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La estrella de Belén, según la ciencia

Expertos creen que es hora de remplazar las estrellas por planetas en la Navidad. El fenómeno se trataría de varios planetas situados cerca, es decir una conjunción planetaria.

24 dic 2017 / 00:01

Unos magos que venían de Oriente llegaron a Jerusalén preguntando: “¿Dónde está el rey de los judíos recién nacido? Porque hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarlo”.

Es así que la Estrella de Belén fue, de acuerdo con la tradición cristiana, un astro que guió a los llamados Reyes Magos hasta el lugar del nacimiento de Jesucristo.

Aunque los textos sagrados la describen como una estrella... ¿Realmente lo fue? De acuerdo con la ciencia, el fenómeno no se trató ni de una estrella, ni de un cometa.

Aleks Scholz, de la Facultad de Física y Astronomía de la Universidad de St Andrews (Escocia) y director del Observatorio Universitario, cree quizás debamos sustituir las estrellas por planetas en el arbolito navideño. Ha llegado a la conclusión de que lo que vieron los sabios en el cielo fue en realidad una conjunción planetaria.

Para Scholz, las explicaciones más verosímiles para la Estrella de Belén involucran múltiples planetas situados cerca: una conjunción planetaria. De hecho, se produjeron varios encuentros extraños entre planetas prominentes en el período de tiempo correcto.

En el año 7 a.C., Júpiter y Saturno se encontraron tres veces. Un año después, se unieron a Marte. Lo que siguió fue una fantástica secuencia de conjunciones entre los años 3 y 2 a.C.: Saturno con Mercurio, Saturno con Venus, Venus con Júpiter y Venus con Mercurio. Después, de nuevo Júpiter con Venus, y esta vez se acercaron tanto que pudieron parecer uno solo para el ojo humano. Entonces Júpiter se detuvo en la constelación de Virgo, visto desde Jerusalén directamente sobre Belén.

¿Por qué no es una estrella? Las estrellas son ordenadas y predecibles, es por eso que las podemos utilizar para fijar nuestros calendarios o guiar nuestro camino. Sin embargo, existen eventos que pueden alterar esto, como las supernovas, es decir una explosión estelar que puede manifestarse de forma muy notable, incluso a simple vista, en lugares de la esfera celeste donde antes no se había detectado nada en particular. Pero la última que se pudo observar desde la Tierra tuvo lugar en 1604.

Los antiguos astrónomos, que registraban estos fenómenos, no parecen haber visto ninguna supernova durante la época en la que Jesús nació.

¿Y un cometa? Contrario a lo que sucede con las estrellas, la mayoría de los cometas llegan en momentos impredecibles y, aquellos que son predecibles, como el cometa Halley, son famosos precisamente por ser tan inusuales.

Con base en esto no se puede desechar la idea de que un brillante cuerpo celeste de este tipo haya pasado por nuestro planeta en el momento preciso, hace 2.000 años. Sin embargo, en aquella época, los cometas eran interpretados como signos de fatalidad, no de un acontecimiento alegre como el nacimiento de un rey o un Mesías.

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