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PAIS presiona a las cortes

Los correístas quieren enviar mensajes a la Corte Constitucional. Un nuevo subgrupo le nació a PAIS y lo impidió. Los halcones cosecharon 52 votos.

Quito /
15 nov 2017 / 00:01

Sobre las divisiones en el interior de PAIS nada está escrito. Correístas y morenistas firman manifiestos por separado pero en cualquier momento se unen, unos sí, otros no, para cuidar rabos de paja o para tratar de ejercer presiones indebidas sobre otros poderes del Estado. Lo primero ocurrió el lunes, en el CAL, y les fue bien: impidieron el juicio político contra su compañero de bancada Augusto Espinosa. Lo segundo ocurrió ayer, en la sesión plenaria, y fracasaron: un nuevo subgrupo (o sub sub grupo, como se mire), el de los aliados morenistas, les aguó la fiesta. Ahora PAIS se multiplica como las amebas: por bipartición.

La idea era de Pabel Muñoz, halcón de los duros: “Proyecto de resolución sobre la pregunta número 3 de la propuesta de consulta popular”. La pregunta tercera es aquella que se refiere a la cesión de funciones de los integrantes del Consejo de Participación Ciudadana, que el correísmo encuentra inconstitucional. El proyecto de resolución de Muñoz rechazaba las pretensiones del presidente Lenín Moreno, reivindicaba las competencias fiscalizadoras de la Asamblea (aunque no fuera sino para impedir fiscalizaciones, como ocurrió la víspera) y exhortaba a la Corte Constitucional a cumplir con la Constitución, que es como exhortar al gobierno a que gobierne.

Al otro extremo del hemiciclo, Fabricio Villamar (CREO) recogió el guante: una vez instalada la sesión pidió un cambio en el orden del día para suprimir ese punto, que era el último en la agenda. “No es objetivo ni oportuno ni conveniente”, dijo. “Es una interferencia de un poder del Estado en otro. Hay que dejar que la Corte resuelva sin presiones”.

El sub sub grupo de los aliados morenistas (siete legisladores en total, incluyendo a su líder, Daniel Mendoza) fueron sensibles a este argumento. La propuesta de cambio del orden del día de Villamar era una medición de fuerzas y ellos decidieron unir las suyas a la oposición propiamente dicha: en lugar de votar No, como el resto de su bloque, se abstuvieron.

Finalmente, la propuesta de Villamar no cosechó los apoyos suficientes para ganar, pero sí para demostrar que los correístas tampoco podrían hacerlo: 55 votos por el Sí, 52 por el No y siete abstenciones equivalen a un empate a cero. Nadie alcanzó la mitad más uno. El orden del día quedó como estaba pero era claro que el proyecto de Muñoz no sería aprobado.

“Proyecto de resolución para la reparación histórica de la provincia de Esmeraldas”. En el vestíbulo de ingreso hubo marimba (el espectacular grupo de cámara del Municipio) y baile a cargo de la bellísima reina provincial del turismo y su corte de diosas de ébano. En el salón del Pleno, clases de historia a cargo de un especialista en la materia, discurso del alcalde Lenin Lara, el hombre que recibió más de 300 mil dólares para dotar de agua potable a la ciudad y no lo hizo. Esmeraldas se muere de sed y de enfermedades relacionadas con la contaminación procedente de la refinería pero, al menos, ha sido históricamente reivindicada. Que no se quejen.

El debate sobre resoluciones vacuas continuó con una propuesta de Esteban Albornoz. El hombre que evita tocar el tema de la glosa que le puso la Contraloría resulta bastante elocuente a la hora de hablar sobre los enfermos de diabetes.

José Serrano había encargado la presidencia y abandonado el salón tempranamente, así que se perdió el desarrollo de tan trascendentes debates. No volvería sino hasta el final, pasadas las dos de la tarde (¿se fue a almorzar?), y solo para cerrar la sesión y anunciar que el último punto, aquel de la propuesta de Pabel Muñoz, quedaría para el próximo martes. Es decir: para nunca. Hasta el próximo martes la Corte Constitucional ya se habrá pronunciado sobre la consulta popular y el tal debate será extemporáneo e inoficioso. Inolvidable lección política de José Serrano: si no puedes ganar, huye.

Una trampa legislativa

La legislatura de José Serrano pasará a la historia por su debates vacuos: acuerdos sobre la diabetes, sobre el Día de la Niña, sobre la historia de Esmeraldas. Temas importantes para resoluciones inoficiosas. “No sirven para nada”, dice Mae Montaño. La asambleísta de CREO piensa que son una trampa. “Damos la idea de que resolvemos todo pero no resolvenos nada”. Es, dice, “un mecanismo para hacer proselitismo”.

A LA CARTA