domingo 14 de marzo del 2010 | Actualizado 13:39 (GMT -5)

 
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El chico de los botines de oro Personaje. El fichaje más caro de la historia del fútbol vivió en una humilde casa. Su madre sacó adelante el hogar, porque su padre era alcohólicoCayetano Ros. Especial de El País

Cristiano Ronaldo ya está en la cima. Desde allí se permite retozar con Paris Hilton o desplazarse con su séquito por Estados Unidos, mientras su equipo de representantes negocia con el Madrid los términos de un contrato astronómico.

Cristiano prevé ganar unos 23 millones de euros en la próxima temporada: los 13 de salario que le pagará el Madrid y los 10 que espera ingresar por publicidad. Cederá el 40% de sus derechos de imagen al Madrid. Jorge Mendes se llevará 9,6 millones de comisión que le abonará el Manchester United. Eso sí, ya no vivirá como en Inglaterra, en una mansión a las afueras, sino que busca en la capital española un lugar más discreto para entrar y salir sin llamar mucho la atención. Teme a los paparazzi.

En medio de la crisis, el mundo discute sobre la indecencia de pagar 94 millones por el traspaso más caro de la historia, pero Ronaldo, de 24 años, sigue de vacaciones. Orgulloso de haber llegado hasta aquí. Nadie le regaló nunca nada. Su familia nació en una casucha diminuta de tejado de uralita, hoy convertida en un solar, en el centro de Funchal (110.000 habitantes), la capital de la isla de Madeira.

La iglesia de Santo Antonio es el edificio más emblemático. Su padre, Dinis, era un jardinero municipal con problemas con el alcohol. Y su madre, María Dolores, limpiaba y cocinaba en casas ajenas.

Al fútbol llegó a través del Andoirinha, el pequeño club que acogía a los niños más pobres de la isla y donde Dinis colaboraba. La pareja tuvo cuatro hijos, uno de ellos, el más pequeño, con una genética extraña. En los infantiles, Cristiano era frágil y bajito.

Un día, su madre le dijo que comiera dos platos de sopa antes de las comidas. Siguió la receta y no tardó en ser conocido como abejita, por el físico limitado y por el correr zigzagueante y de pasitos que aún hoy conserva. En contraste con las largas piernas de quien mide 1,85 metros de estatura y pesa 85 kilos. Un cuerpo de sprinter de 100 ó 200 metros como el de su amigo y campeón europeo de la distancia Francis Obikwelu.

Pero el gran motor de su carrera no ha sido el físico privilegiado, sino el amor propio. Huir de una isla en medio del Atlántico, hacerse cargo desde muy joven de una familia amenazada por el alcohol y las drogas e ir esculpiendo su cuerpo y su mente hasta convertirse en una estrella. Ese ha sido el camino que trazó desde que, a los 17 años, cuando debutó en el Sporting de Lisboa, un veterano le advirtiera en un entrenamiento de que iba demasiado revolucionado: ‘¡Tranquilízate, hombrecito!’. A lo que Ronaldo, airado, le replicó: ‘¡A ver si me llamas así cuando sea el mejor del mundo!’, recuerda Leonel Pontes, uno de sus entrenadores en el Sporting, donde Cristiano estuvo siete años, desde 1996 hasta 2003.

Riguroso en los horarios, abstemio y fervoroso antitabaco, Ronaldo tiene en la familia el sustento psicológico. Su cuñado José Pereira, Zé, el marido de su hermana Cátia, es una especie de secretario, conductor, consejero y cocinero.

Los hermanos, Elma, Cátia y Hugo, pasan temporadas con él. Pero la que echa raíces es su madre, María Dolores, una aficionada al Sporting a la que Ronaldo adora por las dificultades que tuvo para criarlos. Le concede todos los caprichos: una casa en Funchal, un Mercedes, un BMW.
“Fui siempre su pequeño y aún me trata como si fuera un bebé. También es una amiga a la que le pido opinión”, dice de ella el jugador.

Una mujer sencilla que ahora luce gafas de Prada, relojes a juego con pendientes de Calvin Klein y se desplaza en los aviones fletados por su hijo. “Todo el dinero que gana va a una cuenta conjunta con mi nombre y el suyo”, confiesa la madre. A la familia, que no le falte de nada. La primogénita, Elma, de 35 años, regenta una tienda de ropa llamada CR7, la marca registrada por el jugador en la que coinciden las iniciales de su nombre y el dorsal que ha llevado seis años en el Manchester. La segunda hermana, Cátia, de 32, eligió el nombre artístico de Ronalda para lanzar su carrera de cantante pop. Y ha grabado dos discos.

El momento más duro de su vida ocurrió momentos antes de un partido contra Rusia, clasificatorio para el Mundial de Alemania 2006. El seleccionador de Portugal, Luiz Felipe Scolari, lo llamó a su habitación para comunicarle que su padre había muerto.

“Nunca olvidaré la conversación. Me marcó profundamente. Noté que él también había vivido algo parecido cuando se puso a llorar y lloramos los dos’, explicó el jugador. Dinis Aveiro murió a los 52 años víctima de una insuficiencia hepática y renal. Scolari le autorizó a marcharse, pero él prefirió jugar. “Quería hacerle un homenaje a mi padre. Sabía que el dolor pasaría y lo importante era continuar mi trabajo”.

Ronaldo no pudo salvar a su padre, pero sí a su hermano Hugo, de 34 años, hoy al frente de una fábrica de pinturas con 15 empleados, desintoxicado después de varias curas antidrogas. Dolores ganaba 600 euros al mes cuando pidió un préstamo para el primer tratamiento a Hugo. A los 16 años, Ronaldo ya le pagó el segundo. “Las cosas habrían sido diferentes de no haber sido futbolista”, admite Dolores, de 54 años. “Cristiano ha visto lo que el alcohol y las drogas pueden hacer a la gente cercana y eso es parte del secreto de lo que es. Dinis bebió hasta la tumba y eso dejó a Cristiano devastado. Él amaba a su padre y le hubiese encantado que viera el jugador que es hoy”.

Cristiano y Dinis fueron inseparables antes de que dejara la casa de Funchal. El nombre, Cristiano Ronaldo, es un homenaje al actor favorito de su padre, el ex presidente de Estados Unidos Ronald Reagan.

Datos

50.040 DÓLARES DIARIOS
Es lo que percibirá diariamente Cristiano Ronaldo en el Real Madrid. Su rescisión de contrato es de 1.000 millones de euros.

600 DÓLARES AL MES
Ganaba María Dolores, la madre del portugués, limpiando y cocinando en casas ajenas.