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Cómo saber si es un yonqui tecnológico

Si alguna vez se ha preguntado si usted también es adicto a la tecnología, puede realizar este cuestionario de 5 preguntas para descubrirlo.

29 ene 2018 / 12:00

Alguna vez se ha preguntado si usted también es un yonqui tecnológico. Estudios recientes hablan de que hasta un 40 % de la población sufre adicciones relacionadas con Internet, ya sea al correo electrónico, al móvil, los videojuegos o la pornografía.

Para saberlo, nada como responder, con la mano en el corazón, a estas cinco preguntas:

1) ¿Con qué frecuencia se da cuenta de que ha pasado más rato del que pretendía en Internet?

2) ¿Con qué frecuencia se quejan las personas de su alrededor del tiempo que dedica a Internet?

3) ¿Con qué frecuencia revisa el correo electrónico antes de ponerse con algo que tiene que hacer?

4) ¿Con qué frecuencia duerme menos a causa de sesiones nocturnas en Internet?

5) ¿Con qué frecuencia se encuentra diciendo «solo un ratito» cuando está en Internet?

Suma 0 puntos si su respuesta es nunca; 1 si es raramente; 2 si es a veces; 3 si es con frecuencia; 4 si es muy a menudo; 5 si es siempre. Una puntuación de 8 a 12 refleja a una adicción leve. Entre 13 y 20 moderada. Entre 21 y 25 su adicción es grave y puede conllevar “problemas significativos en su vida”.

Quien así lo afirma es el profesor de psicología y marketing de la Universidad de Nueva York Adam Alter, autor de ‘Irresistible ¿Quién nos ha convertido en yonquis tecnológicos?’ (Paidós), un libro recién publicado en España.

El propio Adam Alter está obsesionado con el correo electrónico: “hasta el punto de que me cuesta dormir si no he leído o archivado los correos que esperan en mi bandeja de entrada”, confiesa en entrevista a EFE, realizada precisamente a través del citado medio al encontrarse el autor en EE.UU.

Yonqui tecnológico: la adicción del comportamiento

Las adicciones del comportamiento, explica, son mucho más fáciles de ocultar que las adicciones a sustancias, lo que las hace más peligrosas, aunque “son muy similares entre sí” ya que activan las mismas regiones cerebrales y “se alimentan en parte de las mismas necesidades humanas básicas”.

“Creo que sabemos que consagramos mucho tiempo a los dispositivos tecnológicos, pero no terminamos de darnos cuenta de todo lo que llegamos a usarlos, ni lo difícil que resulta acortar ese tiempo”, señala.

Si le pides a alguien que adivine cuánto tiempo le dedica al móvil, “normalmente te dirá que unos 90 minutos”, pero la media está en torno a tres horas al día. Así Alter aconseja dejar el teléfono a un lado todos los días, durante la cena, o una hora antes de irse a la cama y una hora después de levantarse.

¿Olvidar el móvil?

También se puede tratar de olvidar el móvil un día entero del fin de semana o una tarde de cada dos al salir del colegio o del trabajo: “Mételo en un cajón en tu habitación; sal sin él; disfruta de la naturaleza; haz ejercicio sin pantallas... lo que sea. La cuestión es no tomar la decisión cada vez, sino asumir automáticamente que, en según qué contextos, no vas a usar el teléfono”.

La mera presencia del móvil, según este psicólogo, supone una distracción incluso cuando no se usa de forma activa.

Compras, videojuegos, pornografía

Pero los móviles, apunta, no son los únicos culpables de las adicciones tecnológicas, están también los videojuegos, especialmente los que permiten a miles de jugadores interconectarse en tiempo real, y que resultan muy adictivos sobre todos para los adolescentes.

Y es que los adolescentes, explica, “son más vulnerables porque que se están desarrollando cognitivamente, no suelen disponer de los mismos recursos de autocontrol que los adultos y su fuerza de voluntad es menor”.

Sus estrategias, sostiene, también suelen estar menos pensadas y la presión del grupo es mayor, con lo que es más fácil que puedan convertirse en un yonqui tecnológico. La tecnología “intrusiva” también ha hecho que las compras, el trabajo y la pornografía, sean más difíciles de evitar.

Adam Alter no señala una en concreto como la más peligrosa, porque depende de cada persona. En su caso, confiesa, es el correo electrónico: “ocupo muchas horas todos los días a responder mensajes, hasta el punto de que me cuesta dormir si no he leído o archivado los que esperan en mi bandeja de entrada”

A bastantes personas les ocurre algo parecido y otras, añade, se obsesionan tanto con los dispositivos de actividad física, como las pulseras que cuentan los pasos, que incluso siguen haciendo ejercicio lesionados.

“Otros todavía padecen la ruina económica que provocan los juegos de azar o por gastarse demasiado dinero en tiendas electrónicas o en videojuegos.

Nunca te enganches a tu propia mercancía

Así titula Adam Alter el prólogo de su libro, en el que cuenta como el cofundador de Apple, Steve Jobs, al presentar el iPad dedicó 90 minutos a explicar porque este dispositivo era tan maravilloso y el mejor para escuchar música, ver fotografías, utilizar Facebook...

“Creía que todo el mundo debía tener su propio Ipad, y aún así no dejaba que sus hijos lo usaran”, afirma Alter quien señala además que otros gigantes de la tecnología también limitan el uso de dispositivos a sus descendientes.

Y relata como Greg Hochmuth, uno de los ingenieros fundadores de Instagram se dio cuenta de que estaba “construyendo una máquina de hacer adictos, y el mismo Greg señalaba: “siempre hay un hashtag o etiqueta en la que cliquear, y luego cobra vida propia, como un organismo, y la gente puede llegar a obsesionarse”.

“Instagram, como muchas otras plataformas de las redes sociales no tiene fin. Las noticias de Facebook no se acaban nunca. Netflix reproduce automáticamente el siguiente capítulo de las series. Tinder anima a los usuarios a seguir deslizando el dedo en busca de una opción mejor”.

Así lo apunta Alter en este libro, que es en realidad un vertiginoso y ágil ensayo de 310 páginas sobre lo que supone ser un yonqui tecnológico. Advierte el autor que no existe una línea definida que separe a los adictos del resto de nosotros porque “todos estamos a un producto o a una experiencia de desarrollar nuestras propias adicciones”.

La buena noticia

La tecnología adictiva —sostiene en su obra— está integrada en la vida cotidiana “de una forma en la que las sustancias adictivas nunca lo estarán. La abstinencia no es una opción, pero hay alternativas”.

Pero, continúa, “la buena noticia es que nuestras relaciones con las adicciones del comportamiento no son fijas. Existen muchas formas de establecer el equilibrio que existía antes de la era de los móviles, el correo, las redes sociales y el consumo de audiovisuales a la carta”.

La clave reside en comprender por qué las adicciones del comportamiento están tan extendidas, cómo exprimen la psicología humana a su favor y cómo podemos librarnos de esas adicciones que nos perjudican y aprovecharnos de las que nos ayudan.

Adam Alter es profesor adjunto de Marketing y Psicología en la Stern School of Business de la Universidad de Nueva York. Se licenció en Psicología con matrícula de honor y recibió una Medalla al Mérito Universitario de la Universidad de Nueva Gales del Sur. Ha escrito artículos para publicaciones como New York Times, New Yorker, Wired, Washington Post y The Atlantic, entre otras.

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