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¿Hoy es el día en que PAIS acaba de partirse?

Hora de definiciones para el oficialismo. El pedido de juicio a Glas está listo. ¿Quién firma?

Quito /
11 oct 2017 / 00:00

PAIS afloja. La muletilla “Estamos más unidos que nunca” que repetían los asambleístas del oficialismo, sin enrojecer y contra toda evidencia, empezó a quedar en desuso de forma inadvertida. Ayer, hasta un vocero de la importancia de Daniel Mendoza se sintió obligado a omitirla. Prefirió, en su lugar, un sincero pero tibio “Tenemos más consensos que disensos”. Como nunca, pudo añadir. El caso es que la pregunta de todos los días en la Asamblea Nacional sigue siendo la misma desde hace tres semanas: ¿será que finalmente hoy se parte el bloque oficialista? El desenlace de esta cuestión parece acercarse a ritmo acelerado.

Ayer, un nuevo paso en esa dirección fue dado en la Asamblea. Mientras el debate sobre las reformas a la Ley de Educación Superior se desarrollaba normalmente (los correístas defendiendo todo lo logrado, la oposición pintando el drama de los estudiantes que no lograron acceder a las aulas), el asambleísta Roberto Gómez (CREO) se veía entregado a una intensa y silenciosa actividad: conseguir, de escaño en escaño, las firmas de apoyo necesarias para reintentar la aprobación del juicio político contra Jorge Glas, el vicepresidente que eligió la prisión como improbable destino vacacional.

Cuando la sesión promediaba ya tenían los apoyos suficientes: más de cincuenta. Pero el reto (simbólico y político) es conseguir el mayor número de firmas de la bancada oficialista. Su esperanza está depositada en aquellos que, al interior del correísmo, apoyan la tesis de que “el vicepresidente debe dar un paso al costado”; los miembros de la bancada que no son militantes de PAIS sino sus aliados, y que privilegiarán su relación con Lenín Moreno sobre cualquier otra; y claro, los socialistas, que tienen ministerios que cuidar y harán lo necesario para salir a flote, tarea en la que han demostrado ser especialistas desde la caída del Muro de Berlín. En fin, que las posibilidades de que el oficialismo haga aguas son innumerables; y los boquetes abiertos, visibles.

A Gómez le preocupa la inactividad del Poder Legislativo. El Ejecutivo, dice, “aunque fuera tarde, mal y a tropezones, hizo su tarea: le quitó funciones a Glas, señaló su implicación en manejos corruptos y nombró un remplazo”. El Poder Judicial, “tarde, mal y a tropezones, lo tiene en prisión; y el fiscal, que antes se limitaba a hablar de asociación ilícita, ahora habla de delitos conexos. ¿Cómo es posible que en la Asamblea Nacional ni siquiera logremos colocar el tema en el orden del día?”.

Ya se han puesto fechas: hoy terminarán de levantar las firmas de la oposición; mañana, jueves, arrancarán con las de gobierno. Para ello buscarán la figura de un intermediario (¿Silvia Salgado? ¿Carlos Bergman?) que convenza a los oficialistas. Y el martes próximo, en reunión plenaria, presentarán la moción de cambio de orden del día para introducir el debate. Por una vez, aspiran a imponerlo.

Dice Gómez que conseguir las firmas de la oposición no representa ningún problema. Quizás no, pero sí que despierta susceptibilidades. Al observar sus desplazamientos de escaño en escaño resulta evidente que tarda más en obtener las firmas socialcristianas que las otras. A algunos tiene que convencerlos haciéndolos escuchar algún audio, mirar algún vídeo; a otros, con intensos y largos cabildeos.

Wilma Andrade (ID) y Luis Fernando Torres (PSC) insisten en que el juicio político no debe ser abanderado por ninguna bancada de oposición sino por todo el bloque de 64 asambleístas. En esos y otros partidos no deja de incomodar el protagonismo asumido por CREO en el proceso. Pero, al final, todos firman.

¿Será que finalmente hoy se parte el bloque oficialista? Su coordinadora, Ximena Peña, habla como si estuviera ya partido. Dice: “No conozco que vayamos a firmar. Sin embargo, los compañeros que vayan a firmar, lo harán”. Dice también: “Nuestras decisiones son colectivas”, pero “cada persona es individual”. Por si no bastara, abunda: “Pedimos que se priorice lo colectivo”, pero “cada uno es dueño de sus actos”. Todo lo cual deja las cosas bastante claras: los oficialistas ya no están “más unidos que nunca”. Y lo saben.

A LA CARTA