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Hojalateros de Cuenca se niegan a dejar morir su arte

Los artesanos han recibido sus conocimientos de generación en generación. El trabajo es muy apreciado en el exterior. Su clientela está en declive

Cuenca /
13 mar 2017 / 00:01

Cuatro artistas de Cuenca se resisten a dejar morir el arte de trabajar con la hojalata, oficio tradicional que tuvo su apogeo en los siglos XVIII y XIX. Ellos se dedican a la elaboración manual de barriles, cantarillas, baldes, bebederos, comederos, jarros y utilitarios en lata que hoy han sido reemplazados por objetos de plástico.

De los 20 artesanos, tan solo cuatro resisten, manteniendo lo aprendido de sus ancestros; los 16 restantes están dedicados a la reparación de los objetos de hojalata, señaló Juan Gutiérrez, hojalatero de 52 años de edad, que ha heredado el oficio de su bisabuelo.

“Soy la cuarta generación; con el apoyo de Dios sigo trabajando en hojalata y otros artículos en bronce y cobre que son parte de la hojalatería”, expresó Juan, luciendo un vendaje de color negro en su hombro izquierdo para paliar una lesión de tendón producida por lo fuerte del trabajo.

El hombre mostraba una chocolatera, recipiente en el que, en los años 1935 y 1940, las abuelas preparaban el chocolate.

El taller de Juan se ubica en la subida de El Vado, uno de los primeros barrios de Cuenca, y donde la investigadora Ana Abad, en su libro “La Hojalatería: arte, oficio y realidad”, reseña que, junto al barrio de El Vecino, fueron los dos territorios donde se asentaron los hojalateros desde la misma fundación de Cuenca.

Juan y su padre José Gutiérrez fueron galardonados en dos ocasiones con el premio Gaspar Sanguina, otorgado por la municipalidad de Cuenca, como sustentadores de este arte en la hojalatería.

Ahora los trabajos son pocos, cosas utilitarias para la agricultura, ganadería, avicultura, que “comparto con objetos decorativos, y de vez en cuando hago alambiques, instrumento de cobre que se utiliza para la evaporación y posterior condensación de los alcoholes de diferentes mezclas y uno que otro objeto de cincelado”, afirmó Juan.

Varios de los trabajos hechos por el artesano cuencano han sido llevados al hotel Palma Royal, en Galápagos, Santa Cruz; EE. UU., Nueva Zelanda, Austria, España, etc. “Gracias a Dios la gente europea todavía aprecia estos trabajos hechos a mano”, adujo el hojalatero cuencano.

Junto al taller de Juan está el de Wilson Durán, artesano que aprendió el oficio de la mano de José Gutiérrez, padre de Juan.

Durán se dedica a hacer cantarillas, montes de vela, espermeros, canaletas para el agua lluvia de las viviendas y objetos decorativos.

El tol galvanizado y zinc se utilizan para la elaboración de artículos decorativos, indicó Durán, mientras con un palo de escoba y unos clavos, a manera de compás, dibujaba sobre la plancha de hojalata las líneas para el corte del material para formar los objetos mediante sueldas de estaño.

Más abajo, en la misma calle, está el taller de Raúl Merchán. “Este oficio lo aprendí por obra del destino”, agregó, al explicar que comenzó ayudando a su vecino José Gutiérrez. Desde allí “se me pegó el gusto por este oficio del que nunca me he separado”. Comentó que los trabajos que más le encargan, especialmente la gente de la tercera edad, son arreglar y construir barriles, cantarillas, baldes y jarros. Además de trabajos en maquetas de estudiantes universitarios. Sus clientes son de otras provincias como Chimborazo, Loja, sectores del Oriente y los migrantes azuayos que viven en el extranjero. Las herramientas más usadas en la actualidad son de diferentes tipos: sueldas, roladoras, cortadoras y dobladoras, pero a pesar de todo este adelanto, la hojalatería es una actividad que no puede tecnificarse completamente.

Antiguamente los hojalateros trabajaban en las latas, piezas delgadas de acero, que eran la base de las obras, “en la actualidad trabajo con hierro fundido, aluminio, metales galvanizados, zinc, cobre y acero inoxidable, pero el oficio y la fuerza de voluntad persisten”, agregó Raúl Merchán.

Obras en hojalatería hechos en los siglos XVIII y XIX, como marcos para cuadros, floreros, candelabros, faroles, se conservan en monasterios y conventos de Cuenca, como los de las Conceptas, el Carmen, Todos Santos y el Cenáculo, según consta en la obra de Ana Abad.

Según el gremio de Hojalateros del Azuay que agrupa a unos 20 agremiados, al momento en Cuenca hay cuatro hojalateros completos que hacen todo tipo de artículos con materiales como cobre, bronce, acero, zinc, hojalata, entre otros.

Sin embargo, el gremio está conformado incluso por las ramas de canaleros y soldadores de radiadores. (F)

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