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El tope a las importaciones hizo que el país se encareciera

En una década los precios de Ecuador se elevaron un 23 % en relación a los precios norteamericanos. Las empresas también perdieron competitividad

20 mar 2017 / 00:02

Es una sentencia de dos vías. Desde abril a junio próximo, la política de restricción de importaciones, que en los últimos años acompañó las decisiones de este Gobierno, deberá desmantelarse, pero a Ecuador le tocará enfrentar los rastros que dejó esta medida. Lejos de mermar el déficit de la balanza comercial, para algunos expertos significó un encarecimiento del costo de vida y una mayor pérdida de competitividad empresarial.

Los analistas lo explican a través de comparaciones. En la última década, sostiene Walter Spurrier, la restricción aplicada al producto foráneo y otras acciones como la consecuente alza de sueldos hicieron que los precios de Ecuador superaran a los de EE. UU. (un país también de economía dolarizada) hasta en un 23,2 %. El imponer cupos o gravar más tasas al producto de afuera hizo que las empresas incrementaran sus costos de producción y que el consumidor hallara en el mercado productos de mayor valor.

“Si el producto extranjero elevó sus precios, el producto nacional (por ley de mercado) trató de igualarlo. Por ende esta medida también tuvo su efecto en los precios del mercado interno”.

La incipiente baja en los precios internacionales del petróleo que amenazaba los recursos fiscales, fue lo que obligó al Gobierno en el 2013 a imponer con fuerza nuevas normas de calidad, cupos y salvaguardias a las importaciones, una decisión que tuvo como justificación la protección a la empresa nacional y que, tras su aplicación, el ministro de Industrias, Santiago León, le atribuyó el desarrollo de varios sectores industriales como el del calzado.

No obstante, según los expertos, esto se dio de forma relativa y no en todos los sectores. Muchas empresas se quejaron de la dificultad para trabajar y producir al ver cómo los insumos y los bienes de capital que debían traer de afuera también se encarecieron.

Según las estadísticas del Banco Central del Ecuador (BCE), solo en los últimos tres años, las importaciones del país bajaron de $ 26.447 millones a $ 15.550 millones. De eso, la adquisición de las materias primas descendió un 30 %, mientras que los bienes de capital un 41,4 %.

Pero Santiago Mosquera, profesor de Finanzas y Economía de la USFQ Bussiness School, aclara que aún es difícil determinar cuánto de esa caída estuvo directamente influenciada por el tema de salvaguardias y cuánto de eso se debió a la baja actividad comercial en el mercado. Lo que sí es un hecho cierto e irrefutable, sostiene, es la pérdida de competitividad empresarial.

Esta política de restricciones, unida a la sobrevaloración que sufrió el dólar frente a la moneda de otros países, también aportó para que las exportaciones ecuatorianas sean más caras. “Desde 2012 hasta 2016, ante el peso colombiano, por ejemplo, hemos tenido una apreciación real del 38 %. Y frente a Perú, del 21 %”. Es una situación que vuelve menos atractivo al producto ecuatoriano frente a la oferta de países competidores.

Según los expertos, con la llegada de un nuevo Gobierno, Ecuador tendrá el desafío de recuperar esa competitividad y sostener el equilibrio de su balanza comercial en los próximos años. Para ello, dice Mosquera, se debe trabajar en otros factores que ayuden al sector productivo. “Es cierto que el país cuenta con mejor infraestructura vial y aeroportuaria, pero en la ecuación de costos de las empresas, el factor laboral también es muy importante”. Y en eso, dice, todavía se debe trabajar.

La salida, insisten los gremios empresariales, no está en la aplicación de nuevas restricciones al comercio, sino en el fortalecimiento del sector productivo: con menos trámites e impuestos que pagar y más crédito para empujar sus emprendimientos.

El desmontaje de las salvaguardias, que el Ministerio de Comercio Exterior piensa ejecutar desde abril hasta junio de este año, genera la expectativa de un posible incremento de las importaciones, pero también de la posibilidad de que nuevas reglas puedan restringirlas. Sin embargo, los analistas creen que dentro de las decisiones fiscales esa estrategia no tendrá sustento. Según Mosquera, en una economía débil que para 2017 y 2018 se caracterizará por la baja demanda, la apertura de las importaciones no debe ser una amenaza para la balanza comercial.

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