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Intimidad, entre el placer y el delito

Dinamarca imputó a 1.004 personas por reenviar un vídeo en el que dos menores de edad mantenían relaciones.

02 feb 2018 / 00:01

Estaba esperando a su amiga en el centro comercial cuando recibió el vídeo. Cynthia lo vio, y aunque su contenido era sensible lo compartió en el grupo con sus amigos. Una de las integrantes de ese chat se lo pasó a un primo y este a sus compañeros de colegio. En menos de 3 minutos, más de 30 personas lo habían visto.

Las redes sociales y los sistemas de mensajería instantánea se han convertido en el espacio ideal para que, cada día, nueva información se viralice. El problema surge cuando en este contenido está en juego la dignidad de sus protagonistas. Es así como reenviar un simple mensaje puede convertirlo a usted en parte de un delito.

Dinamarca puso el ejemplo y debido a la difusión de un vídeo, donde se observaba a dos quinceañeros manteniendo relaciones sexuales, acusó de pornografía infantil a todos los que replicaron el vídeo: 1.004 personas en total. No es un caso aislado, en España se detuvo a cinco menores por distribuir, a través de Whatsapp, un vídeo en el que se veía cómo un desconocido abusaba de una menor.

En Ecuador sí hay leyes que sancionan la difusión de material sensible. “El Código Orgánico Integral Penal (COIP) es relativamente nuevo, por lo que incluye figuras que han emergido recientemente como estas”, asevera el abogado constitucionalista Doménico Castillo. De hecho, el art. 178 indica que “la persona que, sin contar con el consentimiento (...) reproduzca, difunda o publique datos personales, mensajes de datos, voz, audio y vídeo, por cualquier medio, será sancionada con pena de uno a tres años”. A esta figura legal se la conoce como violación a la intimidad.

El abogado Castillo llama a cuestionar qué es entendido por las autoridades como contenido sensible. “No solo es información sexual, sino todo aquel contenido que sea denigrante contra una persona”. Por su parte, la abogada Ariana Tinoco insiste en que, aunque existe la forma de alinear la difusión con un delito, la distribución de esta información atenta contra los derechos de las personas. “Están protegidos en la Constitución, el derecho a la honra, un buen nombre, a la intimidad. Cuando se difunde se los está vulnerando completamente”.

En nuestro país, también ha circulado información con contenido lascivo; casos como el de la jueza Collantes, los bailes eróticos de estudiantes colegiales o la salida de una esposa infiel de un motel, en la ciudad de Quito, se han convertido en virales, sin embargo, ninguna de las personas que compartió la información fue imputada.

La abogada Tinoco considera que aunque en Ecuador no han existido decisiones judiciales como en Dinamarca, sí deberían ser sancionados todos los implicados. Sin embargo, reconoce que solo se imputa a quien inició la difusión porque “ se entiende que fue él quien sustrajo la información, sin consentimiento”, además que llegar a todos los que compartieron sería un esfuerzo demasiado grande.

El psicólogo Samuel Merlano sostiene que las personas reenvían la información, aunque estén conscientes de que el contenido es “delicado”, porque no perciben esa corresponsabilidad en el delito. No son empáticos y esto provoca a que se siga la cadena. El experto opina que las personas desconocen el daño que generan y lo hacen también motivados por el morbo.

Merlano insiste en que “estas acciones deberían ser sancionados con leyes muy fuertes”. Pone por ejemplo las costosas multas que se han impuesto en el tránsito y que han logrado resultados positivos en la reducción de las infracciones.

La periodista digital Alina Manrique, cree que en la actualidad se consume y produce imágenes más que en cualquier otro momento de la historia, sin embargo “las compartimos en un afán de estar siempre enterados, pero no informados”.

La experta insiste en que la difusión suele afectar, en su mayoría, a las mujeres, y que revela “expresiones de un machismo más brutal”.

Finalmente, el abogado Castillo aclara que aunque hay leyes que protegen a las víctimas, el número de denuncias que existen no es representativo por dos motivos: la vergüenza y el desconocimiento. Así como Cinthya reenvío el contenido, muchos otros lo replicarán en sus redes, formando una cadena de información que daña la vida de alguien.

¿Cómo afrontar la vergüenza?

María Gabriela Sánchez / psicóloga

Cuando la imagen de una persona está circulando en redes sociales con contenidos socialmente reprobados, esta tiende a esconderse o aislarse. Y aunque la información con contenido sensible deje de ser popular, después de un tiempo, la sensación de “la peor vergüenza del mundo” se mantendrá latente.

La psicóloga María Gabriela Sánchez recomienda que el primer paso es no revictimizarse, sino afrontar la situación “Si ya sucedió entonces hay que tratar de aceptarlo”. Los protagonistas, ya sea de vídeos, notas de voz o fotos, que sientan su honor mancillado no pueden querer simplemente desaparecer. El aislamiento fomenta consecuencias lamentables como el estrés, la depresión o hasta el suicidio, hechos generados ante la intolerancia a la presión social.

Creo además que ser víctima de esto representa una oportunidad de concienciar a la sociedad. Cualquiera es un potencial damnificado, un vecino, una prima o un amigo; cuando se visibilice el problema y no se calle por vergüenza entonces se logrará que los otros comprendan que reenviar esa información tiene la facultad de dañar la vida de una persona. Hay que aprender a tomar en serio los espacios de difusión en Internet y no reflejar su inseguridad o su deseo de encajar, a través del perjuicio al resto.

Intimidad, entre el placer y el delito
Alina Manrique Periodista digital

La pornovenganza, el desquite de las “parejas heridas”

La tecnología ha tocado cada área de nuestra vida, incluso la intimidad. Son varias las parejas que, para “mantener viva la llama de amor”, recurren al intercambio de imágenes de tinte erótico. Sin embargo, cuando la relación se termina y uno de los dos quiere desquitarse, recurre a la difusión de este material.

Según la periodista digital Alina Manrique, la pornovenganza es la publicación de imágenes sexuales en internet sin el consentimiento de la o las personas que aparecen en ellas. Recalca además que se suele aconsejar que, para evitar ser víctima de la pornovenganza, no se intercambie material sexual, incluso con la pareja. Sin embargo, ella lo considera una restricción a su forma de expresión “¿Cómo podemos vivir paranoicos pensando en que, a la primer pelea, nuestra pareja expondrá al mundo nuestra intimidad? ¿Cómo podemos prever que alguien actuará así? Es como si te dijeran que para protegerte de ser violada debes cubrir tu cuerpo por completo para salir a la calle”, puntualiza la experta.

Manrique señala que la sociedad sigue culpabilizando a la víctima y que “las mujeres y los hombres no tendríamos que protegernos, sino que tendríamos que combatir este tipo de problemas con la madurez y el respeto”.

Finalmente, explica que, aunque rastrear al responsable de la difusión es una tarea complicada, esto sentaría un precedente necesario. Las personas deben comprender que en el celular tiene el poder de ser utilizado como un arma. “Todos pueden reenviar una nota de voz privada, capturar una conversación de Whatsapp, Facebook o Twitter, o grabar lo que dices o haces”. Para ella, las fronteras de la privacidad se han desdibujado en el ámbito digital y urge que se inicien discusiones legales y éticas al respecto.

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