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Extranjeros en su tierra natal

No son de aquí ni de allá, en Venezuela les dicen ‘cotorros’ y en Ecuador ‘chamo’. Son ‘ecuazolanos’ y tienen dificultades para adaptarse.

12 mar 2018 / 21:47

La majestad del río Guayas es lo primero que se ve desde el avión o desde un bus, al regresar a Guayaquil, una tierra que se extraña cuando se migra. Pero lo paradójico es que después de soñar con ese retorno, la persona se siente extranjera en su tierra natal. Hasta el río hay que volver a conocerlo, tiene un color diferente (más contaminado), aunque engalanado por un renovado malecón y una gigantesca Noria que no existía antes. Pero, más allá de ello y ya en casa, la disyuntiva para Javier Mayorga empieza desde el desayuno: ¿comer bolón o arepas?

Este guayaquileño viajó a Venezuela cuando tenía 12 años y su madre fue contratada en ese país como diseñadora de moda. Veinticinco años después, la crisis política y económica que vive esa nación lo obligan a retornar a su patria natal. Este ‘ecuazolano’, como se autodenominan algunos migrantes en la misma situación, ha creado nexos en ambos países.

Cada país tiene sus fortalezas y sus debilidades. Mayorga aprecia y agradece ser acogido en su tierra. Pero se siente extranjero cuando ve que los conductores no respetan a los peatones, algo muy común en el exterior. Allá los choferes no tienen la costumbre de cruzarse de una columna a otra abruptamente, como sí ocurre en Guayaquil.

Cuando sale de compras también se siente extraño, pues está acostumbrado a que el vendedor lo atienda amablemente y le ofrezca hasta lo que no tiene planificado comprar. “En Ecuador no hay vendedores, en Venezuela sí y la atención al cliente es cordial, sin importar que compre o no”.

Lo mismo siente Kenia Nieto, quien migró al país caribeño cuando tenía 3 años y hoy, al regresar casada y con hijos, le preocupan temas como la forma de enseñanza en las escuelas ecuatorianas. Ella explica que en su tierra adoptiva los profesores mandan deberes solo los viernes, mientras que acá es a diario.

Como Mayorga y Nieto, son muchos los ecuatorianos cuyas vidas cambiaron repentinamente al tener que regresar.

EXPRESO consultó al Ministerio de Interior y al de Relaciones Exteriores, sobre cuántos compatriotas han retornado desde allá, pero ambas entidades dijeron no tener esa información detallada.

María Teresa Rosales, directora de la asociación civil Venezuela en Ecuador, cuyas oficinas están en Guayaquil, lo confirma. Ella se limita a decir que en su nación llegaron a cedular a más de 500.000 ecuatorianos en su éxodo. Nadie tiene la suma específica de los que retornan “porque hay quienes se desplazan a través de una ruta de escape y la frontera o que llegan de paso, que están un tiempo y se van”.

Rosales, sin embargo, afirma que está al tanto de las dificultades por las que atraviesan los ‘ecuavenezolanos’ cuando aterrizan en nuestro suelo. A las experiencias contadas por Mayorga y Nieto, suma algo más: la confusión.

Se refiere al desconcierto ante el constante cambio de las normas y reglas del juego para estos recién llegados, lo que dificulta incluso que encuentren trabajo. Y los casos de xenofobia. Hay más de uno, explica.

Andrea Zambrano es otra guayaquileña que vivió en Caracas 25 años y retornó hace cuatro meses con sus padres, Mauricio e Inés. Todos habían migrado a esa ciudad en 1993 en busca de mejores días. “Venezuela fue mi hogar, el lugar donde crecí, me crié y estudié, pero en Ecuador está mi sangre”, dice.

Pero confiesa que acá ha tenido dificultades para lidiar con algunos compatriotas. “Me han llenado de epítetos porque creen que hemos venido a quitarles sus trabajos, pero no es cierto. Solo pedimos una oportunidad...”.

Por todo esto, Rosales cree que hay ecuatorianos que extrañan Venezuela: “No es pena, es nostalgia. Ellos han buscado su raíz..., pero ante ciertas trabas, tienen la esperanza de regresar cuando pase la tormenta”.

