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Velocidad y falta de radares en la Alóag-Santo Domingo

EXPRESO recorrió 68 kilómetros de la vía en la que murieron 14 personas en un bus. La compañía de transporte, pese a ser suspendida, ya operaba ayer.

17 jul 2017 / 00:01

Se ha ganado la fama de “peligrosa”. La vía Alóag-Santo Domingo volvió a ser, el viernes pasado, el escenario de un accidente protagonizado por un bus de la cooperativa La Maná, que dejó 14 fallecidos y 30 heridos. Ayer, dos días después de la tragedia, un camión se volcó en uno de los puntos más conflictivos sin dejar víctimas. Así lo constató EXPRESO en un recorrido por 68 kilómetros donde más se acumulan incidentes.

Y ayer también, pese a la suspensión inmediata e indefinida anunciada por las autoridades como reacción al accidente, la operadora de transporte seguía operando. Al menos con viajes desde Guayaquil y Quevedo.

En Quito, los buses se quedaron inmovilizados en la dársena hasta segunda orden pero en Quevedo (Los Ríos) la restricción solo se mantuvo en la mañana y el primer viaje se retomó a las 13:40. En Guayaquil, los buses salieron en sus turnos habituales, entre ellos, el de las 14:30 y el de las 15:40. Este Diario intentó comunicarse con los representantes de la Agencia Nacional de Tránsito (ANT) para consultar por qué estas rutas seguían operando si el sábado se dispuso su suspensión en respuesta a que el vehículo accidentado donde se calcinaron 14 personas circulaba sin revisión actualizada. Hasta el cierre de esta edición no fue posible obtener una respuesta para corroborar si se levantó la suspensión en algunas rutas o si la operadora incumplió la prohibición.

Tampoco se evidenció una actividad especialmente vigilante en la ruta por la Alóag-Santo Domingo. Este Diario no constató la existencia de radares para controlar la velocidad. Tampoco se pudo ver a agentes de tránsito o miembros de la Policía Nacional haciendo patrullajes. Pese a que esta carretera, inaugurada en 1963, es una de las más importantes del país porque une la Sierra con la Costa y, en su historia, no deja de sumar muertes ya sea por los deslaves que la aquejan o por los siniestros de tránsito en ciertos puntos (ver gráfico).

A cinco minutos del pueblo de Alóag, la carretera de cuatro carriles se vuelve sinuosa a lo que se une un pronunciado descenso por la cordillera. En todo el trayecto hay señalización que anuncia que la vía es resbalosa, que hay peligro de derrumbes o curvas. En algunos tramos de apenas 300 metros se pueden encontrar hasta cuatro curvaturas muy cerradas, que hacen fatal cualquier descuido, como mirar la cascada del kilómetro 65.

La calzada está en buen estado, pero no toda la Alóag-Santo Domingo tiene dos carriles de ida y dos de vuelta. En el km 20 la carretera se deprime y deja uno para cada sentido. Son 10 minutos de viaje hasta que se vuelve a ampliar. Algo similar ocurre a los 60 km, uno de los puntos de siniestralidad, en donde hay tierra removida a los costados para empezar los trabajos de ampliación.

Se han colocado semáforos con luz amarilla intermitente en los sitios que, para las autoridades, hay mayor riesgo. Unos 40 dispositivos de este tipo hay en todo el trayecto. En 2012, la policía determinó que la zona más propensa a accidentes de tránsito está ubicada entre los 5 y 25 km.

La falta de radares avala que haya conductores de vehículos livianos y pesados que superen los límites de velocidad. En zonas en las que la máxima es de 60 km/h para los pesados, EXPRESO se encontró con buses interprovinciales a 100 km/h.

Tampoco se respeta la línea continua o doble línea que prohíbe rebasar. Ayer, al menos en cuatro ocasiones se cometió esta infracción y en una de ellas, un camión se vio obligado a realizar una maniobra brusca para evitar impactar con un automóvil.

Las condiciones empeoran en la noche, con una espesa niebla en diferentes puntos y lluvia sin importar si es invierno o verano.

A LA CARTA