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La coordinación prima en las bandas de sacapintas

En estas redes delictivas, el cumplimiento de roles es un eje primordial. Generalmente actúan más de tres personas.

10 ene 2017 / 00:00

    La tarde del sábado 2 de abril de 2016, Julia Piedra San Martín salió de una agencia bancaria, ubicada al norte de Guayaquil, con dirección a su casa y antes de que pudiera llegar, fue asesinada por un sujeto que intentó robarle los dos mil dólares que había retirado del banco.

    Dos meses después, la comandante de Policía de la Zona 8 de ese entonces, Tannya Varela, informó que el presunto autor material y su cómplice habían sido detenidos.

    ¿Cómo obtuvieron la información? Después de las investigaciones, la Fiscalía informó de la existencia de un testigo, quien identificaba a otro cómplice que había estado dentro de la agencia el día del asalto.

    Ese sería el modo de operación regular de las bandas de sacapintas, según el coronel Carlos Coloma, jefe de la Sidpro-bac en la Zona 8. “Hay una persona que finge ser cliente del banco. Los denominados “sacadores” se ponen en la columna. Al observar a víctima, salen de la columna y la siguen. De ahí llaman a sus compinches y les dan las características”, explica el oficial.

    Pero ahí no termina la coordinación del robo. Coloma indica que los sujetos que andan en moto casi nunca tienen armas “debido a los controles policiales”. Las pistolas son proporcionadas luego de la identificación de la víctima por otros cómplices, quienes se transportan en carro, los mismos que pocas veces son identificados. Después del asalto, los sospechosos suelen intercambiar vehículos y rápidamente huyen del lugar.

    En la Zona 8, los casos de robos bajo la modalidad de sacapintas representan solo el 1,60 % del total, pero es uno de los crímenes en los que los delincuentes suelen llevarse más dinero.

    Las mujeres, miembros activos

    Otra de las estrategias que se implementan en estas bandas es la participación activa de mujeres. Según el coronel Coloma, las personas sospechan menos si una mujer los mira en el interior de una agencia o si les da la impresión de que una mujer los sigue. Además, dice, es menos extraño sospechar de una joven o peor aún de una señora que conduce un carro en compañía de su esposo. “En el vehículo va una pareja, muchas veces son dos mujeres las que llevan las armas y nadie sospecha. Incluso, uno de los sacadores puede ser una mujer que pasa desapercibida fácilmente”, precisa. Coloma asegura que las personas van “confiadas a los bancos” y que prefieren ir acompañadas de familiares en lugar de pedir resguardo policial. “Si el delincuente está armado, ¿qué puede hacer una persona en contra de un arma? Nada.

    A LA CARTA