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Un arte que se nutre de los moluscos del mar

Las conchillas, churos y caracoles, son los más utilizados en las manualidades. En pueblos como Libertador Bolívar, Ayangue, entre otros, han heredado el oficio.

15 nov 2017 / 00:01

Al recorrer los diferentes balnearios de la provincia de Santa Elena en busca de relax y esparcimiento, es común encontrarse con artesanías que los lugareños venden al pie de la playa, las hay de diferentes materiales, tamaños y formas.

En la actualidad las artesanías que más se comercializan en esta provincia son las elaboradas de paja toquilla, tagua, madera; pero según los historiadores las primeras manualidades que confeccionaron los peninsulares hace muchos años eran de conchas.

Aquella herencia ancestral en el uso de los moluscos aún se conserva en poblaciones costeras como Ballenita, Libertador Bolívar, Ayangue, Salinas, en donde muchos de sus artesanos centran sus trabajos en los productos que extraen del mar.

Es que luego de saborear las conchas por ejemplo, las hábiles manos de los nativos son capaces de transformar los caparazones en bonitos adornos decorativos para el hogar o una hermosa prenda para lucir.

Félix Lavayen, historiador peninsular y actual director de la Casa de la Cultura de Santa Elena, señala que los trabajos manuales utilizando concha, churos y caracoles como materia prima vienen de hace siglos, pues en las excavaciones que han realizado los antropólogos en esta jurisdicción, han encontrado collares y otros artículos artesanales hechos con estos productos marinos.

Las investigaciones establecen que las primeras conchas utilizadas eran las spondylus, es que una vez que estas son abiertas en cada una de sus capas se refleja un brillo muy hermoso que llama la atención.

“Por eso eran las favoritas de nuestros ancestros e inclusive uno de los primeros usos que le dieron a las tapas de la concha era la de una cuchara”, remarcó el experto.

Para Lavayen, las destrezas que tienen en sus manos los peninsulares, nació con la confección de las artesanías de concha que los primeros habitantes del perfil costero hace 4.000 años empezaron a confeccionar y que han transmitido de generación en generación.

La teoría de Lavayen tiene sustento, así lo reflejan varios casos de artesanos que confeccionan hermosos recuerdos utilizando conchas. “A mí me enseñó mi mamá, ella había aprendido de mi abuela quien a su vez le enseñaron sus padres, esto tiene muchísimos años”, refiere Angélica Suárez, moradora del barrio Pueblo Nuevo de Salinas.

En el caso de Angélica, la mujer acude dos veces por semana a la playa en busca de pequeños churos para hacer collares, cuando no los haya busca entre la conchilla pequeños fragmentos que le sirvan para hacer alguna decoración.

“Esto me sirve para adornar un joyerito o con esto puedo hacer un cenicero”, dice Suárez mientras recoge a la orilla del mar la materia prima que ella utiliza en sus trabajos que efectúa al pie de su hogar.

Así por ejemplo, José Suárez, que vende pequeños barcos de balsas en el balneario de Montañita, para que sean más llamativos los reviste con caracoles en los costados y les coloca pedazos de red y una tapa de concha, la idea es que simule a un galeón.

Otros también pintan la concha en varios colores y así hacer más llamativos los productos que ofrecen; “a los turistas le gustan las artesanías con conchas pintadas, antes le poníamos barniz para que brillen, pero ahora las que más se venden son las coloridas”, comentó Luisa Oralla en el balneario de Ayangue.

Las familias conservan la actividad

A unos 15 kilómetros de distancia, en el poblado de Chulluype, perteneciente a Ballenita, José Roca carga en su triciclo los diferentes trabajos artesanales donde utiliza moluscos para salir a vender a los turistas. “Más se vende los fines de semana y con lo que gano me sirve para comprar la comida en mi hogar, este es mi trabajo que lo heredé de mis ancestros y ahora les enseño a mis hijos, a ellos les digo que aunque ahora existen artesanías de todo tipo, las de conchas seguirán vendiéndose”, relató Roca.

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