Ocho años después de que EXPRESO publicó la denuncia sobre el tráfico de menores desde Santiago de Quito y otros sitios del cantón Guamote, Chimborazo, hacia Colombia y Venezuela, entre otros países, recién este año se pudo analizar el tema en la comunidad.
Una sesión planteada por el Instituto de la Niñez y la Familia (INFA) reunió a la mayoría de los actores, incluso a quienes no se había tomado en cuenta.
Santiago de Quito, población ubicada a orillas de la laguna de Colta, en el cantón del mismo nombre, fue el sitio escogido para la cita en la que los habitantes pidieron que se les quite el estigma de “traficantes de menores”.
Pedro Yauripoma, dirigente comunal, fue el más enérgico en su discurso. “La prensa difunde mal nuestra realidad, nos duele porque lo del tráfico y la trata no es verdad, esta parroquia tiene 29 comunidades. Digan de forma clara dónde sucede ese delito, para hacer algo, muestren también nuestras necesidades y la pobreza en que vivimos sin trabajo”.
Los primeros pasos
Pero también hay un grupo de personas que tras la migración retornan con frecuencia a su tierra, en la que realizaron inversiones económicas, como resultado del trabajo en Venezuela, Colombia y España. Entre esos está Pedro Tene, dirigente de la organización Amigos Indígenas del Ecuador, con sede en Caracas.
Tene no se ha limitado a invertir, afirmó que junto al embajador y al cónsul de Ecuador tratan de enfrentar el problema, por lo que propuso formar una mesa de trabajo en Caracas, con el apoyo de la Comisión del Derecho del Migrante, que protege a las personas que llegan a esa ciudad y tienen problemas judiciales.
Migración que -según el dirigente- se justifica por la inestabilidad política y la falta de trabajo en el campo, por lo que la gente que se vio obligada a salir del país para mejorar sus condiciones de vida y no infringir la ley.
Un ejemplo de esas mejoras es la entrega de uniformes, útiles escolares e implementos deportivos que el año pasado se realizó en la escuela El Lago y el colegio Santiago de Quito. La generosidad de familias de migrantes en coordinación con los dirigentes locales también permitió la donación de 850 raciones alimenticias a personas de la tercera edad.
Sin embargo, este tipo de ayuda no es primordial, la queja de los habitantes del sector es la falta de trabajo, sumada a la carencia de un sistema de riego para sembrar.
Por ahora, el aporte del Gobierno se percibe a través del INFA, con el apoyo de la Fiscalía de Chimborazo, que tiene una oficina en Cajabamba, a cinco kilómetros de esta parroquia. Aunque su trabajo se concentra en la lucha contra el tráfico, un delito que puede ser sancionado con prisión, la población insiste en el pedido de obras que cambien su realidad.
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Un grupo de familias de Santiago deQuito apuesta a trabajar en el turismo comunitario, la opción fue planteada por el Municipio de Colta, que desarrolla un ambicioso programa de recuperación de la laguna, que es un símbolo turístico local y nacional.
Sin embargo, los trabajos en la zona de Santiago de Quito son muy pocos, por ahora los interesados coinciden al señalar que no se tiene lo más elemental, que es un sistema de alcantarillado alrededor de este sitio turístico.
Las críticas también se concentran en el avance de los trabajos que se cumplen del otro lado de la laguna, lo que ha generado malestar entre los habitantes de esta parroquia.
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Luis Yantalema aclara que lo poco que producen en sus tierras es aprovechado por especuladores de los mercados de Riobamba. “Por dos quintales de habas nos pagan cinco dólares, vamos a Riobamba y venimos con lágrimas, pago el pasaje y no alcanza para más”.
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Además de la cooperativa, los santiagueños han inicios otras inversiones como la Clínica Chambi, próxima a abrir sus puertas en Riobamba, y un vistoso restaurante llamado El Abuelo, en la zona rosa de la Sultana de los Andes.
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