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La Asamblea arranca de cero

El legado de José Serrano tardará en ser desmontado. La nueva presidencia debe aprobar una agenda legislativa y adoptar un nuevo modelo de conducción.

14 mar 2018 / 00:00

Con la elección, hoy, de un nuevo presidente (elección cuya constitucionalidad aún está en duda) la Asamblea Nacional cierra oficialmente el capítulo José Serrano y junta fuerzas para empezar de nuevo. No será fácil. El legado del destituido presidente ha marcado el comportamiento político del Legislativo durante estos diez meses y, para dejarlo atrás, es necesario un auténtico cambio de paradigmas. ¿Está el bloque oficialista dispuesto a llevarlo a cabo?

La ausencia de una verdadera agenda legislativa. La transformación del Consejo de Administración Legislativa (CAL) en un órgano político que excede sus atribuciones y se adjudica funciones privativas del Pleno. El manejo de los tiempos y de las agendas en función de los intereses políticos del bloque oficialista. La presencia de personal traído del Ministerio del Interior y de la Senain en la mayoría de comisiones... Lo actuado por José Serrano en estos diez meses tardará en ser desmontado.

Lo de la agenda fue una promesa tardía e incumplida por Serrano. Fue necesario que el asambleísta Guillermo Celi (SUMA) propusiera al Pleno un cambio del orden del día (que no fue aceptado) para discutir la aprobación de una agenda que establezca prioridades y fije un calendario, para que el tema empezara a discutirse. En aquella sesión, el vicepresidente Carlos Bergmann admitió que la Asamblea venía meses trabajando sin agenda, y aseguró (lo cual fue una novedad para todos) que se estaba diseñando una. A principios de febrero Serrano ofreció presentarla para el 19 de ese mes. Jamás cumplió. Entretanto, las comisiones continúan su labor legislativa sin prioridades y sin calendario. Este será el primer reto de la nueva presidencia.

El problema, en realidad, es de fondo: la ausencia de una agenda legislativa fue perfectamente funcional al estilo de conducción de José Serrano. A él le tocó administrar la crisis interna provocada por la división de su partido. Para evitar que la oposición sacara partido de esa coyuntura, Serrano se dio modos para posponer indefinidamente los debates en los que dicha división podía perjudicarlo. Desde entonces, el ritmo y los plazos de la legislación y la fiscalización dependieron enteramente de la correlación de fuerzas y el juego de intereses entre correístas y morenistas. Así ocurre hasta el día de hoy.

La propuesta de cambios en el orden del día se convirtió en el único mecanismo de la oposición para ingresar en la agenda por asalto. Este mecanismo pronto se desvirtuó y se convirtió en un pretexto para perder el tiempo.

Quizás el aspecto más preocupante del legado de Serrano tiene que ver con el CAL. Lo que debiera ser una instancia de mero trámite administrativo se convirtió en un auténtico congresillo con la capacidad política de bloquear procesos de fiscalización (como ocurrió con los juicios políticos contra Jorge Glas, Augusto Espinosa o Gustavo Jalkh) o dejar ciertos proyectos de ley en la congeladora. Serrano desvirtuó el papel del CAL, le atribuyó funciones políticas que no le corresponden y desestabilizó, con ello, el funcionamiento de toda la Asamblea.

La nueva presidencia deberá encargarse de cambiar todo eso. Podría empezar por la nómina del personal. Porque Serrano, aprovechando la potestad que le concede la ley para nombrar secretarios de las comisiones, sembró la Asamblea con funcionarios traídos directamente de la Senain y del Ministerio del Interior. Todavía hoy, a la semana siguiente a su destitución, asesores suyos como Marcelo Sevilla y Javier Serrano continúan ingresando libremente al Pleno, celular en mano, e influyendo sobre el curso de los debates. Lo cual plantea otra duda: el poder real que el expresidente continúa ejerciendo sobre la Asamblea. ¿Estará dispuesto el nuevo presidente a acabar con todo esto y empezar de cero?

Respaldo a su movimiento

Moreno: presidente será de AP

El presidente Lenín Moreno en su informe semanal de los lunes, esta vez realizado ayer debido a un retraso en su vuelo de regreso a Ecuador desde Chile, le dio su espaldarazo a la asambleísta Elízabeth Cabezas para presidir la Asamblea Nacional.

Aludiendo que la mayoría de los legisladores son del partido Alianza PAIS, indicó que el sucesor del destituido presidente de la Legislatura, José Serrano, debe ser de esa bancada. Destacó que PAIS ha consensuado un nombre “y apoyo la decisión del bloque de tener un representante en la presidencia, por ser la bancada más votada y mayoritaria”.

Insistió en que se tiene que investigar todos los actos que puedan ir contra la institucionalidad democrática y de la ética pública. Es decir, que se continúe con el proceso de indagación sobre los actos de los funcionarios cuestionados, como Serrano y el fiscal Carlos Baca.

En otro tema, indicó que la Corporación Financiera Nacional y el Banco del Pacífico podrán a disposición $ 150 millones este año para créditos, dentro del plan “Casa para todos”.

Presidenciables

Al menos, tres postulantes oficiales

Los oficialistas limaron sus diferencias y ratificaron su apoyo a la candidatura de Elizabeth Cabezas para la presidencia de la Asamblea. Ella, como representante de la bancada más numerosa, debería tener más opciones para conseguir los votos de apoyo necesarios.

En la misma tarea están el Bloque de Integración Nacional, que postuló a René Yandún, y CREO, que nominó a Mae Montaño.

Aunque si ninguno consigue los 70 votos, todavía sería posible que Carlos Bergmann se quede con la presidencia del Legislativo.

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