Lo más difícil es no ser ni de aquí ni de allá, considera Miguel Silva, hijo de una manabita que migró al país petrolero en 1977. Él recuerda que allá le decían ‘cotorro’ -un apodo que se da los ecuatorianos, especialmente a los de la región Andina, por los rasgos de la nariz, similares a las del pico de un ave, y ahora en Guayaquil le dicen ‘chamo’, sobre todo por su forma de hablar. Pero, él se siente ecuatoriano y venezolano. Al final por su sangre corren genes de las dos nacionalidades.

A pesar de haber estado varias veces en Guayaquil, acá se ha perdido algunas veces en sus calles. Lo confunden los buses, que se identifican con números, mientras que en Venezuela llevan el nombre de la zona por donde ruedan. Además, en Caracas solo existe el este, centro y oeste. En cambio en Guayaquil hay los 4 puntos cardinales.

Una parte anecdótica, menciona, es cuando se debe pensar antes de hablar, para no confundir los términos de la jerga; hay palabras que son comunes en Caracas y que en Guayaquil son una ofensa. Y es allí cuando más el ecuatoriano se siente extranjero en su propio suelo.

Extranjeros en su tierra natal
Hecho. Javier Mayorga vivió 25 años en Venezuela. Hoy le cuesta acostumbrarse al tránsito de Guayaquil.

Especialistas

“El que se fue y regresa tiene ansiedad y temor”

La psicóloga clínica Annabelle Arcos, considera que el hecho de que un migrante cambie de residencia y empiece desde cero, aún en su propia tierra, puede generarle ansiedades y temores frente al nuevo panorama. “El que se fue y regresa está en el limbo”, señala.

El proceso de adaptación se torna amigable si se asume, a conciencia, que el nuevo país es ahora su hogar. Sin embargo, dicha convicción puede tornarse traumática, si los que llegaron son vulnerados, sobre todo emocionalmente.

Alrededor del 15 % de migrantes (de cualquier nacionalidad), explica Arcos, decide volver por no haber logrado conectarse con su entorno y sus compatriotas. En el caso de los venezolanos o ‘ecuavenezolanos’ esta decisión es más compleja por el caos que vive su país.

Para la terapeuta Andrea Bustos, para evitar secuelas que puedan cambiar su carácter y autoestima y con ello deteriorar su sistema inmunológico, los migrantes deben aprender a disfrutar de lo que tienen a su alrededor abrazando su nuevo estilo de vida, amigos y cultura.

La experta hace un llamado a los ecuatorianos: “podemos facilitarles el proceso de adaptación si somos amables, sensibles, voluntarios de algún grupo de apoyo y nos familiarizamos con su idiosincrasia”.

Dato

Procesos

Aunque lo consideran igual de tedioso, a los ecuatorianos les resulta más fácil arribar al país y regularizarse en relación al venezolano común. Los ecuatorianos, dicen los expertos, pueden regularizarse en menos tiempo. Según el lazo de consanguinidad, hasta un tío o abuelo los puede amparar.

El título

Los títulos adquiridos en el exterior deben venir apostillados. Hacer poner esos sellos desde Ecuador, en los títulos de Venezuela cuesta más de 200 dólares.

La ayuda

El año pasado el Gobierno ayudó a 28 ecuatorianos a regresar de Venezuela, por estar en una situación vulnerable (enfermos o en la indigencia).

La anécdota

La alfombra de la nostalgia venezolana

Extranjeros en su tierra natal
Personaje. Miguel Silva es periodista e hijo de una manabita. Llegó a Ecuador hace seis meses y labora en una clínica dental.

Toda persona que sale de Venezuela, a través del aeropuerto internacional Simón Bolívar, de Caracas, se toma una foto de sus pies sobre la alfombra que hay allí. Algunos hasta cortan un pedacito de esta, para llevarla de recuerdo del país.

Tomarse la foto es la manera formal en que los migrantes venezolanos se despiden de su tierra.

Así la alfombra se ha vuelto un símbolo importante, tanto que en uno de los restaurantes venezolanos, que hay en Guayaquil, en Urdesa, a la entrada está puesto una inmensa foto de la alfombra. Hasta los ecuatorianos que vivieron en Venezuela, han participado en esta forma de despedirse de un país que los acogió en el pasado y del cual están obligados a salir, por la situación económica del país.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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