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Un país frente a dos modelos

Mientras el oficialismo propone dar continuidad al proceso, la oposición anuncia cambios radicales. Analistas consideran que lo económico será determinante los próximos cuatro años.

Quito /
11 mar 2017 / 00:01

Continuar o cambiar. Ese es el dilema que se plantea y que deberán resolver los ecuatorianos en las próximas tres semanas, antes de acudir a las urnas para las elecciones presidenciales del 2 de abril.

Los dos binomios finalistas, Lenín Moreno-Jorge Glas, de Alianza PAIS, y Guillermo Lasso-Andrés Páez, por la alianza CREO-SUMA, arrancaron ayer sus campañas recalcando sus diferencias ideológicas sobre el modelo de país que proponen para los próximos cuatro años.

Por un lado, está el postulante del oficialismo. Moreno defiende “lo logrado” por la autodenominada revolución ciudadana en una década, aunque plantea reformas puntuales a lo que, según él, no se ha hecho bien y puede mejorar.

Por el otro, Lasso ofrece cambios radicales en la estructura del Estado, empezando por los órganos de control a los que identifica como cercanos al actual Gobierno. Para eso, no descarta convocar a una Asamblea Constituyente.

Y aunque las dos opciones coinciden en otros temas como en la necesidad de generar empleo, cumplir con la inversión en salud y educación, o la construcción de vivienda de carácter social, la diferencia está en los mecanismos que aplicarían para lograr sus objetivos.

Santiago Basabe, analista político y catedrático de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), identifica dos aspectos en los que Moreno y Lasso tendrían diferencias “enormes”: en lo económico y lo político.

“El uno es un modelo económico en el que el Estado es concebido como el gran actor y dinamizador de la economía, del empleo. En el otro, el Estado es importante pero, esencialmente, la iniciativa para generar trabajo, riqueza y el mercado recae en el sector privado, con el riesgo de no poder regularlo bien”, dijo a EXPRESO.

Para el analista, debería existir un equilibrio entre los dos modelos, pero esta posibilidad ya se perdió en la primera vuelta, dejando para el balotaje dos opciones opuestas.

“Esta es una segunda vuelta atípica y se vuelve hasta plebiscitaria. Quien está de acuerdo con lo que ha pasado en el plano económico y político en los últimos diez años votará por Moreno. Quien cree que se necesita un cambio y que los desaciertos superan a los aciertos, irá por Lasso”, resumió.

Esta visión es compartida solo en parte por la politóloga y académica Natalia Sierra, que explicó a este Diario que si bien a nivel discursivo los oficialistas y los lassistas pueden aparecer con posiciones irreconciliables, en la práctica la situación económica del país marcará sus políticas económicas y sociales.

“Más allá del discurso, no creo que luego existan mayores diferencias. Ahora mismo estamos viendo que, una vez que se agotó el impulso económico del Estado por el petróleo, se regresa a ver a la empresa privada. El tratado comercial con Europa y el anuncio de la venta de hidroeléctricas es una muestra del giro hacia un modelo neoliberal”, considera Sierra.

Ambos analistas coinciden en que otros aspectos como lo social y lo político estarán atados, en gran parte, a los aciertos o desaciertos de las medidas económicas que aplique el futuro gobernante. Consideran importante que los votantes no se limiten a escuchar lo que los candidatos puedan decir en los siguientes 20 días de campaña y sugieren un análisis de sus planes de gobierno, antes de tomar una decisión.

A LA CARTA