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El último chamán, en manos de la abstinencia

Proviene de una familia de curanderos. En el proceso, que dura más de 5 años, debe abstenerse de tener relaciones sexuales

11 ago 2017 / 00:00

Cuando Raúl Aguavil, reconocido chamán tsáchila, cursaba su adolescencia y juventud, su padre le espantaba a las chicas que se interesaban en él. Las jovencitas tsáchilas eran advertidas de que no se le debían acercar, porque estaba en proceso de ser chamán y no podía tener relaciones sexuales.

“Mi papá era celoso. Siempre me cuidaba, más que a mujer, porque estaba en aprendizaje y no podía tener novia o mujer, porque podía morir o enloquecer por la energía que se acumula en el cuerpo”, lo recuerda entre risas Raúl, que ya tiene 55 años y asegura que ahora todo es más ‘suave’.

Pero en esa época, aterrado por quedar loco o morir, el chamán cumplió con la tradición y no tuvo mujer sino hasta después de completar su objetivo: ser un chamán tsáchila. Desde los ocho años empezó ayudando a su padre en las consultas, así adquirió conocimientos esenciales de plantas medicinales y limpias energéticas.

Luego tuvo que tomar su propio rumbo, crear su consultorio y altar, donde también tenía su cama para descansar por las noches. Su cabaña estaba alejada de la casa que toda su familia compartía, porque así lo determinaba la tradición.

Su alimentación también era distinta, no podía consumir condimentos, ají, maní, carne de cerdo, entre otros, porque contaminaban su sistema.

Curiosamente, como requerimiento también debían cosechar el plátano, alimento básico de la etnia, muy tierno y por la mañana cuando su flor apuntaba hacia el sol naciente, que lo llenaba de energía para que sea consumido por el aspirante a chamán. Además que al ser tan tierno el fruto no contenía mucha sal ni azúcar, perfecto para mantener su cuerpo balanceado.

Todo esto tenía que ver con una de las prácticas constantes de los chamanes que es el consumo del nepi o ayahuasca (bebida alucinógena), que dentro de la nacionalidad es considerada sagrada, pues permite a sus sabios, a través de visiones, conocer el futuro.

Todos sus sacrificios fueron válidos para él. Siempre supo que quería ser chamán y lo hizo. Su proceso no ha culminado totalmente, reveló, pues planea que en cinco años alcanzar la hazaña máxima de los sabios tsáchilas y que se refiere a la transformación animal.

Son pocos los jóvenes tsáchilas que han mostrado su interés en ser parte de la cuarta generación de chamanes de la etnia. Uno de ellos es Byron Calazacón, quien confesó que el proceso es menos ‘duro’ ahora, pero que sí guardan las especificaciones más importantes, como la abstinencia sexual, meditación y alimentación saludable.

En un ambiente de redes sociales, música obscena y tentaciones por todos lados, que ha llegado también a las comunas tsáchilas, Calazacón contó que ha requerido de la fortaleza del espíritu de su abuelo muerto Octavio Calazacón, para continuar firme en su decisión de convertirse en chamán.

El joven cuenta que en el consultorio donde hace sus prácticas, habita la espiritualidad de su abuelo, quien desde el más allá lo guía y le transmite sus conocimientos, pues era un sabio reconocido en la nacionalidad.

Él lleva dos años en el proceso, en los que no ha dormido con una mujer, pero le faltan diez, que podrían reducirse si su energía y espiritualidad aumentan antes de ese tiempo. (F)

A LA CARTA