sábado, 16 diciembre 2017
20:25
h. Última Actualización

La última caminata de Damián Lanza

El portero deja Barcelona. Llegó en 2012 al club y mañana vivirá su último duelo. No se arrepiente de nada de lo vivido en el Ídolo.

08 dic 2017 / 00:00

Su mirada era una oda a la melancolía. Un estadio Monumental despejado, pero Damián Lanza observaba al vacío y recordaba los mejores días en su vida deportiva. En ese gramado levantó dos títulos y defendió al club, con mucho temperamento, dentro y fuera de la cancha. Así se ganó el corazón de los amarillos, quienes lo despedirán mañana en el partido ante Macará, en su última caminata por el Coloso.

El portero del Ídolo, quien se quebró en su discurso de despedida, recorrió el césped del estadio amarillo con EXPRESO y le contó momentos que se lleva para siempre. Desde el primer día en el club (en 2012), hasta esos grandes partidos, como el 5-0 de 2016 ante Liga de Quito, donde fue titular y atajó un penal.

Cada pisada era como viajar en el tiempo. “Si no me equivoco, el primer partido que tapé con Barcelona fue en Ambato ante Macará (aunque realmente fue contra El Nacional en Quito), pero mi debut en el Monumental, fue ante Emelec en un Clásico del Astillero 1-1. Arranqué atajando, si la memoria no me falla, en el arco que tiene detrás a la Sur Oscura (dato acertado)”.

“Recuerdo mi primer día. Llegué al camerino, conocía a Carlitos Morán y me senté al lado de Matías (Oyola). Pablo Saucedo medio me conocía y me empezó a presentar con los demás, y de ahí empece con los chicos extranjeros y nacionales. Me integro rápido a los grupos, no soy un tipo tímido o aislado”, rememoró a EXPRESO.

Atajar en Barcelona acarrea una presión significativa. El segundo portero, bajo este contexto, tiene cero margen de error. No se apostaba a ciegas por él, hasta que Lanza debutó. Siempre que saltó como iniciador, rara vez desentonó bajo los tres postes, de allí fue pisando fuerte hasta convertirse en una segunda alternativa de nivel. Un ejemplo: el duelo ante El Nacional en Quito en 2016. Barcelona necesitaba ganar para acercarse a la etapa. Lanza no solo atajó todo, también arriesgó su físico en un par de ocasiones para impedir el gol militar.

“Nunca me achiqué por la hinchada. Me sentí muy cómodo, será porque toda la gente la tuve a mi lado y cuando está a tu favor te sientes más confiado a la hora de jugar”.

Original como su esencia. El portero sentía los duelos al rojo vivo, tuvo algunos episodios que protagonizó desde la banca de suplentes. ¿Algún remordimiento por esos actos? “Para nada, no me arrepiento de nada de lo que hice y viví en Barcelona”, contestó.

Bautizado como el suplente más querido de Barcelona, mañana Lanza cerrará un capítulo de su etapa en el fútbol. “Las concentraciones, el estadio, el equipo, el camerino. Voy a extrañar todo”, concluyó.

Gratos recuerdos

¿Penal o gol?

Durante el 5-0 del 2016, Lanza detuvo un penal a su anterior compañero, Alemán. Aunque el portero nunca anotó con la divisa del Ídolo, esa atajada se celebró como un gol.

Un bicampeón

En los 14 años de sequía en Barcelona, pasaron más de siete porteros sin éxito. Lanza no solo consiguió un trofeo, sino que besó el título de campeón nacional dos veces en el Ídolo.

A LA CARTA