Los gritos de dolor alertaron a quienes circulaban la tarde del martes pasado por las calles Pedro Moncayo y 9 de Octubre.
La protagonista del grito fue una joven cuyo tobillo se torció cuando perdió el equilibrio mientras cruzaba por esa vía, una de las adoquinadas del centro de Guayaquil.
Gracias a la ayuda de varios transeúntes terminó de cruzar la calle y se embarcó en un taxi que la trasladó hasta una casa asistencial para recibir atención médica.
Pero este no es el único accidente en el sitio. La abogada Jenny Unamuno también resultó afectada por esta situación, hace cinco años, mientras se dirigía a su despacho en la Corte Superior de Justicia.
Su pierna permaneció inmovilizada por varias semanas a consecuencia del accidente.
Señaló que en reiteradas ocasiones denunció el hecho al Municipio de Guayaquil, sin recibir repuesta alguna.
Cerca del lugar, específicamente en las avenidas Quito y 9 de Octubre, otra mujer se salvó hace dos semanas de ser atropellada en el momento que intentaba cruzar la calzada.
Los causantes de estos problemas fueron los adoquines de las zonas regeneradas, que por efecto de las lluvias se encuentran en mal estado.
Pero los sectores mencionados no son los únicos puntos de la urbe en los que se observan problemas.
Mediante un recorrido efectuado por este Diario se pudo comprobar que varias calles cercanas a la Universidad de Guayaquil poseen adoquines levantados. Es el caso de vías como Carchi, Urdaneta, Tungurahua y Primero de Mayo, además del sector este de la avenida 9 de Octubre.
“Muchas veces los conductores no se dan cuenta que los adoquines están alzados y al tratar de esquivarlos corremos el riesgo de ser atropellados”, dijo Ricardo Moreno, alumno de la Facultad de Derecho.
Según el joven, en varias ocasiones ha sido testigo de accidentes causados por este tipo de inconvenientes.
En García Avilés, desde Vélez hasta Aguirre, también se observan adoquines deteriorados. La situación se complica en esas zonas por el paso de los buses de transporte público.
Otro problema que surge con el deterioro de los adoquines es el robo de las tapas de alcantarillas a lo largo de las vías regeneradas.
La calle Rocafuerte, a la altura de la denominada zona rosa, presenta huecos en la calzada.
Esto causa sorpresa en los moradores, quienes califican de “incomprensible e injustificable” la situación por el escaso movimiento vehicular que se registra en el sector.
En los alrededores de la plaza Centenario la situación no es distinta. A lo largo de las vías que rodean el parque (Pedro Moncayo, Lorenzo de Garaycoa, Vélez y Víctor Manuel Rendón) se observan huecos generados por las lluvias.
“Se debería tomar en cuenta que al parque vienen menores de edad y ancianos, y son ellos los que pueden sufrir algún accidente”, opinó Mario Solórzano, quien luego de su jornada laboral transita por el lugar.
De los problemas tampoco se salva el área regenerada de Urdesa Central. Pese a los constantes mantenimientos que realiza el Cabildo, varios tramos de la avenida Víctor Emilio Estrada presentan deterioro en su calzada.
La moradora María del Carmen Guzmán reconoció que el adoquinado significó una mejor imagen para este sector de la ciudad, sin embargo, exhorta a la Municipalidad a no descuidar su mantenimiento.
No obstante, considera que se debería realizar un estudio para impedir el deterioro de los adoquines o a su vez protegerlos de las lluvias.
Para el urbanista Esteban Baquerizo, los adoquines son “una alternativa ornamental válida en todo tipo de vías”.
Sin embargo, debido al clima que soporta la ciudad y al intenso tráfico que se registra en las vías, es necesario que se busquen mecanismos para evitar el deterioro de los adoquines.
“Las tareas de mantenimiento no deberían ser costosas y lo ideal sería que estas no sean tan seguidas. El adoquín es un producto de larga duración, pero si se lo sabe usar”.
Según cifras proporcionadas por el Municipio, anualmente se destinan 600.000 dólares para los trabajos de mantenimiento de las zonas regeneradas. De ellos, 240.00 dólares se utilizan para el reemplazo de adoquines y para la reparación de las áreas afectadas.
Según los funcionarios municipales, este tipo de trabajos se realiza una vez al año, especialmente durante o después del invierno, ya que la lluvia afecta el adoquinado. (JPZ)
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Variedad en los adoquínes
El Municipio de Guayaquil instaló dos tipos de adoquines en las zonas regeneradas. El denominado vehicular tiene un espesor de ocho centímetros y soporta máximo 400 kilos. Mientras el peatonal es de seis centímetros y soporta máximo 250 kilos.
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600.000
dólares
destina el Cabildo para trabajos de mantenimiento de las zonas regeneradas. El 40% es para el adoquinado
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