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Ochoa no se defendió: predicó

El superintendente de Comunicación acudió a la Asamblea. Durante casi dos horas habló de temas ajenos al juicio. Se le acusa de siete irregularidades.

Quito /
24 feb 2018 / 00:01

Llegó con barra de funcionarios, dos testigos propios y un eficiente equipo de comunicación que había ensayado todos los pasos de la presentación del día. Proyectó vídeos con la firma de responsabilidad de la Superintendencia de Comunicación y echó mano de las redes oficiales del organismo para difundir su defensa. Carlos Ochoa acudió ayer a la Comisión de Fiscalización de la Asamblea a presentar las pruebas de descargo en el juicio político pedido por Lourdes Cuesta y Fabricio Villamar, de CREO, y movió, como buen correísta, todos los recursos públicos que pudo.

“Saldrás victorioso, hermano”, lo saludó con un abrazo un hombre de pelo cano que había llegado con los funcionarios. Era Óscar Armas de Labastida, el hombre que se ha impuesto la misión de monitorear los programas deportivos de Luis Baldeón y Aurelio Dávila en busca de faltas a la moral y las buenas costumbres. Su celo en esta tarea se traduce en una docena de denuncias y 40 mil dólares en multas.

Armas era uno de los ciudadanos que Fiscalización recibió ayer por pedido de Carlos Ochoa. Con su testimonio y el de la activista transgénero Diane Rodríguez, que fue funcionaria y es asambleísta del correísmo, el superintendente quería dejar sentado un punto que considera relevante para su defensa y que ratificó con estadísticas: la idea de que la regulación de los medios es un patrimonio de los ciudadanos.

En cuanto a los siete señalamientos concretos que plantea la demanda de juicio político, poco dijo Ochoa en su defensa. Habló durante una hora 55 minutos. Sirviéndose de ayudas audiovisuales y citas de mil y una autoridades, la mayor parte de ese tiempo se dedicó a defender el concepto de regulación de medios, que no estaba en discusión. Luego se demoró exhibiendo estadísticas y haciendo el recuento de sus logros, como si de un informe de labores se tratara. Se enfrascó en responder las acusaciones del contralor, Pablo Celi, y en defender su paso por Gama TV, insistiendo en el argumento de que el canal incautado se administra como una empresa privada: cuestión que tampoco es objeto de este juicio. Solo por excepción y brevísimamente, se refirió a algunas de las acusaciones del juicio.

¿Falsificación de instrumento público? “El fiscal Galo Chiriboga (pronunció este nombre sin ruborizarse) archivó ese caso”. ¿Afectación económica a los medios? ¿Cómo puede haberla si las multas apenas suman 754.690 dólares, frente a los 513 millones que los 61 más grandes declaran como capital y activos? ¿Discrecionalidad en la aplicación de la ley? Las superintendencias tienen la potestad de actuar de oficio, como se hizo en el caso Teleamazonas. ¿Y el caso de Martha Roldós, acosada por los medios estatales, a quien se le negó una demanda por linchamiento mediático? No adjuntó copia de la cédula, y como se trataba de un caso “de derechos personalísimos”, no le podía la Supercom actuar de oficio...

Tiros al aire para despejar la pelota a la bartola: en eso consistió la defensa de Carlos Ochoa en lo que a los temas concretos del juicio se refiere.

¡Pero qué producción! ¡Qué puesta en escena! Los operadores de vídeo seguían un guion riguroso y a Ochoa le bastaba una inflexión en el tono para señalar las entradas. Una docena de piezas dignas de sabatina, con bandas sonoras cinematográficas, cargas percutivas, ritmos dramáticos, efectos visuales y repeticiones para subrayar el impacto de las imágenes... Todas las técnicas de manipulación emocional de la propaganda correísta se pusieron ahora al servicio de Ochoa.

¿Será suficiente? Los asambleístas de oposición tenían dudas que aclarar; el interpelante Fabricio Villamar había solicitado la palabra previamente por escrito. Pero la presidenta María José Carrión decidió que no era el momento. El superintendente fue salvado de debatir en la Comisión. El 5 de marzo se sabrá si tendrá que hacerlo en el Pleno.

Barman y Droguin

Subjetividad y moralismo

Los audios de los programas deportivos de Luis Baldeón y Aurelio Dávila hicieron reír a muchos. Otros los encontraron de mal gusto. Para Carlos Ochoa y Óscar Armas, que los reprodujeron, hablan por sí solos de la decadencia moral de ciertos medios de comunicación.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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