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Un siglo y más reescribiendo el manual biólogico del ser humano

La genética tiene más de cien años de hazañas y se acerca al humano perfecto. Después del Crispr la idea de desaparecer las imperfecciones se aclara.

16 jul 2017 / 00:01

Imagine al ser humano perfecto... Quizá con ojos azules, cabello rubio y ondulado, rasgos finos, piel tostada. Fornido, si es hombre. Esbelta si es mujer. Sobre todo, sano. Nada más lejano a la realidad, pues basta con que nos miremos al espejo. Pero es uno de los conceptos de perfección que tenemos en la cabeza.

Piense también en la idea de que tener hijos fuera como ir de compras. Que tengamos a la mano un catálogo de los rasgos que quisiéramos para los pequeños: sus ojos, la cara, el tono de su pelo, la contextura, el género. Que además pudiéramos descartar las fallas genéticas: la miopía de la abuela, el colesterol del abuelo, la proclividad al cáncer del padre y la posibilidad de enfermedades cardíacas de la madre.

¿Ficción? Nunca, en un siglo y más, la ciencia ha estado más cerca de lograrlo. Es decir que a través de la manipulación genética, sea posible modificar el genoma humano.

Desde 1977 los científicos han estado jugando con el ADN, pero desde 1900 ya sabíamos lo que era la genética. Ese camino largo ha traído resultados como plantas genéticamente modificadas; capaces de resistir plagas y herbicidas, así como animales modificados para que produzcan más carne.

La rama responsable de esos avances: la ingeniería genética, ha logrado también que la vida de los humanos sea más fácil. Que los diabéticos puedan gozar de suministros de insulina modificada genéticamente mediante la introducción de genes de insulina humanos en bacterias y, que los cultivos modificados genéticamente sean más productivos y resistentes a herbicidas e insectos.

Pero los logros van más allá y, lo más probable es que superen todo lo que imaginamos hoy. Con Crispr (esa capacidad para cortar el ADN que permite modificar su secuencia eliminando o insertando un nuevo ADN) se puso en manos de la humanidad una capacidad completamente nueva. Los científicos pueden alterar, borrar y reorganizar de forma rápida y precisa el ADN de casi cualquier organismo vivo, incluido el de nuestra especie.

La técnica ha transformado la investigación del cáncer, facilitando la modificación de células tumorales en el laboratorio para probar en ellas diferentes fármacos y observar cuál puede detener su crecimiento. Dentro de poco y si la suerte nos acompaña, la ciencia logrará curar las peores enfermedades, se silenciarán los genes más defectuosos y nos acercaremos al ser humano perfecto.

A LA CARTA