia, el 15 de diciembre. Cinco individuos lo amarraron y se llevaron mercadería y dinero por $ 12.500. El segundo fue a los pocos meses.
Este tercer atraco hizo que el farmacéutico pensara en cerrar su local, en el cual ha invertido capital, esfuerzo y sueños. Según Cantos, “mi esposa y yo hablábamos de dejar el negocio, pues no era rentable. A los ladrones, por esa mercadería de $ 7.500, les darán 1.000 ó 2.000 dólares. Y uno es que el que queda con la deuda. Los negocios se manejan con crédito y uno tiene que cancelarlos. Los proveedores no dan plazos. Así son las reglas del juego”.
Así como Ignacio Cantos, muchas personas y empresas sufren a diario pérdidas económicas debido a la delincuencia. El robo de un carro es, para el perjudicado, un golpe difícil de asimilar. Más si la persona trabaja en el vehículo y es el sostén de la familia.
Según las cifras de la Espol con base en las denuncias presentadas en la Fiscalía, el robo de vehículos ha registrado un repunte desde 2007. En el mes de abril del presente año, este delito tuvo 282 denuncias, el número más alto en los últimos 3 años (ver gráfico). De igual forma, el robo agravado (con violencia) ha registrado un repunte desde 2007, superando las 600 denuncias al mes.
Los números reflejan una problemática de inseguridad en Guayaquil. Sin embargo, más allá de las frías estadísticas son las historias de las víctimas las que muestran la realidad. Estas personas pagan el precio económico que impone la delincuencia.
Eliana García se llevó una desagradable sorpresa el 19 de agosto, cuando salió del gimnasio al que habitualmente acude en la ciudadela Kennedy Norte.
La ventolera de su Chevrolet Spark azul había sido rota y los antisociales le robaron el radio, la llanta de repuesto y otros accesorios. Puso la denuncia y se contactó con la Policía. Los gendarmes le dijeron que esa noche, en la Kennedy, Urdesa y Miraflores, ocurrieron varios robos de accesorios. “Al parecer anda operando una banda de accesoristas”, le dijo el policía.
Aunque el vehículo está asegurado, Eliana tuvo que pagar la prima del seguro, que ascendió a 180 dólares. Meses atrás le habían robado un espejo retrovisor, cuya reposición le costó $ 25. En ese entonces no puso la denuncia, por lo que ese hurto no quedó registrado en las estadísticas policiales ni de la Fiscalía. Hablando con amigos, se enteró de que muchos también habían sufrido en algún momento robos menores, y que como ella decidieron no denunciarlos porque “es más el trámite que toca hacer”.
Todos decidieron asumir las pérdidas causadas por la inseguridad. Pero la rabia e impotencia por haber perdido un bien obtenido con trabajo y esfuerzo, es para ellos imposible de calcular. A esto se suma la perdida sensación de seguridad, reemplazada ahora por la zozobra de no saber en qué momento serán de nuevo víctimas de la delincuencia.
De esto puede hablar Ignacio Cantos, quien finalmente optó por continuar con su farmacia. “¿Adónde me iba a ir? Si en todas partes hay inseguridad. Imagínese, en Lomas de Urdesa mataron a una mujer y su hija, en su propia casa. Por eso volví a empezar. Me tocó pedir uno o dos de cada producto, mientras antes pedía 10 ó 15. Eso baja las ganancias. En un solo cartón se fueron más de 800 dólares durante el asalto”.
Pero no es el único gasto. Va a poner vidrios, cámaras y alarma. En todo invertirá cerca de 3.000 dólares. “Esto tiene su costo y ese costo lo provoca la delincuencia. Después del robo uno queda golpeado económicamente, sin mercadería, pero tiene que endeudarse como sea para poder seguir”.
|
Ricardo Vanegas
Propietario de seguridad Sefiem
“Las empresas de seguridad hemos sugerido a la Policía crear una frecuencia de radio, a través de la cual todas podamos comunicarnos directamente. Así, cuando exista un hecho delictivo, informar a la Central de Radio policial por ese canal. Pero hasta el día de hoy no tenemos respuesta. En países vecinos, los guardias de seguridad son una fuerza de apoyo a la Policía”.
Juan Ruales
Jefe comando de policía guayas
“La Policía está trabajando. Las estrategias que realizamos no son siempre las mismas. Nosotros determinamos el lugar, la hora y en toda la ciudad se hace el mismo operativo. Tenemos en los buses de servicio urbano personal de civil, trasladándose de un lugar a otro. Sobre los vehículos que dio el Municipio, no están guardados ni mal usados. La Policía los está usando”.
Vicente Maldonado
Víctima de asalto
“El 11 de septiembre fui asaltado con mi esposa por sujetos armados. Se llevaron mi billetera con los documentos y tarjetas de crédito. La reposición de los plásticos me costó $ 5 cada uno. En el Registro Civil Municipal la renovación de la cédula costó $ 10, pero por dejarme robar, $ 12. En abril renové la licencia y costó $ 40. Pero para la reposición, tuve que pagar $47,50”.
|
|
Las cifras de la Espol muestran que desde 2007 las denuncias por delitos contra las personas han aumentado, alcanzando sus puntos más alto entre junio y agosto de 2009. Pero el conjunto de los delitos contra la propiedad muestra tendencia a la baja en el presente año (ver gráfico). Esto muestra que aunque existen menos delitos, se ha incrementado la violencia con que actúan los antisociales. Por ello tienen más impacto.
El coronel Juan Ruales, jefe del Comando de Policía Guayas No. 2, considera que este tipo de delitos “es un problema de salud pública. Hay que hacer un estudio epidemiológico respecto a estos temas, por qué se cometen esos delitos. Talvez hay una influencia de bandas delictivas que vienen de fuera del país, que tienen esa agresividad en otros países y están contagiando a nuestros ciudadanos”. El oficial aseguró que “la victimización es del 14% y la percepción de inseguridad, es del 40%. Tenemos problemas en que capturamos bandas delictivas y a la semana, las vemos de nuevo en la calle, operando de la misma forma”.
Actualmente, la Policía Nacional cuenta con 6.620 efectivos en Guayas. De estos, hay 3.164 gendarmes de tropa y 175 oficiales en Guayaquil, para un total de 3.278 uniformados. Esta semana se incorporaron a la institución 197 empleados civiles en la provincia, para puestos administrativos. Igual número de policías salió a reforzar los patrullajes en las calles. (JCH)
|